Convocatoria 2: amor

ACTUALIZACIÓN: la ganadora de esta convocatoria es María Mendoza. ¡Felicidades!


Instrucciones para realizar el ejercicio: imagina que estás observando una escena de amor entre dos personas a través de una cámara de vigilancia. La cámara está colocada lejos de donde te encuentras, así que sólo dispones de las imágenes en la pantalla. Relata la escena, de principio a fin, en un texto de hasta 200 palabras de extensión. Deja tu texto en la sección de comentarios de esta misma convocatoria, en la parte inferior de la página. (Si no ves la sección de comentarios, haz clic en el título de la convocatoria.)

Consejos: considera la colocación de la cámara (¿en un ángulo, arriba de la acción?) y el hecho de que probablemente no habrá sonido acompañando a las imágenes. Es necesario, adaptarse a la perspectiva de la cámara, a la vez que se deja absolutamente claro qué está sucediendo.

Tienes hasta las 11:50 (hora del centro de México) de la mañana del día 15 de agosto de 2019 para entregar tu ejercicio. El jurado del Taller Fugaz comentará al menos cinco de los textos entregados y seleccionará un ganador durante las 24 horas siguientes a ese momento.

Los ganadores recibirán los libros La tienda de los sueños. Un siglo de cuento fantástico mexicano (Ediciones SM) y Manos de lumbre (Páginas de Espuma) en formato digital.

73 comentarios en “Convocatoria 2: amor”

  1. Los veo desde la cámara superior. Pienso que este trabajo a veces tiene sus recompensas, como cuando Silvita me visita por las noches o cuando alguna pareja de despistados me muestra sin saberlo sus actos lascivos. Él la besa. La toca salvajemente. Luego ella lo sujeta de la cabeza. Ella le muerde la oreja. Él reacciona apretándole las nalgas, como buscando algún resquicio en el pantalón. Él se desabrocha el pantalón, y hace lo mismo con el de ella, metiendo su mano agresivamente. De repente él se la empuja, le grita algo. Se abrocha el cinturón y se larga a prisa. Ella se da la vuelta y se va. Qué nochecita.

  2. Desde la pantalla observo, como Jefe de Terminal todo lo que ocurre en la Central de Autobuses, una pareja llama mi atención, se trata de una mujer joven, ella llora mientras discute con un hombre mayor de barba y bigote canosos. Se trata de una despedida –pienso. El trata de calmarla con ademanes firmes y elocuentes, pero ella continúa discutiendo sin importarle que le gente que pasa se la quede mirando. Seca sus lágrimas con un pañuelo y trata de golpear al hombre en la cara. El le detiene las manos y la abraza. La mujer se desprende bruscamente del abrazo, mira hacia donde está el reloj de la salida, levanta su maleta del piso y camina hacia el área de abordaje de los autobuses. El hombre la mira fijamente y se aleja.

  3. Aquel lugar tan alejado era perfecto para un trabajo tranquilo, pero aquella tarde apareció de pronto una mujer que entró a la escena de la pantalla de la contra esquina, al camino principal, era un pequeño callejón que venía desde el centro del pequeño pueblo. Detrás de ella, un hombre alto y delgado. Parecía una escena sacada de una película. En una pequeña esquina de la pantalla veía las dos figuras. El hombre la jalaba de la mano. Por un momento pensé que la agrediría o algo por el estilo pero, muy al contrario la jaló de una mano, mientras con la otra la tomaba por la cintura y le daba un apasionado beso que la mujer aceptaba al parecer un poco a regañadientes. Discutían un poco y luego se perdían en el callejón
    -¡Ah! Maldita cámara, ¿¡Por qué no enfocas?!-
    Movía la cámara para cambiar el ángulo, pero no alcance a ver nada. El hombre salió del callejón, y extendió la mano hacia donde la cámara no alcanzaba a captar, pero, nadie salió. El hombre se llevó las manos al cabello, gesticulando con las manos, ¿Qué estaría diciéndole? ¿¡Por qué no está más cerca la cámara?!

  4. Mañana calurosa del mes de agosto, iba en el autobús que me llevaría al mercado de la ciudad, paró, bajaban y subían muchas personas, como todavía no llegaba a mi destino me dio tiempo de contemplar a una pareja de personas maduras como de cuarenta años- que estaba sentada bajo la sombra de un árbol- multitud de gente esperando su camión, algarabía de personas adultas, niños, vendedores acompañaban el escenario, el hombre se paró e incito a la mujer hacer lo mismo, el hombre se quería comer completamente a la mujer, desde la cámara colocada a la altura del camión, pude apreciar su movimientos amorosos, casi escuchaba los sonidos del amor, no se despegaba de ella, succionaba su labios, apretujaba su cuerpo, casi lo traspasaba, estando a punto de subir su falda y tocar su intimidad, bajo esta imagen se me antojo abrir la ventana y gritarles ¡hey, les voy a echar agua como a los perros para que se separen! En ese momento el camión siguió su marcha

  5. —”Mi Capitán Godínez, aquí el oficial vigilante Sánchez de la cámara 021 reportando un posible caso de 10-33″.
    —”Observo un par de individuos agazapados tras los matorrales de la sección 27, por el área de los puestos ambulantes… No distingo si se trata de un par de masculinos o féminas. El caso es que parece ser una pelea cuerpo a cuerpo. Percibo algunos objetos dispersos en el lugar. Mi campo visual es incompleto. Por lo que solicito apoyo de los compañeros cercanos al lugar”.
    —”10-04. —Sánchez, permanezca en 10-23″.
    —”Capitán Godínez, reporte de hechos: Hemos llegado al lugar indicado y encontramos a un par de jóvenes in fraganti”. “Para corroborar, nos hemos acercado sigilosamente”.
    —”Somos testigos y escuchado los sonidos pausados y casi inaudibles de la dama, que con dedos y uñas se aferra a su compinche; además, mantiene la vista fija en el firmamento. Y, el caballero, con la mandíbula apretada, exhalaciones forzadas y los ojos cerrados, sujeta con una mano puños de césped y con la otra, atrae el torso de la fémina.” “Ambos yacen tumbados. Así mismo, al lado de ellos, se encuentran un par de rosas blancas marchitas junto a un papel de color rojo arrugado y algunas de las prendas de vestir que les faltan a este par de sujetos”.
    —”Han perturbado el código municipal con faltas a la moral y buen compartimiento”. “!Procedan¡”
    —”En este momento mi compañero de patrulla, interrogará sus generales para remitirlos y presentar cargos”.
    —”10-23″.

  6. El pelo rizado, largo, alborotado, no permite ver la cara del hombre. Ella lo ha amarrado con su blusa y falda a la cabecera. Es apenas, en el momento que ella se desliza sobre su pecho, que el rostro de un joven, casi niño, aparece en escena. Se encuentra asustado, sus facciones indican que mientras la mujer goza con su cuerpo, el “lolito” no disfruta la situación, pero su miembro lo traiciona y permite a la mujer satisfacer su deseo. Mientras la mujer lo monta el cierra los ojos, de pronto ella se desvanece sobre el pecho desnudo del joven. Completada su misión deshace las ataduras de su “víctima” y es mientras se viste que podemos ver su cara: arrugada, vieja, una mujer que vive en el pasado.

  7. El foco rojo de la cámara de vigilancia del sector 34 B que se encuentra junto a la bodega de recepción, empezó a parpadear en cuanto el sensor de movimiento detecto algo, y se encendió.
    La grabación mostro a una silueta jorobada que se cubría de la tempestad que iniciaba.
    Pero la silueta no era de una sola persona, eran dos: un recién nacido y una mujer joven la cual daba pecho al niño bajo la lluvia intensa que acompañaba la madrugada.
    La mujer estaba completamente empapada, su delgado y raquítico cuerpo resguardados bajo la cornisa, se empeñaban en cubrir a su cría con tanto amor, que cada que el agua arreciaba, lo abrazaba con más fuerza a pesar de que sus desnudos muslos temblaban de frio, y su espalda se mojara.
    Nuestras cámaras de seguridad analógicas no cuentan con micrófonos que capten los sonidos externos, así que apunté el zoom al rostro de la mujer y pude ver como se movía su boca dirigiendo las palabras para su niño. Siempre con una sonrisa.
    Segundos después, sonó el radio, el vigilante de la bodega un tanto asustado, decía que afuera de la cortina una mujer, cantaba dulcemente, una canción de cuna.

  8. Desde el ángulo de la cámara solo se distinguen ambas figuras, la femenina un tanto oculta por la otra, sin embargo, no hay duda de lo que sucede. Ella se alza sobre las puntas para besarlo, su mano recorre la espalda en dirección descendente. Él inclina la cabeza para escuchar mejor lo que ella le susurra. Los labios se encuentran nuevamente, los brazos masculinos adoptan la clásica posición de cartón de cervezas y ella voltea nerviosa hacia todos lados temiendo encontrarse con la mirada de un posible voyeur.
    Más besos, las manos se multiplican, el nerviosismo de ella crece y en la pantalla se ve como él la abraza con fuerza, para calmarla o para neutralizarla. Él se acerca una vez más para decirle algo, cara de alarma, ella busca algo desesperadamente con la mirada pues sigue abrazada. Después de unos instantes, la mirada encuentra el lugar y en la pantalla se ve una toma directa de su cara, asustada.
    No puedo hacerlo todo, apago la cámara o trato de calmarla. Recibo una patada en la espinilla y Raquel sale corriendo.
    -¡Espera, no te vayas!
    Bueno, al menos tengo otro video para mi colección.

  9. La espera me mata, ella sigue ahí acostada, sus poros están frescos, casi dormidos.
    Su piel se agita, se mueve y desaparece de cuadro.
    La cámara no enfoca, ha perdido el cuerpo.
    Espero ansioso.
    La cámara tarda unos segundos en enfocar su imagen perfecta otra vez, piel morena, erizada, regresó, deben estar juntas ahora.
    Una mano acaricia su piel como un tiburón alimentándose de carne ajena, me confirma que no estará sola.
    Comienzo a ver su sudor y me excito, respiro y jadeo porque no estoy ahí.
    Ella se mueve, a veces tiembla, se retuerce, otra ella aparece y desaparece sin involucrarme, aunque seguramente le dijo que yo estaría observando.
    Me dejo capturar por su pasión, sudo con ellas, su erección es mi humedad, su caricias llegan como fantasmas por mi cuerpo.
    Viene un instante la incomodidad de saberme lejos, muy lejos.
    Pero no pierdo la idea de estar anclado a sus pieles, al sudor que expiden, así que florece le extasis.
    No hay pudor sobre sus medidas y yo solo puedo ver dos centímetros de la piel que se pose frente a la cámara y su acercamiento hasta que se abra su infinito y con ellas el mío, quiero.

  10. La vida es tan dulce y cruel, los días y noches pasan fuera de esta pantalla, pero no dentro de esa cámara, en los cuartos de hospitales los momentos son eternos.
    ¿Será eso el amor? Lo que ellos hacen, cuando él levanta sus pies, acomoda la almohada, cuando junto a la cama pasa los días y noches. Y ella ¿qué le regala a cambio?, solo miradas, una ligera sonrisa cansada, y el calor de sus manos.
    ¿Es eso la dulzura?, el roce de sus manos tibias, los besos en la frente, las pupilas clavadas uno en el otro. El tiempo es ficción, no hay día, no hay noche, ni mañana, en el umbral de la muerte no hay espacio, no se sabe, si se está lejos o si las puntas de los pies comienzan a rozar la entrada. Su todo es el ahora, y ahora son sólo ellos dos. Qué la mantiene con vida a ella, qué lo mantiene a él aquí; el amor, sólo su amor.

    1. Un relato desolado, el observador no sabe la historia de la pareja que observa, sólo que están en el “umbral de la muerte” , es un amor sin grandes expresiones aparatosas, sin llantos o melodramas. Es esa emoción soterrada, esa tragedia que se adivina pero sin gritarla o forzarla, lo que hace más fuerte al texto.
      A veces el sentimiento contenido, el dolor que se adivina entre líneas, puede llegar a tocar más a lector que escenas más estruendosas.
      Buen texto.

    2. El riesgo de este ejercicio se ve en muchos de los textos presentados: convertir la descripción de una acción vista desde lejos en el acto de observar (o de interpretar, de forma elaborada o sentimental) esa acción. Este texto tiene su punto de vista claramente colocado en el interior de su observador, pero nos concede una serie de de detalles que nos llevan a la enferma y su guardián y nos permiten imaginarlos con más claridad. Por esa razón se destaca.

  11. Era la primera vez que cubría el turno nocturno. El teléfono es aburrido sin internet ni nadie a quién escribirle. Di un vistazo a los monitores: el estacionamiento vacío, en la calle de atrás pasó un automóvil y en la entrada principal estaba una chica con vestido oscuro, descalza y con el cabello largo y enmarañado, sentada en una jardinera fumando. Giró su cara hacia la esquina. Se le acercó un chico flaco y algo más alto ella, descalzo y con manchas oscuras en la ropa. Ella tiró el cigarro. Sus narices se rozaban, parecía que estaban hablando, ella asintió y luego él. Se sentaron detrás de la jardinera con el arbusto en forma del logotipo. Se levantaron, se dieron un beso largo y luego estuvieron bailando despacio sobre la banqueta. Tarareé Tiempo de Vals de Chayanne y le di un sorbo a mi café tibio recordando la última vez que me habían besado a mí. Fui al baño y al regresar los chicos ahora se besaban acostados. Di el último sorbo de café mientras que los chicos se elevaron flotando abrazados hasta salir del encuadre del monitor.

    1. Un texto que no muestra el elemento fantástico hasta la última línea. Es un relato sobrio, al parecer seco, en donde el narrador poco a poco se va involucrando en las sensaciones de la pareja que observa, incluso musita un soundtrack para el baile de los jóvenes. Pero el hecho de beber el café tibio lo muestra lejano, casi desapasionado. No juzga, no se dice en el texto qué piensa de lo que observa. Es ese mismo tono tranquilo, repito, desapasionado, sin sorpresa o alarma, simplemente relatando lo que sucede, lo que le da fuerza a la última línea, cuando los jóvenes se alejan, flotando.
      Magnífico.

    2. La sobriedad de este texto es su característica más relevante. Lejos del sentimentalismo, pero no de la empatía, se las arregla para mantener el punto de vista sobre la pareja observada y, sin embargo, alternarlo con reacciones creíbles de quien observa, hasta llegar al final terso y fantástico. Se nota y se agradece la claridad con que se describen los detalles seleccionados. Muy bien.

  12. La cámara
    Era un día como de costumbre en el centro de control. Otra de nuestras cámaras de seguridad se había estropeado, pero no es como que a alguien le importara.

    En la cámara C4-117 había una pareja sentada en el parque, no distinguía si discutían o algo parecido, la chica movía muy rápido sus manos, o eso me parecía. El solo miraba fijamente el cielo.

    En la cámara C4-180 Un chico esperaba en un auto, al parecer encendido. Esperará a alguien supuse.

    Las otras cámaras mostraban calles tan abandonadas
    y sin vida como yo. Por lo que me concentre en los jóvenes.

    La pareja ahora se besaba, por un momento uno creería que la imagen se congelaba. Esperaba no tener que repórtalos por algún delito moral. Después del beso le siguió un largo abrazo. Ella comenzó a llorar, pues se limpiaba sus mejillas. El simplemente miro al cielo nuevamente.

    La chica se levantó y atravesó deprisa al parque, llego al auto de la cámara C4-180 y se fue a toda prisa.

    En la cámara C4-117 el chico continuaba mirando el techo, mientras un hilo de sangre caía de la banca. Su boca ahora abierta anunciaba lo peor.

  13. La cámara
    Era un día como de costumbre en el centro de control. Otra de nuestras cámaras de seguridad se había estropeado, pero no es como que a alguien le importara.

    En la cámara C4-117 había una pareja sentada en el parque, no distinguía si discutían o algo parecido, la chica movía muy rápido sus manos, o eso me parecía. El solo miraba fijamente el cielo.

    En la cámara C4-180 Un chico esperaba en un auto, al parecer encendido. Esperará a alguien supuse.

    Las otras cámaras mostraban calles tan abandonadas
    y sin vida como yo. Por lo que me concentre en los jóvenes.

    La pareja ahora se besaba, por un momento uno creería que la imagen se congelaba. Esperaba no tener que repórtalos por algún delito moral. Después del beso le siguió un largo abrazo. Ella comenzó a llorar, pues se limpiaba sus mejillas. El simplemente miro al cielo nuevamente.

    La chica se levantó y atravesó deprisa al parque, llego al auto de la cámara C4-180 y se fue a toda prisa.

    En la cámara C4-117 el chico continuaba mirando el cielo, mientras un hilo de sangre caía de la banca. Su boca ahora abierta anunciaba lo peor.

  14. Las puertas se abren como lo han hecho miles de veces. Entran tomados tímidamente de la mano. Al parecer van de salida pues presionan el botón de planta baja. Mientras las puertas se cierran y comienza su viaje de ida, sus cuerpos se acercan con mayor soltura. Se dan un gran abrazo, uno de esos que dan ganas de sentir cuando la vida se complica. Luego sus caras se acercan lentamente mientras dan un paso hacia atrás, lo cual complica mi visión pues la pantalla donde se proyectan las imágenes que graba la cámara es pequeña. No los puedo ver bien hasta las puertas se vuelven a abrir y tomados nuevamente de la mano salen con una sonrisa en el rostro que no miro, pero que sé está ahí. Las puertas del ascensor se vuelven a cerrar y pienso en la felicidad de aquellos hombres que probablemente no volveré a ver.

  15. —Espera…

    Las imágenes en verde y negro muestran una celda. Se abre la puerta. El primero entra, mira alrededor, arriba, abajo. Se quita el chaleco antibalas y el casco, los tira al suelo y se sienta en la litera: la espalda encorvada, los antebrazos colgando entre las piernas, la cabeza gacha. Entra otra figura. La puerta entreabierta tapa la mitad inferior de la toma, dejando entrar algo de luz en la estrecha habitación. El segundo hombre, que no lleva chaleco ni casco, se sienta junto al primero. Durante algunos segundos ambos miran al suelo. El recién llegado gira la cabeza hacia el otro y habla. Aquel mueve la cabeza negando insistentemente, se lleva ambas manos a la boca, sigue negando, se tapa el rostro, tiembla. Cuando retira las manos mira al suelo, justo enfrente de su compañero. Su mueca denota gran dolor. El hombre llora. El otro pasa una mano sobre su hombro y lo abraza. Él recarga su cabeza en el pecho de aquél, quien le besa la cabeza. Permanecen así un rato y el video se corta.

    —¿Y bien?
    —No es tan fácil. Soy código bermellón: robot de asalto. Tú, esmeralda: mantenimiento. Si se supiera lo nuestro…

  16. 🎵Stay with me, no, you don’t need to run, my blood🎵
    ***
    10 monitores de 21 pulgadas frente al guardia con resolución de 1280 píxeles. Uno al centro de 32 pulgadas donde observa con mayor detalle.
    Intercambia entre uno y otro, haciendo su trabajo.
    21:30 horas.
    El monitor 7-a capta una persona recostada en el pasto. Improvisó una almohada con su mochila.
    21:35.
    Una vuelta más por cada monitor. Junto a Él ahora está Ella, sentada en cazuelita y detrás de su cabeza; Lo observa, juega con su cabello y sonríe.
    21:40.
    Tercera vuelta. Él parece estar dormido, no hace ningún movimiento, Ella le acaricia la mejilla, acerca su cara ante Él y amaga un beso, vuelve y ataca la frente; Él sonríe, aún dormido.
    21:45.
    Ella lo mueve, apurándolo. Él comienza estirando sus brazos, observa encima la cara de Ella y sonríe. Se sienta, abre sus brazos nuevamente, ahora para abrazar, acerca sus labios y le besa la mejilla; Ella se ve feliz, se levanta y le extiende las manos, lo levanta, toma su mochila apenas está incorporado, se la cuelga, le sacude el uniforme y caminan de la mano hacia la salida.
    21:55.
    Desfilan por los monitores 5-b, 3-a y 1-a, al final Ella le comparte alguna golosina que guardaba en su bolso, lo levanta hacia el aire y lo bombardea con sus besos en la frente y mejillas.
    22:00.
    Esperan en la entrada principal, jugueteando.
    La cámara 1-a capta al guardia abrazándolo a ÉL, besándola a Ella.

    Ahora es otro el que observa.

  17. — Cabina, cabina. Me reportan una chamarra azul perdida en el área infantil. ¿pudo ver algo en pantalla?
    — Negativo catorce. Reviso cámara 78… ¿sabemos la hora en que ocurrió?
    — Me informan que fue aproximadamente hace media hora.
    — 10-4. Le reporto más tarde.

    Regresaré la grabación unos 50 minutitos…el área infantil ha estado bien muerta toda la mañana…
    A ver…esa chamaquita trae puesta una chamarra -a mi compañera se le olvida que nomás veo en blanco y negro- jaja.
    Si ya me voy a echar 50 minutos de película muda, mejor les pongo voces y me entretengo un rato…

    — “Mami, mami, ¡mira cómo me columpio yo solita!”
    — “¡Sí, mi amor! ¡Lo haces muy bien!”
    — “Te amo mamita”
    — “Yo a ti, mi cielo. Me encanta verte feliz”

    ¡Ah caray! Salió volando jajaja y qué abrazote le dio

    — “¿Viste cómo brinqué mami?
    — “¡Sí, qué valiente eres!”
    — “¡Como tú!

    Puro abrazo con estas dos, me van a hacer chillar. Como me dan ganas de estar con mi niña. Ya te extraño gordita, son más de 24 horas sin verte y me falta cubrir otras 24 porque no vino Luis… ahora que llegue a la casa te voy a dar uno de esos abrazos de oso y te voy a llenar de besos, ya falta poco gordita…

  18. Un café sin azúcar y ocho horas frente a cuatro pantallas a blanco y negro. Alguna que otra llamada para atender algo que resulta ser un ratón o adolescentes vagueando por el edificio.
    Las dos pantallas superiores muestran los pasillos entre los departamentos, las otras dos la entrada principal del edificio y el estacionamiento. Les hecho un vistazo rápido, la muchacha de recepción revisando su móvil, algunas personas por los pasillos, con ropa deportiva, cargando bolsas del supermercado. En el estacionamiento justo debajo de la cámara una pareja sonriente, recargados en el automóvil de un color claro, gris me imagino que es. Ella tiene unas flores en las manos.
    Sus cuerpos alcanzan a rozarse uno al otro. Están enamorados y necesitan estar así de cerca. Ella aprovecha cualquier oportunidad para apoyar su cuerpo contra el de él. El la abraza, la besa, la acaricia. Tendrán al menos treinta años pero parecen adolescentes descubriendo el amor por primera vez. Media hora después siguen igual. Después de todo ¿Quién se cansa del amor? Y yo no me canso de mirarlos tampoco. Me siento un entrometido. Viendo una película romántica que los protagonistas no autorizaron.
    Me los imagino unas semanas antes, conociéndose mientras pedían un café. La voz temblorosa de él al pedirle su teléfono. La sonrisa de ella cuando leyó su primer mensaje. Lo fácil y peligroso de acordar la primer cita. Tal vez está era. O la segunda. Ya están listos. Ya saben que están sobre el mismo ladrillo. Pasa otra media hora. Ella toma su móvil. Se miran. Se despiden con un beso. Más largo que todos los anteriores.
    El sube al automóvil, aún sonríe. Ella avanza hasta el elevador. Unos segundos después sale en el quinto piso. Sus manos están vacías. Avanza hasta la tercer puerta. En cuanto la abre una niña salta a sus brazos, alguien la recibe con un beso. Cierra la puerta. Unos girasoles se quedan en sótano.

  19. –¡Parna! ¡Parna! Tráigase las palomitas que ya llegó La Bizcochito.
    –¿Neta? A ver, Parejita, haciéndose a un lado… ¡Órale! Pero si trae modelo nuevo. Inchi desgraciado suertudote.
    –Íre Parna, trae la blusita esa retepegadita y escotada, desde este ángulo, con tantito que se empine se le ven hasta las anginas.
    –Simón, carnal. A ver si se nos hace y se le chispa un buje.
    –Jajaja, cómo será de mandado, Parna.
    –¡Hay mamá que tren tan largo, nomás el cabúz diviso! Esos mallones rojos resaltan sus cuartos traseros.
    –Mire nomás como aprieta el compa ese, si hasta parece que está exprimiendo naranjas. Ya la agarró de a six pack.
    –Se la quiere acabar de una sentada. ¡Que manera de tragar!
    –¡Ora Prro! Deje algo pa’ mañana, jajajaja.
    –¿Crees que le deje meter mano? Al anterior le costó como tres semanas que lo dejara acariciar por encimita de la blusa.
    –Pos éste va que vuela, íre los besotes que le da en el cuello.
    –Y La Bizcochito nomás cierra los ojitos.
    –¡Zaz! Ya estuvo. ¡Esa mano “albitro”!
    –¿Y que me dice de l’otra? La va a meter hasta “jom”.
    –¡Híjole Parna, ya me estoy poniendo bien caliente!
    –Pos véngache pa’ca mirrey.

  20. En la pantalla, una pareja de uniformados se acarician apasionadamente mientras observan uno de los monitores. El guardia que los vigila por el circuito cerrado, se baja el pantalón y le pide a su compañero que lo masturbe. El otro accede y juntos toman sus puestos de voyeuristas. Un sonido los interrumpe y voltean. Una de las cámaras de la cabina ha dirigido su lente hacía ellos. Alguien, en algún lugar, los observa.

  21. Primero un beso, después otro. La cámara solo enfoca parte de la cara y el cuerpo vistas desde arriba. Se ve a él sonriendo mientras pasa su mano detrás de ella para abrazarla al momento en que la atrae hacía sí. Ella también sonríe mientras recibe otro más. Se ven sus labios moverse, como si le contara cómo le fue, pero él insiste con los besos. Ella gira la cara para que le den en el cachete mientras se ve su boca hablar, pero él vuelve al ataque bajando al cuello donde comienzan nuevamente las caricias. Él llegó a su punto débil; ella cambia las palabras por lo que parece un suspiro. Todo indica que la platica se acabó cuando ella se deja girar dejando la nuca y cuello listas para el avance de él. Se ve nuevamente su mano explorando el frente en busca del pecho turgente bajo la blusa mientras la otra la toma por la cintura. Es entonces cuando pasa, ella voltea hacia la cámara, lo obliga a voltear. Es el momento justo en que vemos su rostro completo por primera vez. Después ambos salen del quicio de la puerta donde la cámara no los sigue.

  22. Diez notificaciones. A veces las cortinas activaban un par de veces el sensor, pero nunca tantas. Abrí la aplicación temblando. La cámara, oculta en el ojo de un osito de felpa, me permitía ver el pasillo de la entrada, la sala y la escalera.
    Busqué desesperado en la pantalla. Tres minutos y nada. Estaba a punto de cerrarla cuando emergió una figura del lado derecho. Era un hombre usando un pasamontañas y cargando un saco de lona. Abrí el menú del teléfono y alerté a la policía. Volví a la cámara. La figura aparecía y desaparecía con nuevas cosas para echar al saco.
    De pronto, una luz saturó el cuadro. Venía de la entrada. Se fue apagando alrededor de otra silueta que se movió muy rápido y se abalanzó sobre el ladrón. Lo arrojó al suelo y le sujetó los brazos. Le descubrió el rostro, se acercó a él y ¿lo besó? Sí, había visto bien. Entonces se desnudaron y se arrastraron enmarañados fuera del cuadro. Volvieron unos minutos después, vestidos y con el saco lleno. Uno de ellos volteó a verme. Estiró su mano y tomó el osito, que dejó de transmitir cuando le faltó señal de wi-fi

  23. Siempre me pasa. Después del primer mordisco, mi hamburguesa sangra ketchup sobre mi camisa marrón claro. Mi uniforme no se salva, jamás. ¡Qué porquería! Mientras intento limpiar la mancha, un movimiento inusual distrae mi atención en la pantalla de la cámara 5B. Es la que cubre el estacionamiento principal del edificio. Me acerco a la imagen para ver mejor. Desde arriba distingo las siluetas de dos personas. Es una pareja que acaba de apoyarse sobre el pilar 41. Es el parqueo de los Rosales, pero su Volvo azul aún no está en su lugar. Son muy jóvenes, 22 o 23 años a lo sumo. Un beso no me quitaría el sueño, pero los senos de la chica y la lengua del muchacho recorriendo toda esa piel. Si hasta me parece escuchar el jadeo de placer que ambos emiten. Los ojos de ella cerrados, la boca entreabierta. Las manos de él intentando abarcar todo el cuerpo de ella, su miembro erguido. Y de pronto las luces del Volvo que espantan a los amantes a medio vestir. Nunca me pasa. Ahora siento el chorro caliente que me moja los pantalones sin compasión. ¡Qué porquería!

  24. Mi trabajo de vigilante en este edificio es muy aburrido, especialmente el turno nocturno. Hasta aquella noche, a las 3 de la mañana. Estaba a punto de ver una película en mi celular, cuando vi uno de los monitores había una distorsión extraña, al mejorar la imagen una pareja conversaba en la jardinera.
    Pude ver en los ademanes que hacían con sus manos que en realidad era una discusión aunque podía equivocarme por la distancia en la que se encontraba la cámara de vigilancia. Ella parecía gritar, hasta que él la tomó por la cintura y en un movimiento firme la acercó para besarle. Ella lo apartó, sacó algo de su bolsillo y se lo incrustó en el estómago, el hombre cayó pesadamente.
    No podía creer lo que vi. Llamé a la policía y a una ambulancia. Corrí hasta el lugar. No encontré ni un solo rastro, ni de la mujer ni del hombre herido, ni siquiera un rastro de sangre. Las autoridades llegaron. No pude explicar lo que pasó, aunque tenía la grabación. Volvimos a mi puesto, revisamos y en el vídeo, justo esos minutos, la imagen estaba distorsionada, como si hubiera una interferencia y no había nada grabado.

  25. Apoltronada en un sillón y fastidiada, observo las escenas desfilando por la pantalla: siempre la misma calle y un sórdido edificio de despachos, cuyo letrero anuncia: “importación, exportación”. Eso es lo que a mí me toca hacer en esa vida: mirar. Y si algo o alguien me parecen sospechosos, detengo la cámara en ese punto.
    Así me ocurrió el día de hoy: en una de las ventanas en el quinto piso, de pronto se plasman unas nalgas. Me quedo entumida sobre la silla. Detengo la cámara. Miro: una mano aparece sosteniendo un vaso. Una espalda musculosa interfiere con la escena. Se aleja. Una mujer, ahora de frente, desbotona su blusa, se quita el brassier. La mano con copa acaricia los senos, vierte sobre ellos el contenido y una boca empieza a lamer. Ella se echa hacía atrás. No logro ver su rostro. Ni modo. Ahora sólo logro fijarme en sus muslos descubiertos y sus piernas separadas. Tremola la pantalla, zigzaguea la figura. Regresa la imagen: la espalda musculosa y las nalgas suben y bajan. En ese punto dejo de prestar atención. No puedo reprimir las ganas de alargar mi mano, de acariciar y presionar mi entrepierna. Todo fue un acto breve. Con un enérgico movimiento el musculoso se levanta y cierra la cortina.

  26. ENAMORADOS
    Un movimiento llamó mi atención, lo seguí con la vista a través de las cámaras, me pareció curioso lo que estaba ocurriendo.
    Unos segundos más tarde llegó alguien más, ya eran dos, desde esta distancia parecían adorables, indefensos, y sí, también enamorados, aun con el espacio que había entre ellos y yo se podía sentir el amor.
    Se miraron, se fueron acercando paso a paso, de pronto, sus narices casi se tocaban, sus mejillas se juntaron, vacilaron unos segundos y después salieron corriendo. Un perro que vino de otra calle los asustó, y la pobre pareja de gatos salió disparada huyendo del peligro. Corrieron juntos, porque así era como querían estar para siempre, o al menos eso imaginé yo.

    1. Es un texto en donde el observador ve un pareja, que muestra evidente amor, en la línea final descubrimos que es una pareja de gatos. No sólo los humanos se enamoran. Pienso que funcionaría mejor eliminando la palabra “mejilla”, que suena muy humana, “hociquito” vende la idea antes del giro, mejor eliminar “sus mejillas se juntaron” y sustituir por, tal vez “se acariciaron”, Wse frotaron uno contra el otro”, pensar en algo que pueda aplicarse a gatos o humanos.
      Bien

    2. Este breve relato tiene una característica imprevista e inusual entre los textos participantes: un final sorpresivo y una “intriga de predestinación” (acumulación de “pistas” o informaciones encubiertas, como el énfasis en las narices) que lo justifica. Esta es la característica que lo vuelve relevante, además de su sentido del humor. Muy bien.

  27. En el monitor se ve a un hombre y una mujer en el puente. Él lleva una mochila en la espalda. Todo parece normal excepto por el tiempo que llevan ahí, poco más de cuarenta minutos. Ahora son sospechosos. Tal vez son polis encubiertos, pero no debo adelantarme, al comandante no le gustan las falsas alarmas. ¿O será que nos están pedaleando la plaza? Pendejos, no saben con quien se meten. El hombre se sube al borde del puente, saca de la mochila un ramo de rosas y lo que parece ser un velo de novia. La neta uno se vuelve bien paranoico en este jale. La morra se sube con él, se abrazan y se dan un beso. El hombre saca de su pantalón un papel y comienza a recitar. La mujer deshoja las flores y lanza los pétalos al viento, también el velo de novia que desciende lento, flotando en el aire. La pareja se abraza y se tira al vacío. ¡Manolo, Manolo! Despierta, nomas que te vea el comandante así cabrón. Me espabilo y sacudo la cabeza, vuelvo a los monitores. El hombre y la mujer siguen ahí. El hombre sube al borde del puente.

  28. Daño colateral
    Un click, dos quizá, miles de cámaras despliegan escenas en ese cuarto armado de una treintena de monitores. Sus ojos vagan por las pantallas. Hastiado toma un libro, ninguna imagen capta su atención. El mundo a sus pies: encuentros importantes entre jefes de naciones, estrellas encumbradas, todo es vacío. La venta de información privilegiada ha dejado de tener sentido para él.
    Un chillido lo distrae de su lectura, arroja el libro y busca la fuente pero no encuentra nada. Vuelven sus ojos vacios a las pantallas, y reconoce una calle, esa de antaño en un barrio privilegiado de Mérida. Hace zoom por pura nostalgia. Una pareja discute frente a la que fue su casa. Ella con la cara agria, no suelta la botella de tequila, la usa como escudo. Un adolescente la mira tambalearse. No dice nada, aguarda el momento preciso para introducir la llave en la cerradura y sostenerla al mismo tiempo para hacerla entrar a la casa.
    Él siempre lo supo: la ambición no combina con el amor. Ahora sólo queda esa calle del pasado y una familia que nunca existió.

  29. Voyerismo
    El blanco y negro en la pantalla. La cara de ella y la mano de él acariciando sus hombros y deslizándose hasta su cuello. La fuerza que su puño ejerce en su carne. La reacción de ella; sin voz. El silencio como respuesta en los ojos de ella… ¿Será miedo, dolor o placer? No podría saberlo, sólo puedo seguir viendo. Sólo puedo esperar a ver qué ocurre, por si tengo que lanzarme hasta allá, desde el último piso, para intentar no llegar demasiado tarde. Él acercándose violenta, o apasionadamente, sobre ella, posando sus labios en su mejilla y marcando un espacio compartido entre sus dos intimidades, y ella jadeando; no podría decir si lo está haciendo para alejarlo o retenerlo ahí. La imagen es borrosa y la señal cae a la par que la tensión se intensifica. ¿Debería ir? Él la toma por la espalda y lo que podría ser un gemido apagado en el rostro de ella amenaza con ser un quejido. Tal vez no esté ocurriendo nada y sólo es una travesura más en el elevador… Tal vez tenga que dejarlo pasar… Tal vez… Debería ocuparme en mis propios asuntos y dejar de ver a dos extraños.

  30. AMOR FATAL
    11 pm. En la imagen de la cámara de seguridad se ve cómo una mujer ingresa al área de la piscina en el piso 16, lleva puesta la bata del hotel. Puedo ver sus larguísimas piernas cuando camina de un lado a otro. Parece que fuma, no se logra distinguir. Otra muchacha aparece por el lado contrario. Esta muy vestida, como si tuviera frío. La mujer de la bata arroja al suelo algo que tenía en la mano. Se están mirando. Algo le dice la mujer vestida. La de la bata agita sus manos, parece que algo le grita. Corre hacia la muchacha vestida y se arroja a sus pies, se abraza a sus piernas. La muchacha se inclina y le toma el rostro. Se besan. Se acarician con fuerza. No logro distinguir que hacen. Son un solo cuerpo revolcándose en el suelo. La mujer vestida se levanta violentamente. La mujer de la bata también se pone de pie. Se besan, luego se separan. Se toman de las manos y caminan decididas hacia el fondo. Oh no, van hacia la cornisa del edifico. Se suben al muro. No, oh Dios… están saltando al vacío.

  31. Reporte de vigilancia del día miércoles 14 para amanecer jueves 15 de agosto. La noche transcurrió tranquila excepto por un acontecimiento fuera de lo rutinario. En el vídeo de la calle norte del edificio se visualizo a una pareja, ambos llegaron de diferentes puntos entrelazando lo que creemos son sus miradas, fijas, fulgurantes, deteniéndose frente a frente. Procedieron a extender sus brazos derechos, empalmar sus manos para luego acercar sus cuerpos, con delicadeza, con dulzura, iniciando un lento y acompasado baile que creemos fue un vals, esto último no lo podemos constatar ya que no contamos con sonido, más sus amplias sonrisas nos dieron esa impresión. La danza fue volviéndose más rápida, algo frenética, sin abandono de afecto mutuo, sin prejuicios, en una sutil adoración. Continuaron por cerca de quince minutos hasta que sus pies dejaron el suelo, desprendiéndose de lo trivial, emprendiendo el asenso hacia el cielo, hacia donde el amor los pueda llevar. No podemos reportar más ya que salieron de la visión de la cámara. El resto de la madrugada transcurrió sin más eventos, salvo que al personal de vigilancia lo ocurrido nos dejo un sentimiento muy hondo de esperanza en la humanidad. Fin del reporte.

    1. En este caso, como en algún otro de los textos presentados, se llega a un final fantástico, que ofrece un atisbo de los sentimientos de quien observa. El lenguaje seco del reporte oficial tropieza un poco en uno o dos momentos, pero la entonación es interesante en cualquier caso porque su intención es dar más fuerza a la conclusión, en la que la formalidad es sustituida por sentimiento sincero. Bien.

  32. Después de pasar horas sin poder ver más que una abrumadora oscuridad, y cuando creí que la noche no podía empeorar más, un hombre con el cuerpo tan frágil como un pétalo y con una mujer embarazada en brazos apareció de la nada.

    Estaba lo suficientemente cerca para poder ver si rostro. Angustia, dolor y desesperación. En su mirada perdida veía como sus esperanzas colapsaban.

    Todo lo podrido que aparentaba estar lo venció, cayó al suelo junto con la mujer. Casi pude oír como se estamparon, y así como se estamparon, la cámara dejó de funcionar.

    Maldije y golpeé todo a mi alrededor, sin embargo, nada hizo que la imagen que tan intrigada me tenía volviera.

    Las horas pasaron y, de pronto, como si de un milagro se tratase, la imagen volvió.

    Está vez, el hombre lucía una mueca extraña. Había brillo en sus ojos, pero muy en el fondo algo estaba mal.

    Miro directo a la cámara, la movió. En sus brazos reposaba un pequeño bebé, mientras que en el suelo la madre se desvanecía dejando un charco oscuro debajo. La huella de su lucha. Terminando con su agonía, pero matando dos frágiles seres que tanto la amaban.

  33. Después de pasar horas sin poder ver más que una abrumadora oscuridad, y cuando creí que la noche no podía empeorar más, un hombre con el cuerpo tan frágil como un pétalo y con una mujer embarazada en brazos apareció de la nada.

    Estaba lo suficientemente cerca para poder ver su rostro. Angustia, dolor y desesperación. En su mirada perdida veía como sus esperanzas colapsaban.

    Todo lo podrido que aparentaba estar lo venció, causando que ambos cayeran. Casi pude oír como se estamparon, y así como se estamparon, la cámara dejó de funcionar.

    Maldije y golpeé todo a mi alrededor, sin embargo, nada hizo que la imagen que tan intrigada me tenía volviera.

    Las horas pasaron y, de pronto, como si de un milagro se tratase, la imagen volvió. Sonreí ailiviada.

    Está vez, el hombre lucía una mueca extraña. Había brillo en sus ojos, pero muy en el fondo algo estaba mal.

    Miro directo a la cámara, la movió. En sus brazos reposaba un tierno recienacido, mientras que en el suelo, la madre se desvanecía dejando un charco oscuro debajo.  Huella de su lucha. Terminando con su agonía, descansando, pero matando así a dos frágiles seres que tanto la amaban.
    ___________________________________
    Una seria disculpa por el comentario anterior, se publicó sin que lo quisiera y no supe cómo eliminarlo. Este es el texto que quiero publicar. Gracias y suerte a todos! Y nuevamente una disculpa. 🙂

  34. Es el interior de un estacionamiento. La cámara lo registra todo desde arriba con una imagen que parece película de las del gordo y el flaco. Una larga fila de autos a cada lado lo enmarca todo y deja en el centro un carril vacío que de vez en cuando cruza un auto. Veo las antenas de las radios y los techos. Como si yo midiera casi tres metros. Un auto se mueve. Debe ser de un tono claro pues parece casi blanco en la pantalla. Se abre una puerta y baja una mujer. Se acomoda la falda. Un momento después, de la puerta contraria, baja un hombre. Debe ser mayor que ella pues veo su calva como la de los frailes franciscanos. Si fuera más joven se raparía. Ella parece molesta. Mueve los brazos, agitada, como si reclamara algo. Él no se inmuta pero se le acerca con pasos lentos. Ella está fuera de sí. Cuando lo tiene cerca le da una bofetada. Espero la reacción del hombre pero no llega. Se acerca incluso más. La mujer llora. Entonces, él la besa. Entrecierro los ojos esperando otro golpe pero ella responde. entregándose. Eso es amor.

  35. Mientras la cámara de la recepción nos señalaba la posición de dos centinelas que se encontraban vigilando la puerta principal, la cámara del lobby nos mostraba a 7 hombres, 2 mujeres y un niño tirados boca abajo, con las manos en sus espaldas. Eran constantemente amedrentados por un sujeto gordo encapuchado. Un guardia de seguridad y 3 ejecutivos yacían al lado de sus escritorios, amenazados por un ente que estaba en la clandestinidad de uno de los pilares cercanos a las ventanillas. Un delgado maleante más hablaba por teléfono.

    Tras una prolongada negociación conseguimos que liberaran a la mitad de los secuestrados a cambio de retirarnos de la calle de ingreso. Sabíamos que sería más difícil capturarlos, pero no deseábamos exponernos a otro escándalo mediático. Tras señalar a los elegidos, estos se pusieron de rodillas. Sin embargo, la cámara nos mostró que una de las mujeres escogidas, entre sollozos se dirigía vehementemente a su captor. Una pausa. La mujer se tumbó al suelo de nuevo y el niño se levantó lentamente, para después correr al lado de fémina y aferrarse a su cuerpo. Luego de un breve intercambio de palabras el niño caminó hacia la entrada. Siempre mirando hacia atrás.

  36. La cámara 4 esta embrujada -Me dijo Ramirez el primer día de trabajo.

    No, no esta embrujada, lo que pasa es que cuando la fregó el voltaje, la cambiaron por una japonesa, y se quedo trabada en algo así como un filtro de esnapchiat -Corrigió Dominguez.

    Si, tiene un filtro, o una falla: se para una pareja frente a ella y de repente todo cambia a blanco y negro. Todo menos sus labios, que siguen rojos y se enrojecen más mientras se besan

    El trabajo es fácil, y puedo estudiar entre rondines ¿Qué importa si una cámara falla?

    El filtro tiene sentido del drama: la imagen se congela de repente y hace zoom a sus ojos cuando van a despedirse. Luego, ella agita la mano en cámara lenta, el se ajusta la chamarra antes de alejarse, y es enfocado mientras ella queda atrás, borrosa.

    Hora de hacer el rondin.
    Frente a la cámara cuatro, nada, nadie. Solo aire helado, que se entibia en cuanto me persigno. Si me preguntan, Ramirez tenia razón.

    1. Para los diálogos se pueden utilizar la raya o guión largo:
      —La cámara 4 esta embrujada —me dijo Ramírez el primer día de trabajo.
      En inglés se utilizan comillas inglesas, o se puede incorporar el diálogo a la narración, pero si se combinan las técnicas resulta confuso, y esta narración no necesita esa confusión.
      Es rápido y extrañamente cotidiano, es divertido: en la primera línea se da una opinión: la cámara 4 esta embrujada, hay después una posible explicación y una descripción del fenómeno. El personaje nos dice que está cómodo con su trabajo, que no molesta ver cosas extrañas en la pantalla y al final, acepta como más realista la primera explicación “embrujada” que la segunda: “Falla de origen” pero sin drama, sin miedo, sólo aceptando otro elemento raro en este mundo que vivimos tan extraño. Parte de la cotidianidad. Muy bueno.

  37. Diario hay detenidos y no lo entiendo. La ley es simple de acatar: No hacer contacto personal sin usar portátil. Pero las pasiones controlan a los débiles. Monitorear e identificarlos es muy sencillo: mientras todos usan sus portátiles y conviven sanamente, los rebeldes miran discretamente hacia las cámaras en busca de puntos ciegos; sin embargo una vez identificados, es difícil escapar.
    ¡Ahí están!, esos que voltean precavidos para asegurarse de su soledad. Creen haber escapado porque ya platican y se miran largamente.
    Ahora, uno de ellos hace contacto lentamente: una mano, el cabello, la espalda. El otro le está contestando las caricias de igual forma. Se han acercado más. (Reporte: AB-Contacto en %3~5) El zoom no es tan bueno, pero es evidente que se están besando y acariciando. Se detienen. Creo que ya se dieron cuenta que van por ellos. Están conectándose a sus portátiles, pero es demasiado tarde.
    ¿Tocarse, mirarse y conversar? Yo jamás me arriesgaría a sentir esas pasiones tan absurdas.
    Todo es más sencillo usando un portátil, amando desde nuestra individualidad, desde la web y las redes comunitarias.
    Están deteniendo a los infractores y me sigo preguntando, si valdrá realmente la pena eso que llaman “amor”.

  38. Me encargaron restaurar las imágenes de video del archivo celestial. Aquí es donde la vida de cada persona, sus actos, palabras y pensamientos se almacenan para dejarlos al descubierto en el Juicio Particular. Hay material viejo que urge arreglar.

    A mí me da nostalgia éste. Ahí está Él en la pantalla, de frente, con túnica y señala a un hombre muerto: Lázaro. Se acerca María de Magdala, también de frente en la imagen, y le toca el hombro a Él por detrás. Le susurra algo al oído. Él parece no oírla. “Levántate y …”, dice, pero se detiene cuando ella clava sus ojos en los suyos, suplicándole. Y la imagen se distorsiona.

    Sabemos qué pasó. Pero me gusta imaginar que cuando restaure esto la historia será otra. Que Él obedeció el consejo de ella de no resucitar a Lázaro y que supo que se lo dijo por amor, pues quien te ama no quiere verte convertido en verdugo y eso es lo que cualquiera sería al condenar a un hombre a morir dos veces.

    Soy un ángel joven, pero comprendo lo mucho que le duele a Él este pasaje, cuando entra aquí y repite la escena, lleno de melancolía.

  39. Entran y ella busca de inmediato en dónde dejar la mochila grande que trae colgando del hombro derecho. Hay una mesita con revistas y varias sillas.

    La discreta cámara de seguridad está ubicada entre la unión de los muros y el techo, en una esquina de la habitación; el ángulo permite observar de frente la puerta de entrada y abarca un espacio de 180 grados.

    Se observa el costado derecho de ambos. Están sentados junto a la silla en la que ella dejó la mochila. La mujer se desabotonó de inmediato la blusa; un seno grande y turgente sale a relucir, ella no se desabrocha el brasier, sólo baja la copa para que el seno quede expuesto. Él pone una mano en ese seno; ambos se ven directamente a los ojos; ella toma su seno y se lo ofrece; él lo toma entre sus labios. Ella aprieta los ojos y hace la cabeza hacia atrás; su cara tiene expresión de dolor, sin embargo vuelve a mirarlo y le sonríe con ternura. Ambos están completamente conectados, observándose.

    Un momento tan íntimo y amoroso no debería ser captado por una cámara de seguridad, amamantar es cuestión de dos.

  40. Dos, tres pasos a la derecha, siete, ocho atrás, cabeza en media vuelta hacia abajo, ojos tres cuartos y el voyeur está en punto. Luz trémula, imagen que se pierde cada cinco segundos, diez pulgadas de televisión y ya está montada la exhibición.
    ¿Qué ves? Fondo pintado en hoja de girasol abandonada, planta mate, color de primavera marchita, pared arrugada en foto de antaño y sobre el fondo muerto, dos entes entrelazados. Uno, cuatro y cinco extremidades pequeñas por cada uno, abrazados entre sus alas con el primer gesto que da el recién nacido, seis, ocho y diez uñas total, sus colores carne con sus matices, rojos de presión como labios mordidos y ensangrentados de los desaforados, rosas donde descansa la piel, esa que duerme después del amor, y en el capullo de esas manos habita el secreto diluido de la fugacidad.
    Los amantes sangran juntos de amor, en sus vértices de pasión, la isóptica de sus caricias sirve de objeto para los solitarios, sus manos tomadas entre sí son fetiche para los que vemos a través de la fría representación, erección metafísica del testigo locativo, sombra en esquinas y barrios de los amates y los olvidados.

  41. Estoy vigilando a través de una cámara la entrada del edificio. Una pareja aparece: Están frente a frente, ella juega con sus dedos, revisa la pintura de sus uñas, su cabeza un poco de lado, lo mira. Él, mirándola, mueve su cabeza hacia abajo y arriba; Ella, mirándolo, mueve la suya horizontalmente. Él, junta sus manos, lleva una al pecho, saca un papel y lo lee. Sin mover su cabeza solo parpadea y al hacerlo, ella mueve horizontalmente su cabeza, pero mucho menos. A pesar del papel, él habló de memoria pues no dejó de verla.
    Los ojos de ambos, alegres y fijos, rojos por no parpadear, se están comiendo. Ella, además con una sonrisa tenue y él sus labios apretados. Junta él sus manos como rezando y agradeciendo, agacha su cabeza, cierra sus ojos y se aleja hacia atrás. Se va.
    Ella de inmediato, abraza su cabeza y besa su frente. Sus puños cerrados sujetando el cabello de él y con su boca pegada en su frente, le arrebata la ida. Se besan, se agarran con brazos y uñas. Sus caras quedan manchadas de tinte y de ansia esparcido por lágrimas.

  42. Llueve. Un joven con una gabardina que le queda grande. Sostiene un paraguas con una mano y un ramo de rosas rojas en el otro. Desde la distancia es fácil percibir su nerviosismo. Mira el reloj moviendo el ramo de rosas en un giro complicado. Así pasan varios minutos. De pronto el joven en un gesto apresurado, suelta el paraguas y las rosas y empieza a correr con dirección a la avenida. Durante un par de minutos solo podría ver el paraguas en suelo y rosas desparramadas por el piso. Entonces apareció otra vez, abrazando a un anciano, que apenas podía caminar, tenía la ropa rasgada. Paso de largo junto al paraguas y las rosas y nuevamente desapareció de mi vista. El aire empujó al paraguas. Las rosas se quedaron sin compañía en el piso. Los transeúntes pasaban apurados a su lado, muchos las pisaron sin saber que esas rosas no en el piso no eran fruto de una pelea de enamorados, sino el retrato de un acto de amor.

    1. Un relato breve y contundente. Nos muestra lo que puede ser un equívoco: un ramo de rosas en el suelo, pisoteadas, el aparente símbolo de un desdén amoroso, de una pelea. El texto podría haber empezado por el final, y que descubriéramos el equivoco. Pero me gusta la forma en que autos nos lo presentó. La mayoría de los eventos principales pasan, literalmente, fuera de la pantalla. Lo que sucedió en realidad al anciano y a donde se dirigen después. No toda acción importante en un texto debe narrarse, la evocación a veces es más poderosa que la mirad directa. El testigo sólo sabe una cosa: ha sido testigo de un acto desinteresado, un acto de amor al prójimo. Excelente.

  43. Lágrimas de noche para videocámaras… De pie, junto al ventanal del piso 11, una mujer lanza bocanadas de humo. Hay vidrios rotos en el descanso de las escaleras y el hombre que está con ella los pisa. Congelo la imagen. Las pupilas y la brasa del cigarrillo tienen un brillo fantasmal. Regreso el video. Ambos se abrazan y besan, pasan a las caricias que se prolongan hasta que ella se aferra a la entrepierna de él, deja que levante su falda y la penetre. Doy un sorbo a mi café. Se ha enfriado. Adelanto la grabación. Ella pinta sus labios y él le dice algo mientras sostiene un celular que de pronto arroja contra el cristal. Ella se recarga en un rincón y se pone a fumar. Se aproxima a la ventana y el viento alborota su cabello. Tira el cigarro. Hago zoom a la imagen, él se agarra la cabeza y sale de cuadro. Regreso la secuencia y en slow motion, cuadro por cuadro, ella enjuga sus lágrimas y saca una pierna por la ventana. Se deja caer. Él intenta sujetarla y desaparecen de la toma. Necesito café.

  44. En la pantalla las imágenes no son claras. No hay colores ni sonidos. ¿Es una persona? ¿Son dos personas? ¿Es tan solo una sombra? Parece que se abrazan. También parece que pelean. Él, ¿o ellos?, es lo único con movimiento que la cámara capta sobre el puente. No se ven sus caras, ¿o su cara? Creo que se están besando, pero no puedo asegurarlo. Se están moviendo. Un momento, mi teléfono está sonando. ¿Cómo? ¿Al río? Las imágenes no son claras, la cámara ya no capta ningún movimiento sobre el puente.

  45. Sus manos no dejan de moverse por debajo, parece muy nervioso. En tanto ella, tiene un tipo tic en el pie derecho, lo mueve en círculos. Ellos no se percatan de ese lenguaje mudo, están muy atentos a sus labios, ojos, nariz. Parecen muy serios, no ríen; sólo de vez en vez se dan un beso rápido. Él baja la mano a la cintura de ella y la acaricia, para ella es natural. Noto como voltean a los lados constantemente y es cuando por fin ríen. Se abrazan y de repente ella saca un pedazo de papel de su bolsa y se la pasa por los ojos; limpia lágrimas. Ahora limpia las de él.
    De repente, él señala algo y hace que ella voltee, él ocupa esa distracción para arrodillarse y sacar un cajita de su bolsa del pantalón. Ella voltea rápidamente y se lleva las manos a la boca. Creo que grita. Hay varios movimientos de cabeza por parte de ella hasta que por fin afirma. Él se levanta y la abraza. Ahí viene un carro. Él guarda todo rápidamente y se aleja. Ella se acomoda el cabello y saluda al conductor. Sube y la pierdo de vista.

  46. El mundo ha cambiado tan rápido que pareciera que nunca ha sido otro. Aunque todavía habemos supervivientes que el sistema no ha querido destruir: los Vigilantes de Seguridad. Somos los antiguos, los testigos del tiempo. Pero tanto ver ya no se sabe nada y salen los peores miedos. El mío, que esa mujer de la aplicación de citas sea de verdad, desde el nacimiento, un hombre convertido en mujer que se ha vuelto a poner su cosa robótica de hombre pero contigo, use la otra. Me aterra que hoy todo es ser y sentir. Saber es relativo, dice Coca-Cola.
    En este mundo, en este trabajo, uno debe encontrar sus formas de seguir humano, de saber y sentir. A las once dirijo la cámara al picadero del Rincón43, un bar sólo de robots que, aunque parezcan personas, son robots y no lo ocultan. Ahí se juntan, se estrujan, se tientan. Yo sigo sus movimientos de explotación con los míos, arriba, abajo. El momento sublime llega cuando uno de ellos mira hacia mi cámara y sonríe: conectamos. Entonces, me limpio con la toalla y enciendo un cigarrillo satisfecho ante la certeza de que aún queda algo verdadero.

  47. Él le da la espalda y ella aprovecha para ajustarse el cabello y el vestido, pensando que nadie la observa.

    Me siento un tanto culpable. Pero de hecho es parte de mi trabajo. Llevo ya años observando personas ir, venir, conocerse e ignorarse a través de las cámaras de seguridad de la biblioteca, y he visto ya a decenas de personas enamorarse a través del lente.

    Sin el privilegio del audio, me he vuelto un experto en identificar la danza de los rostros que se buscan y la de los cuerpos que comienzan a imitarse. Y francamente no sé si recuerdo una danza tan lenta cómo la del par que observo ahora. Sé que son amigos, porque a menudo llegan y se van juntos, pero una vez que están en el espacio delante de mi lente, parecen buscar el rostro del otro en el momento justo en que este voltea.

    ¿Cuantas miradas tendrán que intercambiar para darse cuenta de cómo se observan? ¿Cuántas veces retiraran las manos deprisa para evitar tomar el mismo libro? ¿Se darán cuenta alguna vez de que el tiempo que parece eterno ahora se volverá algo fugaz en cuanto sus ojos se encuentren y se reconozcan?

  48. La pantalla es un lienzo en blanco y negro que denota dos siluetas entrelazándose como si desearan fundirse en una sola.

    Aquella joven inclina su cabeza atrás y aferra sus brazos a la espalda de aquel hombre maduro. La chica queda colocada al filo de la cama. Sube sus pies a los hombros de su pareja. Aquel hombre se convierte en un rotomartillo humano. La chica cierra los ojos. Aquella agitación provoca que sus manos se aferren a la sabana como si una fuerte tromba quisiera levantarla.

    Ambos se convierten en una prensa humana por besarse en la boca. Retoman la posición, cuando el hombre decide continuar. La mujer parece balbucear algo—eso parece—el hombre se acuesta en la alfombra. La chica se balanza sobre de él. Solo alcanzo a ver la mitad de su silueta. Parece que se encorva para succionar el miembro de su pareja. Las piernas de aquel individuo se abren como dos tijeras, no paran de temblar. Titiritan de forma que tuviera un ataque de frio. Parece que está a punto de venirse. Los pies quedan inmóviles. La mujer se pone de pie, esta manchada de… De…Mira a la cámara y luego a mí.

  49. UN EMPUJONCITO

    ¡Vamos! Llevan 3 semanas haciendo lo mismo, claro ellos no tienen los 10 monitores de vigilancia del edificio enfrente y no ven lo que yo veo, pero ¡vamos! Si ya los caché, uno no más está esperando a que pase el otro, procuran siempre estar a la misma hora, uno en la esquina sur y el otro en la esquina norte del mismo edificio, esperan a que dé la hora y quince y comienzan a caminar para encontrarse, se ven, se saludan y pasan de largo, ya cuando llegan a la esquina donde se encontraba el otro se detienen, hacen ademanes de estar maldiciendo su propia indecisión y se van, supongo que esperando tomar valor al día siguiente, ¡ah que muchachos! Ya deberían de haberse tomado un café mínimo, si no se es joven para siempre. Mañana, mañana voy a tomar mi descanso a eso de la hora y 10, total ellos son puntuales, voy a saludar al chico, preguntarle su nombre me ofreceré a caminar con él unos metros, cuando nos crucemos con ella, la saludaré, preguntaré su nombre y le diré ¿conoce a mi amigo? Los presentaré y ya. Si sólo necesitan un empujoncito.

    1. Un texto donde la complicidad es alegre, simpática. Un observador que no se resigna a la inacción y decide, como él dice, darle un “empujoncito” a una relación que no avanza.
      Con un texto tan breve logra que empaticemos con el narrador, tal vez con las líneas “uno no es joven para siempre” o el “vamos” propio más de alguien que ve una mala jugada en un partido que una historia amorosa que no acaba de arrancar.
      Divertido, rápido y conciso.

    2. Este es de los ejercicios que mejor cumplen las condiciones iniciales propuestas, mediante sus referencias al espacio y el tiempo de los hechos, que le dan precisión sin obligarlo a recurrir a descripciones más pormenorizadas. Llama la atención que la mayoría de los concursantes terminan llevando la historia a quien observa, y no a quienes son observados, pero en este caso el observador u observadora no sólo comunica claramente lo que está viendo, sino que decide intervenir en favor de la pareja que no termina de formarse. Muy bien.

  50. Pronombres
    Los observo desde arriba. Ellos no se imaginan que desde hace un par de meses soy testigo de su historia de amor. Él siempre la cita en el mismo lugar: en la cafetería de la calle Aldama. Cuando se miran, ambos intercambian algo más que besos y caricias. Al parecer, si todo sigue su cauce natural, él le pedirá matrimonio a ella. Y ella aceptará. La cámara gira y observo como la armonía del encuentro amoroso se irrumpe cuando el mesero se acerca y pone en un su mesa dos cafés. Cada enamorado toma el suyo y continúa su charla, ¿de qué hablarán los enamorados cuándo se saben solos? Él la quiere. Lo sé. Ella lo quiere, también lo sé. La escena es tan maravillosa que me enternece hasta las lágrimas. Me encantaría estar sentado al lado de ella y tener la misma oportunidad, pero yo no soy él, ni él es yo. Yo soy yo. Y no sé cómo regresar el tiempo. Todo cambió después de que ella firmó nuestro divorcio.

  51. Amor
    Ahí está de nuevo. Misma esquina, La sombra oculta su rostro, la luz del faro dibuja su silueta a contraluz. El cuerpo apoyado sobre la pierna izquierda perpendicular al asfalto, con la derecha forma un compás de 35º. Su brazo diestro se aferra a la cintura. Es una letra R, Regia y discReta.
    De la penumbra surge otra figura, una I. Muy pequeña al principio que crece conforme se acerca a R cazadora, pura perspectiva. Ésta, al percatarse cambia postura a firmes. Ahora son dos II en la etapa de hacer bisnes. Parece que llegaron a un acuerdo porque ya se toman de las manos, son una M.
    Ocurre pocas veces pero como hoy, ocurre. A él no le alcanza para un cinco letras, sin más privacidad que el aire libre. Sin soltarse las manos juntan sus cabezas, se besan o quizá él le murmura al oído, dibujan una A. A lentamente cierra su vértice hasta quedar en una sola I pero más gruesa, una I Arial black. Uno de los dos, no distingo quién, desciende hasta quedar en cuclillas: h. Ella se inclina en una en n y él la monta por detrás…: m.

  52. Ella desliza sus dedos sobre las cejas de sus ojos cerrados, luego sobre la sien, la patiilla y la barba.
    Te gusta así, verdad amor? – se recuesta al lado de Fernando que yace tendido boca arriba.
    Con los labios húmedos y brillantes, besa el párpado derecho, luego la sien y con su lengua bañó el cuello de mi afortunado hermano.
    Te encanta que chupe tu pecho. Dime que no, Fer, dime que no sientes lo que me enseñaste a sentir – dice Elena dejando escurrir saliva en la tetilla mientras oprime con sus dedos la otra. Mete sus uñas por entre los vellos del pecho y baja su mano por debajo de la sábana buscando una selva más profunda…
    Ma! – grita Jimena al entrar a casa – Puedo comer ya?
    Sí – responde abotonando su blusa – pero ven a recoger la basura primero.
    Esta semana le toca a mi hermano! – se queja mientras va a la recámara de sus papás. Al pasar por el estudio saluda al tío sorprendido con un simple “hola”.
    -Sí, esta semana toca a tu hermano tirar los pañales de papá, pero hoy no está. Y tú Ricardo – dijo mirando la cámara – no tienes nada mejor que hacer que andar ahí de cochino voyerista? Ven a ayudarme a cambiar de posición a tu hermano.

  53. Es una pareja que se acerca sin darse cuenta, al campo visual de la cámara con que inspecciono el entorno de este edificio. Muy tarde para andar por esta solitaria y obscura calle.
    Vienen de la mano. Ella se ha detenido para darle un beso. Él la abraza y en el beso parece como si fueran a sorberse el alma.
    Parece que algo se dicen. Es una pena que no tenga sonido, puf.
    Ella ha tomado el zipper de su cremallera. Él ahora acaricia uno de los senos de la chica, mientras con la otra mano le aprieta una y otra nalga.
    Uf. Ahora ella le saca el pene y empieza a tallarlo con fruición. ¡No es posible! Se ha hincado para empezar a lamerlo. Experta la muchacha. Lo chupa cual enorme y ancha paleta de chocolate. El tipo parece jadear y la toma de la cabeza con devoción, para que continúe en su apetitosa tarea. Me estoy humedeciendo.
    ⎯¡Hey, tú, Chano!, ¡Despierta! ¡Despierta, ya! ¿No tienes que entregar eso mañana? ¿Ahora te excitas escuchando a Marvin Gaye?

  54. Reconozco el área, aquel viejo salón en el piso 9, hacía tanto tiempo que no lograba verlo así, libre de cajas, de bolsas, de eternos objetos perdidos, los mosaicos de su piso emulan un oleaje marino. Lo que parece ser una mujer, gira incansable hasta llegar al centro del cuadro en mi pantalla, su vestido se levanta al vuelo, como una flor vibrante, abierta. Nadie me informó al respecto, ¿será una fiesta?, de aire pomposo, a mi parecer; la mujer se detiene en seco, desfallece sobre los mosaicos, levanta el rostro y extiende el cuerpo, sus ojos centellean, directo a la cámara, y es curioso, éstos parecen enmarcados por una especie de antifaz natural, muy como las ojeras que yo misma poseo. Una niña comienza a rodearla, sus movimientos se aprecian titubeantes, llega hasta los pies de la mujer para así desprenderla de las zapatillas de tono contrastante, de cuclillas, la recorre, se inclina y arremete contra ésta, como una criatura amorosa, como los gatos en la infancia.
    Alguien debe haberme hecho una broma, tremenda broma, pero en vez de emitir la risa esperada, los ojos responden con viejas cortinas saladas.

  55. Ella lo miraba con el rabillo del ojo. Él la miraba con un dedo ciego que buscaba con insistencia cuál punto, cuál manía. Ella observaba cuál pena cargaba, cuáles palabras escogía. Él pasaba la vista por sus ademanes. Ella lo engullía queriendo asir sus anteriores Venus, esas que se prendían a él como un collar de marfiles bamboleando sus ritmos. Él la miraba queriendo adivinar sus anteriores faunos, esos que hacían un collar de flautas que atravesaban su cuello. Ella observaba cada centímetro de su piel. Él repasaba cada parte de su piel. El amor se dijo, es un juego de voyerismo, mientras quitaba una mancha que había dejado una huella en el monitor, allí desde el que veía los pixeles de dos mirándose, mientras un acontecimiento ocurría con ellos, o a pesar de ellos.

  56. Hoy no me voy a dormir, me dije. Por eso desde que me senté frente al monitor estiré mis dedos alrededor de los ojos. Sí, para mantenerlos abiertos… Luego no fue tan necesario.
    La cámara ubicada en la entrada trasera dejaba ver el encuentro amoroso de una pareja. Escapaban de la lluvia. Habrán creído que nadie los vería, pero yo sí. Lo vi todo.
    Empezaron con un abrazo largo, luego unos besitos (y al mismo tiempo los arrimones), ella recibe caricias por debajo de la ropa, tal vez el muchacho buscaba los senos de la joven. Vienen de uniforme escolar, tal vez tendrán 16 años. Pienso que ya es tarde para que sigan en la calle, miro el reloj y apenas son las 10 de la noche.
    Apagué y prendí las luces de aquella puerta desde mi lugar, los dos se asustaron y andaban volteando hacía todos lados, se dejaron de toquetear. Yo me estaba atacando de risa…Hasta que vi bien, clarito me di cuenta, la muchachita que estaba ahí tal vez era mi hija.

    Ya estoy corriendo hacia esa puerta porque no señores, no me voy a quedar como sí nada.

  57. – ¡Claro que son unas nalgas!
    – Te digo que no, hombre
    – Mira, mira, como les pasa la mano por abajo, para tantear lo jugosas que están.
    – ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Na!, estar de veladuerme te nubla el juicio. Ésta camarita de seguridad la contrataron los rateros para que les vigilará a ellos. Es una bolsa de basura colgada en la pared, pero nalgas de mujer no creo.
    – Sí, sí, mira. Fíjate como le saborea las redondeces, le agarra las carnes bien rico ese afortunado . Mira, ahí se nota que se la arrima, le aprieta las pompas contra su cuerpo. Eso otro blanco es la mano de él que le agarra la cintura ¿ves como la toca despacito, así como si fuera de pura agua? ¡No se le vaya a desparramar la enamorada entre los brazos!
    – ¡Que imaginación tienes Fidel! A blanco y negro, esas manchitas podrían ser lo que sea.
    Afortunadamente para Fidel, el deficiente sistema de seguridad en Mofles y Amortiguadores del Guadiana le permitió a un ebrio no identificado, rascarse de forma suculenta y sabrosa su retaguardia quien, cuando hubo dado suficiente amor a su cuerpo, se dirigió gozoso a la menudería.

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