Ejercicio 1: palabras en el exterior

Instrucciones para realizar el ejercicio:

1) Recuerda, o imagina, unos momentos de conversación en un café, una escuela u otro lugar público. Como mínimo, un parlamento de un personaje y la respuesta de otro.

2) Transcribe la conversación en forma de un fragmento de diálogo, sin acotaciones (es decir, sin explicaciones más allá de las palabras que se pronuncian).

3) Sin cambiar nada de esa fragmento, y sin atender necesariamente a su origen, crea a su alrededor dos escenas completas y totalmente distintas, compuestas exclusivamente de diálogo. La extensión total del ejercicio (es decir, del conjunto de las dos escenas) no debe pasar de las 400 palabras.

4) Deja tu texto en la sección de comentarios de esta misma convocatoria, en la parte inferior de la página. (Si no ves la sección de comentarios, haz clic en el título de la convocatoria.)


Consejos: el intercambio que imaginaste o recordaste se deberá usar en dos historias o situaciones completamente diferentes. Por ejemplo, supongamos que escuchaste (o imaginaste) lo siguiente, como parte de lo que se dice una pareja al encontrarse en un café:

A: Hola.

B: ¿Cómo estás? Llegas tarde.

Sacándolo de su contexto inicial, esto podría podría ser el comienzo de una escena entre A, una estudiante que llega tarde a la casa de B, una compañera con la que quedó de hacer una tarea. O también podría ser la parte media de otra escena, en la que A, un espía que se ha pasado al bando enemigo, llega con su contacto, B, quien lo espera en una esquina oscura de la ciudad, y a quien A está a punto de traicionar. En ambos casos, el sentido de lo que está sucediendo debería poder entenderse a partir del resto del diálogo.


Tienes hasta las 8:50 (hora del centro de México) de la mañana del día 12 de agosto de 2020 para entregar tu ejercicio. El jurado del Taller Fugaz comentará al menos tres de los ejercicios entregados y seleccionará un ganador durante las 24 horas siguientes a ese momento. El autor o autora del ejercicio ganador recibirá tres puntos, que contarán para determinar quién recibirá el premio que ofrece el Taller.

Cualquier persona que desee hacerlo puede comentar los textos e indicar sus favoritos. La persona que tenga más comentarios de apoyo recibirá un punto adicional.

149 respuestas a “Ejercicio 1: palabras en el exterior”

  1. Qué raro se siente
    ¿Como que raro?
    Si, así como que lo sabes, pero no sabes realmente.
    Yo si lo sé, ¿tú no?
    La verdad prefiero no saber, lo bueno es que estoy platicando aquí contigo.
    Y que, ¿cómo te ha ido?
    Bien, ¿y a ti?
    También, pero creo que seguimos siendo igual de parcos, ¿no te parece?
    Claro, y eso nos dice, que a pesar de ser como somos, sabemos cómo nos sentimos, y es una manera especial, corta y resumida, de saber que todo va de maravilla.
    Si, con eso y con los recuerdos; sabemos que vamos bien.
    Así es, Precisamente viaje con mi familia al parque de diversiones y me recordó cuando fuimos nosotros, obvio ha cambiado mucho, más juegos, además de que nos subimos a todos ellos, ya que cuando fuimos contigo no pudimos.
    O que la………, además a mí no me gustaban esas chingaderas.
    ¿A poco?, ¿deveras?, ni me había dado cuenta, casi no se te daba a ver.
    O pues, lo bueno fue que disfrutamos, lo recuerdo, además de que sentí que ustedes los disfrutaron.
    A poco, ¿lo sientes?
    Si
    Además, te voy a preguntar ¿a ti, como te va?
    UUUUUUUUU, si vieras, así como recuerdo, que mi pasión era ver películas, así me la paso, puras de acción, históricas, así como me gustan, con vuelca de tuerca, es más, me la proyectan antes de salir a premier, Chingón.
    Además de solo levantarse para desayunar, comer, o cenar, lo que más te guste, pozole con tacos dorados quebrados en el caldo, media trompa flotando, ayyy cabrón, de lujo, tacos de cabeza, con cilantro y cebolla y salsa picosa, birria, tostadas de pata, flautas picosas, pero lo más curioso es que no necesitas surrar, es la gloria.
    ¿Vaya, al parecer te va muy bien?
    Claro, igual que a ti, se siente en toda tu familia, estas en la Gloria.
    Que chingón ¿cuándo lo volvemos a hacer?
    Yo te aviso, déjame que va a empezar la película 6 de “¡Yippie-Ki-Yay MotherFucker!”, saludos.

  2. ESCENA UNO
    ─¿Dormiste bien?
    ─No. Ese ruido jamás va a desaparecer.
    ─¿Ya descubriste si viene de arriba o abajo?
    ─Suena en todos lados, es como un quejido zumbón, de esos que taladran toda la atención. No me concentro. Tengo que entregar todo para pasado mañana. Nunca voy a acabar.
    ─Si quieres, voy a ayudarte, y le echamos montón.
    ─No, ya sabes lo que pasa cuando estamos solos, y realmente necesito entregar todo el viernes. Es mi última oportunidad. El doctor Berdeal me dio un ultimátum.
    ─Puedo ir rápido. Me fijo de dónde viene el ruido, lo arreglo y me voy.
    ─El ruido empieza a la una de la mañana.
    ─No importa. Voy y me espero. Al fin no tengo nada que hacer. Te llevo ahorita, duermes, y después te pones a revisar los últimos artículos. Hasta me puedes dictar.
    ─¡Qué no! Bien que te conozco. No en balde llevamos 4 meses. Además, Lupe ya se ofreció a ayudarme.
    ─¿Y si se sabe comportar cuando están solos?
    ─¡Yá párale! Necesito acabar, es mi última oportunidad, y con el ruido no hay quién me ayude. Estoy segura que es Doña Clotilde reclamando su craniecillo.
    ─¿Doña Cleotilde? Mira, mejor lo dejamos para luego. La rareza y tú son uno. El insomnio te ha puesto insoportable. Voy a buscar a Dany para salir un rato.
    ─Sabes qué, haz lo que quieras. Nos vemos luego.
    ESCENA DOS
    ─¿Dormiste bien?
    ─No. Ese ruido jamás va a desaparecer.
    ─Pero ya no te has mareado, ¿verdad?
    ─Ay, ya ni sé. A veces pienso que es la copita de anís que me tomo todas las noches, o la cojera por la gota, o la zapatilla dispareja. Ayer, por ejemplo, antes que llegaras, todo se movía. Parecía que andaba otra vez en el Catamarán de Isla Mujeres.
    ─Ya ni la amuelas, Victoria. Deberías de ir con Hortensia. Tiene el don, y siempre me soluciona todo. Claro, mi ángel protector es Gabriel, el más poderoso, y eso ayuda mucho.
    ─Tal vez saque cita mañana, no me ha llegado el cheque de Fernando de este mes. Debe de andar ocupado con otra “nalgas-miadas”.
    ─¡Victoria! ¡Gobiérnate! Ni te preocupes, yo disparo hoy y la cita con Hortensia.
    ─Ay, Carmen. Siempre tan atenta. Ok. Pásame mi bastón. Vamos a darle una vuelta a Byron y de paso comemos algo en el Estragón. Apúrate, chula.

    1. Excelentes textos Jaime,con narrativas cortas pero q te trasladan al lugar de los hechos, espero continues publicando más para seguirte leyendo !!!

      1. 1
        – Qué es el miedo?
        – No lo sé. Aunque un día leí en el Diccionario del Diablo de Ambrose Bierce que es la sensación de verse privado del futuro inmediato.
        – ¡Pinche loco!
        – ¿Yo por qué?
        – Tú no wey, el que escribió ese libro. Mira que hablar del futuro en estos tiempos.
        – Pues más a mi favor: el miedo es un factor de supervivencia.
        – ¿Neta? ¿Qué sentido tiene vivir con miedo? ¿Sobrevivir sin saber para qué? ¿De eso se trata la vida?
        – Bueno, reconozco que nunca sentí esa sensación como ahora. Hoy vivo con más miedo que nunca. ¿Tú?
        – La mera verdad, yo también. Todo está lleno de dudas, de preguntas de ansiedad. ¡Chale!
        – Que al menos el miedo nos salvara.
        – Pues será el sereno, pero antes de toda esta mierda le temíamos más a nuestro destino.
        – ¿Cuál destino?

        2

        – Qué es el miedo?
        – El único que conozco es el miedo a la muerte.
        – ¿Y lo dices ahora?
        – ¡Yo no me quiero morir en medio de este desastre!
        – ¡Todos nos vamos a morir!
        – Sí pero no en esta maldita soledad.
        – Igual, ya estamos aquí.
        – Si no la libramos, nadie podrá despedirnos.
        – Se suponía que el miedo servia para sobrevivir.
        – Sí, pero preferiste ir a la fiesta. No sé por qué te hice caso.
        – Ya cállate… nadie te obligó.
        – Tienes razón, igual ya era cosa del destino.

  3. ESCENA UNO
    ─Por fin lo encontraron.
    ─Estaba andando como siempre, ¿verdad?
    ─Pues, a lo mejor lo hacía, pero… ya no.
    ─¿Cómo?
    ─Estaba tirado en la Barranca de Tarango
    ─¿Dónde está eso?
    ─Por casa de las Sosa.
    ─Pinche Santiago ¿Pero qué se le había perdido ahí?
    ─Su obsesión y dignidad, nada más.
    ─Ahora si doy por perdida mi antología de Rimbaud.
    ─¿Qué crees? Dicen que era la que estaba leyendo. Segurito que la traía encima.
    ─Pero, ¿cómo la recuperaría? Ni modo que llegue con la tira a decirles que me lo devuelvan.
    ─Ni pedo, mano. Mejor vamos por unas amargas para brindar en su nombre. Allá nos alcanza Roberto. Ya se enteró.
    ─Debe de estar que no lo calienta ni el sol. Pero unas heladas y unos pulquitos difuminarán el dolor.
    ─Eso sí. Acábate tu café con leche y andemos esas calles enamoradas de Santiago.
    ─Qué cursi te has vuelto, me cae. Saca un veinte y ayúdame a pagar.
    ─Ya cállate, copia-barata-de-Verlaine. Vámonos antes que empiece a llover.
    ESCENA DOS
    ─Por fin lo encontraron.
    ─Estaba andando como siempre, ¿verdad?
    ─La mirada perdida y cantando su nombre, así es.
    ─Yo conocí otro abuelo, de más porte, más señorial. De esos que se antoja copiar.
    ─¿Por eso tu pañoleta de satín?
    ─Exacto.
    ─¿Y el sombrero bowler? ¿No te parece demasiado?
    ─Nunca se puede ser demasiado caballero. El abuelo era de los pocos que rescató la herencia del buen decir y andar.
    ─Y por payaso se le fueron las cabras al monte.
    ─Déjate de juego, Antonio. Vamos a ver cómo se siente. Seguramente debe tener miedo de no volver a encontrarla. Nunca superará el abandono.
    ─Esa abuela. A sus setenta y tres, escapándose con el amor de juventud. ¡Qué aventada!
    ─Eso no se hace. Una promesa es eterna.
    ─Así como prometiste dejar de fumar, y mírate de ridículo con la pipa en los labios. ¿Es demasiado copiar las costumbres raras del abuelo, no te parece?
    ─¡Calla! Tu ingenuidad oscurece el honor con que sostengo la grandilocuencia de los Ávila.
    ─Está bien, pero a mí me parece un poco exagerado llegar a Polanco en calesa.

    1. Te felicito, muy interesantes y entretenidas tramas. Tu narrativa hace que uno se identifique con algunos personajes. Las historias aunque cortas, me trajeron algunos buenos recuerdos de personas que ya no están conmigo.

  4. Escena uno:

    —¡No! Adiós.
    —¿Estás loca?
    —No.
    —¿Y entonces? ¿Qué te pasa?
    —Nada.
    —¿Y por qué le dijiste que no? ¿Acaso ya no te gustó el juego?
    —Los vivos siempre juegan a querer hablar con sus muertos.
    —¿Pero cuál es el problema?
    —Pues que ya colgué mi línea.
    —Dirás “los tenis”, ¿no?
    —Da igual. ¡Que nadie me hable!

    Escena dos:

    —Mi hermano se ahorcó frente a mí en un sueño.
    —¿A qué te refieres? No entiendo.
    —A que yo dormía con los ojos abiertos.
    —¿Estás loca?
    —No.
    —¿Entonces fue tu culpa? ¿Lo mataste?
    —Eso creo.

    1. I
      – ¿Te gustó la novela? tu rostro parece decir mucho, pero ahora anhelo, ya sabes, fragmentos muy tuyos.
      – Cuántas veces me quedo pensando en las cosas que hicimos, vivimos y en ti.
      – Son las cosas que hacemos a diario, importantes o no.
      – Si.
      – ¿Si qué?
      – La novela.
      – Besémonos.
      – Y en un mundo quizá imaginario, nos parece divino existir.

      II
      – Me encanta ese dulce.
      – ¿Te encanta el dulce ó el recuerdo en el dulce?
      – Cuántas veces me quedo pensando en las cosas que hicimos, vivimos y en ti.
      – Son las cosas que hacemos a diario, importantes o no.
      – La mezcla, Lola, incluso las moscas.
      – La dulce muerte.
      – Besémonos.
      – Y en un mundo quizá imaginario, nos parece divino existir.

    2. Jaja “…que ya colgué mi línea”, “los tenis” .
      Ellos bien tranquilos en el reposo eterno y los vivos invocando y perturbandolos como si fuera llamada de cobrador.
      Es muy divertida la escena.

    3. Jaja “…que ya colgué mi línea”, “los tenis” .
      Ellos bien tranquilos en el reposo eterno y los vivos invocando y perturbandolos como si fuera llamada de cobrador.
      Es muy divertida la escena.

  5. -¿Y si encendemos la luz?
    -Mejor déjala apagada. De lo contrario, sabrán que estoy aquí.

    ESCENA 1
    -¿Y si encendemos la luz?
    -Mejor déjala apagada. De lo contrario, sabrán que estoy aquí.
    -Es que prefiero verte a los ojos.
    -Tú puedes verme siempre que lo desees, incluso con los ojos cerrados. Pero ellos… es mejor que no me vean llegar. Es preferible que sólo me presientan, que permanezcan en ascuas, que sientan el acecho pero no adivinen la estocada. Así quiero encontrarlos: tensos, alertas, en guardia y, al mismo tiempo, indefensos por completo. Tomarlos por sorpresa. Entrar con la destreza de un ladrón de guante blanco y, victorioso y rendido, instalarme en cada uno de los rincones de tu cuerpo.

    ESCENA 2
    -¿Y si encendemos la luz?
    -Mejor déjala apagada. De lo contrario, sabrán que estoy aquí.
    -Lo sabrán en cualquier caso.
    -Créeme que es mejor que se enteren de mañana. Cuando no haya nada que hacer.
    -Tal vez les gustaría despedirse. La gente necesita entender.
    -En algún momento lo entenderán. No hay nada que un buen psicoanalista no pueda resolver.
    -No entiendo por qué te llaman “blanca”. A mí me pareces oscura, malvada y cruel.
    -¡Claro que soy cruel! La vida es cruel, ¿cómo no habría yo de serlo? Tú a mí, en cambio, me pareces un asistente pusilánime e inútil. A este paso, dudo que alguna vez logres un ascenso. Olvida la luz, haz silencio y salgamos de prisa, que nadie, por muy blanca que sea, desea verle la cara a la Muerte.

    1. Me gustó la descripción de la atmósfera y la manera “gentil” en qué se daría la poseción de un cuerpo, distinta a la que usualmente se ve.

  6. Ejercicio 1: palabras en el exterior.

    Escena 1:
    —Esto ya no está funcionando. No me habías hablado, pasaron tres días, no contestaste mis mensajes.
    —Cada uno necesita su espacio, no tenemos que estar todo el tiempo juntos.
    —Pero una relación no puede ser así, eres mi novia. Quiero poder abrazarte, besarte, no he podido dormir bien, ni siquiera recuerdo cómo se siente tu piel.
    —No soy sólo un objeto para complacerte.
    —Lo sé, obviamente te quiero. Pero ¿no recuerdas lo que sentiste cuando lo hicimos por última vez?
    —No.
    —Dime la verdad.
    —Tal vez lo olvidé.
    —Es imposible que olvides eso. Te importa o no te importa.
    —Si no me importara no estaría aquí.
    —Entonces, ¿esto se acabó?
    —¿Qué es el amor?
    —¿Qué? Yo te amo… si eso querías oír.
    —No, ¿qué es para ti el amor?
    —Supongo que cuando sientes algo por alguna persona, no sólo por el físico, desde el corazón, un anhelo por… no sé, una armonía entre los dos.
    —Bueno. Lo que pasa es que creo no siento eso por ustedes.
    —¿Cómo que por ustedes?
    —Por ustedes, los hombres.

    Escena 2:
    —¿Ya te aflojaron la lengua? Espero que sea suficiente, si no, ellos se divierten invitando a las personas a colaborar.
    —…
    —Creo que deseas ver a tu familia de nuevo, ¿cierto? Verás, en los últimos años hemos encontrado formas eficaces de que tus huesos ni siquiera se hagan polvo.
    —Malditos.
    —¡Mira!, al menos puedes hablar.
    —Yo no tengo nada que decir. Tampoco me voy a culpar de sus fechorías, corruptos.
    —Libertad. Todos buscamos libertad, hijo. Ustedes a su forma, nosotros a la nuestra. Debes entender que buscamos lo mismo, pero hay que hacerlo de la forma correcta, a nuestra forma. ¿Acaso no quieres colaborar? Ya suelta lo que sepas, estamos del mismo lado.
    —Ustedes engañan al pueblo. Siempre actúan conforme a su bolsillo.
    —Dime la verdad.
    —Tal vez lo olvidé.
    —Es imposible que olvides eso. Te importa o no te importa.
    —Si no me importara no estaría aquí.
    —Cierto, muchacho, muy cierto. Yo quise que esto fuera más fácil, pero al parecer no quieres que sea por las buenas.
    —Libertad, ¡ja, ja, ja! No queremos una libertad disfrazada.
    —Todavía eres un muchacho iluso, la realidad no es fácil de cambiar.
    —Nunca, no entienden el significado de las palabras, no entienden lo que es libertad, solidaridad, justicia…
    —¡Llévenselo!
    —¡Un brindis!
    —¿Por quién?
    — Por ustedes, los hombres.

  7. 1
    — La cosa es la siguiente… ¿por qué mi relación no ha funcionado?
    — Sepa.
    — He dado todo lo que tengo, y todo lo que soy para que esto marche bien, y ¿qué ha pasado?
    — ¿Nada?
    — Así es, nada. Cada vez que despierta, ahí estoy viendo su esplendor, en el transcurso del día voy siguiendo cada paso que da, tratando de ayudarlo en cualquier situación, pero jamás se fija en mi.
    — ¿Has tratado de hablar con él?
    — ¿Estás loca? El primer encuentro debe ser natural, y él es el que debe dar el primer paso.
    — ¿Y entonces?
    — Seguir “stalkeando” y tratar de que en algún momento se fije en mi, de forma natural. Sé que es amor verdadero.
    — Si tú lo dices amiga.
    — Lo es y lo comprobaré.

    2
    — Estoy desesperado Azrael.
    — Te escucho Samael.
    — Todos los días estoy allá arriba, trabajando, dándoles todo lo que piden, cumpliendo cada una de sus fantasías, y ¿qué recibo?
    — Por mis cálculos, ya bastantes almas.
    — Sí, pero no todas las necesarias. Algunos se resisten, otros se arrepienten en el último segundo, justo cuando están a tu lado. Por cierto, ¿tienes que ver algo con eso?
    — Por infinita vez, no Samael, yo solo voy a recoger las diversas cosechas, eso lo sabes.
    — Nunca está de más preguntar.
    — Como digas.
    — Pero siempre me quedo con esta cuestión, si el trato siempre es quid pro quo, ¿cómo al final lo pueden romper?, ¿cómo me traicionan en su último suspiro? La cosa es la siguiente… ¿por qué mi relación no ha funcionado?
    — Sepa.
    — Gran ayuda Azrael.
    — Tú sabes como son esos seres, algunos pueden ser muy leales, otros cambian de parecer por miedo en un parpadeo y otros más juegan contigo Samael, pero como veo las cosas, no queda mucho más que seguir con la misma rutina y tratar cada día hasta la eternidad.
    — Puede que si Azrael…, pero siempre es buen momento para una segunda rebelión.
    — Como digas Samael, como digas.

    1. 1

      —Se acabó.
      —¿Qué se acabó?
      —Pues esto. No te hagas güey.
      —¿Por qué?
      —Es que ya no se siente como antes. La emoción ya no es igual.
      —No seas ridícula.
      —¡Contigo no se puede! ¡Esta es la última vez!
      —Pero, amor, esto es lo que nos gusta, lo que nos hace sentir vivos.
      —¿Nos? Te gusta y te hace sentir vivo.
      —Okay, okay. Ya entendí. ¿Podemos platicarlo después? Ya llegamos.
      —Siempre me ha gustado como se ve el reflejo de la luna en este lago.
      —Ya deja de estar de sentimental. Bájate y ayudame a sacarlo de la cajuela antes de que alguien nos vea.

      2

      —Se acabó.
      —¿Qué se acabó?
      —Este cuento.

  8. Escena 1
    —Hola. Qué pena, ¿lleva mucho tiempo esperando?
    — No, tranquilo.
    — Es que con el tráfico del mediodía…
    — Ya le dije que tranquilo. No necesito explicaciones. ¿Lo trajo?
    — Bueno… es que surgió un… ¿cómo decirlo? Un problema. Yo…
    — Ahórreme la excusa. Vuelva cuando lo tenga.
    — ¿Y… estará cuando regrese?
    — ¿No lo ha entendido? Yo siempre estoy, antes y después. Mi tiempo no es su tiempo.
    — Le prometo que… que…
    — ¿Lo puse nervioso?
    —Usted asusta.
    — Se impresiona con muy poca cosa. Póngase en marcha. Ah, le sugiero que evite la autopista sur.
    — ¿Menos tráfico?
    — Menos testigos.

    Escena 2
    —Hola. Qué pena, ¿lleva mucho tiempo esperando?
    — No, tranquilo. Cuando uno está en una celda da igual si espera o no.
    — ¿Y su esposa?
    — No sé, en algún calabozo. Creo que está llevando la peor parte.
    — Mire, voy a ir al grano. Como su abogado, soy el primero en admitir que su caso no se ve muy bien. Me temo que lo mejor es aceptar que cometieron el crimen por instigación, que hubo un autor intelectual que les engañó. El exilio es mejor que la pena de muerte.
    — ¿Muerte? ¡Pero si no hicimos nada malo! ¡Solo teníamos hambre!
    — Yo le creo y, entre nos, también sospecho que todo está amañado. Quieren hacer un ejemplo de ustedes dos.
    —Así que no solo nos van expulsar sino que otro va cargar con la culpa. ¿Y a quién van a achacarle todo? Solo estamos ella y yo.
    —Déjeme compartirle mi idea. No le va a pesar en su consciencia porque a quien acusaremos ya se hizo mala fama por su cuenta; un crimen más no le hará diferencia.
    — Eso no suena muy ético.
    — Déjeme a mí los detalles. Para comenzar, diremos que había una serpiente cerca al árbol.
    — ¿Una serpiente? Eso no tiene sentido…
    — Créame, para ellos lo va a tener.

    1. Me gustaron bastante estos dos cuentos que amalgaman lo mundano con lo sobrenatural.
      Dos diálogos que parecen cotidianos, en cierta manera banales, pero que en unas cuantas líneas nos muestran un mundo mucho más sombrío.
      Una de las cosas más difíciles del minificción es dosificar la información, de tal manera que se den atisbos de una trama mucho más grande, como en el segundo cuento que entendemos, hasta casi terminarlo, los dos personajes a los que se refiere, y nos plantea un enigma que el cuento no busca resolver, simplemente plantarnos la posibilidad que no todo era tan claro, con sólo dos sospechosos en el mundo. El segundo tramo es divertido y misterioso

    2. Una de las cualidades de la minificción es la capacidad –fomentada por la necesidad– de aludir a toda clase de referencias ajenas al texto mismo para ampliarlo, es decir, recurrir al conocimiento compartido con quienes la leen para que cada uno de ellos complete lo que el texto sólo insinúa. Esto se logra de manera excelente, en especial, en el segundo texto, que se las arregla para incluir además una reversión de la historia bíblica, con un escenario impreciso pero que alude a preocupaciones presentes con respecto de la verdad. El primer texto me resulta menos claro, lo cual debe querer decir que me estoy perdiendo una referencia, pero como mínimo consigue una atmósfera siniestra muy clara. Muy bien.

  9. #1

    — Estoy tan aliviada de que haya venido.
    — No hay problema, señora. ¿Me quito los zapatos?
    — Sí, por favor. Ahora, sígame.
    — Adelante.
    — Llamaba y llamaba, pero la compañía dijo que no tenía a nadie que enviar.
    — Lo sé. Uno de nuestros técnicos no apareció el viernes pasado y desde luego hemos sido escaso de personal.
    — No puedo soportarlo cuando la gente me decepciona. Estoy segura de que usted no lo hará.
    — Sin duda, estoy a sus órdenes, señora.
    — Pues, aquí está. Como puede ver, la pantalla está en blanco. Y ahora está empezando a oler a fritanga.
    — Sí, lo huelo. ¿Cuándo fue la última vez que la usó?
    — El fin de semana pasado, supongo. Desde entonces, he tenido que colgar la ropa afuera para secarla.
    — Bueno, vamos a revisarla. A ver, la enchufamos, la abrimos y… ¡Jesús!
    — ¿Qué le pasa?
    — Señora, su secadora está llena de…
    — Ya veo que me va a decepcionar también, igual que el otro tipo. Vas a decir que necesito comprar una máquina nueva, ¿ej?
    — Señora, por favor baje eso.
    — Y pensé que usted sería diferente. Qué bueno que haya al menos una persona en esta casa que sepa usar una herramienta.

    #2

    — Diga.
    — ¿Habitación 714?
    — Sí.
    — Su pedido será entregado en breve, señora.
    — Pero no pedí nada.
    — Aquí dice, “filete tártaro, baguette, una botella St. Emilion, dos vasos, habitación 714.
    — Me temo que haya cometido un error, joven.
    — ¿Oh, sí? Es que la comida está lista, así que…
    — Y estoy segura de que es cara. Honestamente, no puedo soportar ni un problema más hoy.
    — Lo siento mucho. Usted suena…alterada.
    — Es sólo que…
    — ¿Qué? Puede decírmelo, señora.
    — Íbamos a celebrar nuestro aniversario hoy en el hotel donde nos casamos y él eligió este momento para hablarme de…ella.
    — Entiendo completamente, señora.
    — Dios mío, ¿por qué le digo esto?
    — Aquí en el Hotel M, estamos para servirle. La comida ya está hecha. ¿Qué tal si decimos que es cortesía de la casa? De hecho, se la entrego yo mismo.
    . . .
    — Estoy tan aliviada de que haya venido.
    — No hay problema. ¿Me quito los zapatos?
    — No. Sí. Por favor, hazlo.
    — Aquí tiene, señora. ¿El vino es de su agrado?
    — Mmm, sí. Es muy rico. Y tú, eres más alto de lo que imaginaba. ¿Realmente estás para servirme?
    — Sí, por supuesto.
    — Entonces, por favor, ponte cómodo. Porque tengo hambre. Mucha hambre.

    1. Me gustan las dos situaciones planteadas por distintas –incluso considerando lo restringidas que parecerían las posibilidades de contar una vez que se mencionan los zapatos– y porque esa distinción se logra de forma austera y totalmente verosímil, es decir, sin explicaciones forzadas y sin recurrir a referencias intertextuales obvias (el único lugar donde esto se acerca a tropezar es al sugerir el contenido de la secadora en el primer texto, me parece). Como detalle adicional, la agencia de las mujeres protagonistas no se ha visto mucho en las entregas de este año. Muy bien.

  10. 1
    —¿Ya me puedes explicar?
    —Primero se saluda, ¿no?
    —Ah, no sabía que había un código de cortesía para situaciones como esta… ¿Y entonces?
    —¿Entonces qué? Ya lo viste por ti misma, no sé que quieres que te explique.
    —¿Así de fácil se van a ir por la borda seis años?
    —No lo sé, tú tienes la decisión final.
    —Al menos podrías fingir que te importa… fingir que te arrepientes y que deseas continuar esta relación, pero seis años de noviazgo no parecen importantes para ti… Hasta nunca.

    2
    —¿Ya me puedes explicar?
    —Primero se saluda, ¿no?
    —Ah, no sabía que había un código de cortesía para situaciones como esta… ¿Y entonces?
    —¿Entonces qué? Ya lo viste por ti misma, no sé que quieres que te explique.
    —¿Así de fácil se van por la borda seis años?
    —No lo sé, tú tienes la decisión final.
    —Era mi proyecto y lo sabías, al menos podrías fingir que te importa; trabajé seis años, día y noche ¿para que tú te quedes con todo el mérito? No pienso firmar eso, no me importa el dinero, quiero mi reconocimiento… Esto no se va a quedar así.

  11. Primera escena:

    —Ya llegó la pizza, pero…
    — ¿Tiene piña?
    —Parece, pero se ve ¿rara?
    — ¿Qué había pedido Jimena?
    —No lo sé. Debió haber venido ella.
    —No creo que el pedido esté equivocado. Es nuestro castigo por perder la apuesta.
    —Qué horror. Tampoco es para que nos haga comer esta porquería.
    —Ahorita que regrese de la tienda hablaré con ella.

    Segunda escena:

    —La oficina de correos es más grande de lo que creí.
    —Mira todos estos paquetes. ¿Podremos encontrarlo?
    —Busca su nombre.
    —Pero mira: ningún paquete tiene nombre. ¿Cómo sabremos cuál es el suyo?
    — ¿Qué había pedido Jimena?
    —No lo sé. Debió haber venido ella.
    —Ya sabes que estaba ocupada, por eso estamos nosotras aquí.
    —Más que sus amigas parecemos sus sirvientas.

  12. ESCENA 1

    – ¿Ya leíste la noticia?
    – No, apenas voy a comprar el periódico.
    – Ya no gastes, aquí llevo el mío.
    – Gracias. ¿Buenas noticias?
    – Muy buenas, te lo dije, esto tenía que pasar. Yo estoy muy contento.
    – ¿Crees que ahora sí sea enserio?, uno ya ni sabe con esta gente.
    – Espero que sí. Es su última oportunidad de hacer algo.
    – Eso sí. Se están jugando la reputación.
    – Deja tú la reputación, se están jugando la chamba. La gente no les va perdonar si esto no se concreta.
    – Ni me quiero ilusionar porque siempre nos pasa lo mismo. Nada más puras esperanzas.
    – Pues esta vez parece que es la buena.
    – Quisiera creerte, de verdad.
    – Es que no lo has leído, aquí lo dice muy claro. Toma.
    – A ver, ¿en qué página viene la nota?
    – Es la de ocho columnas, ciego.
    – ¿Qué?, ¡No!
    – ¿Qué pasa?
    – ¿Tú te referías a esta noticia?

    ESCENA 2
    – ¿Ya leíste la noticia?
    – No, apenas voy a comprar el periódico.
    – ¿Solo saliste a eso?, mejor regrésate.
    – ¿Por qué?
    – Hazme caso, hay cosas de las que mejor no enterarse.
    – No lo creo, siempre he preferido saber.
    – Esta vez es distinto, créeme, ahórrate el dinero y el disgusto.
    – No te preocupes, no me voy a quedar pobre por diez pesos.
    – Ya casi no te queda dinero en tus bolsillos, entiende, serán los diez pesos peor gastados.
    – Quizás, pero no puedo quedarme con la duda, necesito saber.
    – ¿Cuál duda?, si ya sabías de la boda.
    – Sí, pero por qué ese día, ¡justo ese día!
    – El día es lo de menos.
    – No me lo creo, necesito tener la certeza.
    – ¿Para qué?
    – Para saber si le tengo que esperar o pido mi cambio.
    – Está bien, está bien, te acompaño. Solo revisas la sección de sociales y nos regresamos antes de que se den cuenta.
    – Sí, gracias por entender, no podía esperar hasta noviembre.
    – Anda, apúrate. Sacúdete la tierra, no vayas espantar a alguien.

  13. ESCENA UNO
    -Entonces así es como se siente…
    -Pues sí, ¿qué esperabas?
    -No sé, muchos dicen que observan una luz al final del túnel…
    -¿Y tú la viste?
    -¿Tú qué crees? ¡Te pasó lo mismo!
    -En eso tienes razón, pero hace tanto tiempo de aquel suceso que ya lo olvidé
    -Imposible. Eso no se olvida, es como… el primer beso
    -¿En verdad te atreves a compararlo con un beso?
    -Pues sí, de todas maneras, es la primera vez que muero
    -Y por lo visto, no será la última.
    -¿Por qué dices eso?
    -¿Ves esa luz que parpadea?
    -Sí
    -Es un tren. Al menos esta vez no podrás quejarte de que no viste ninguna luz.
    ESCENA DOS
    -Entonces así es como se siente…
    -Pues sí, ¿qué esperabas?
    -En realidad, esperaba salir del bucle
    -Me temo que no podrá ser posible
    -Entonces así es como se siente…
    -Pues sí, ¿qué esperabas?
    -En realidad, esperaba salir del bucle
    -Me temo que no será posible
    -Entonces así es como se siente…

    1. En este conjunto, el segundo cuento me parece muy logrado, es, al mismo tiempo, una historia infinita y muy, muy breve.
      Es un equilibrio muy difícil el decidir cuánta información dar al lector, hay veces con explicaciones demasiado forzadas, aquí no es necesario saber si están en un viaje temporal, un bucle informático de un mundo virtual o el regreso kármico de las almas, sólo es necesario cuatro líneas para plantearnos una serie infinita.
      Cuando se escribe literatura de la imaginación a veces muchas explicaciones restan magia a la historia.

  14. – Ya terminé.
    – ¿Ya, tan rápido?
    – Si, ¿tú no?
    – Claro que no, a mi aún me falta.
    – Bueno, pues te espero.
    – No te preocupes yo puedo sola.
    – Pff, ¿cómo que sola?
    – Claro, ya estoy acostumbrada.
    – Bueno, mientras voy a ir a pagar y a fumarme un cigarro, que aquí es imposible.
    – Ok, no se te olvide dejar la propina.
    – ¿Cuál propina?
    – La propina que todos sabemos.
    – Bueno, ahorita regreso.

    ….
    – Ya regresé
    -Vale ¿y?
    – Pues nada, ¿ahora si ya terminaste?
    – Si, pero con las prisas me he ensuciado toda.
    – No te preocupes, que llegando al trabajo tienes un cambio de ropa.
    – Ese es el problema, ya que con esto, no sé si me dejen entrar a las oficinas.
    – Verás que si, vámonos que se hace tarde, y en la tarde hay más grillos por aquí.

  15. ESCENA UNO
    —No es la primera vez.
    —No importa, es que así es mejor.
    —No me gusta que se repita y cada vez es más seguido.
    —¿Cuatro días son “muy seguido”?
    —Antes eran más. Ya no te ayudaré, ni te voy a escuchar.
    —¿Estás segura que quieres que le cuente alguien más?
    —…
    Pensaban, como siempre, que estaban solos: se sumergían en la multitud como si los otros fueran cuadros en una galería.
    ESCENA DOS
    —No es la primera vez.
    —Como si lo fuera.
    —Pero no lo es.
    —Eso no importa, debes escucharme.
    —No, no debo.
    —Sí, en parte eres culpable.
    —…
    —Responsabilízate por lo que me has hecho ser.
    Bajaron el cuadro del clavo que lo sostenía, inerte, el guardia, cerca de la puerta, no hizo ni una mueca.

  16. Escena uno

    —Ese ratito le estaban entregando
    —Con razón está tan fresco
    — Sí, tuvimos suerte. Un rato más tarde y ya nos quedábamos sin nada. De hecho, tu papá ya estaba hirviendo ahí dentro
    —Más bien aguanta sin que le dé dolor de cabeza, después de todo el entrenamiento está funcionando
    —Cada vez se pone más duro, ya no podremos conseguir nada si seguimos atrapados así
    —Realmente son inhumanos, marionetas. Lo peor que es contagioso y se propaga rápido, el cerco de Tupac Katari cada vez se va fortaleciendo, ya ni los túneles ayudarán a salir a buscar municiones
    —Escuchaste algo de la resistencia
    —No hay mucha esperanza, los líderes van cayendo contagiados uno tras otro como ratas. Nos están dividiendo, debilitan la poca fuerza que nos queda, la mayoría decidió esconderse en algún agujero y hacerse el ciego
    —Debemos llamar a una reunión de barrio, no dejemos que la desmotivación y desesperanza nos detengan, además tenemos que mejorar nuestra barricada
    —Entendido, preparo ahora mismo el comunicado
    —Espera, hace rato que te veo pálida, dime ¿estás bien?
    —La verdad, ya van unas cuantas horas que me siento rara, es como… si no fuera yo misma
    —…
    —No me mires de esa forma, ya se lo que debo hacer
    Pues hazlo rápido, no permitas que se expanda más

    Escena dos

    —Te estaba esperando, por qué tardaste tanto, sólo era recogerla
    —Ese ratito le estaban entregando
    —Con razón está tan fresco
    —Ten cuidado de no dañarla, un pequeño desperfecto y el personal se dará cuenta que no es la real
    —Realmente crees que esta vez seremos exitosos
    —Deja de ser pesimista, estamos planeando esto desde hace dos años, nada puede salir mal. Hasta estoy usando mis calzones de la suerte, no los lavo hace dos semanas
    —Bueno, roguemos que eso funcione y el olor espante a los guardias
    —¡Shhh, silencio! Concéntrate, ya sabes que hacer

  17. Escena I
    —¿Por qué tardaste tanto?
    —No fue tan fácil mover el cuerpo.
    — Ven, tenemos que irnos antes de que alguien nos vea.
    — No, espera, creo que he olvidado algo.
    — ¿Qué? ¿Qué olvidaste? No me digas que dejaste el arma.
    — No, no es eso, siento que…
    — ¿Entonces qué es? Ven corre, ya casi amanece.
    — No puedo, quiero regresar…
    — No hay vuelta atrás, lo hecho, hecho está.
    — Necesito verlo por última vez.
    — No puede ser Jessica, ¿Qué no te has dado cuenta? él siempre te golpeaba, no vale la pena, lo haz aniquilado.
    — Sí, pero yo no quería que así sucediera, sólo quería asustarlo, que me dejara en paz.
    — Pues ya está, no hay vuelta atrás.
    — Si, pero ahora estoy arrepentida.
    —Ven, al fin podemos hacer lo que tanto deseábamos.
    —No, el me sigue mirando, míralo ahí está.
    — ¿Dónde? ¿Yo no veo nada?
    —Puedo sentir su presencia, su alma se posa en mis adentros…
    — ¿Ya estás delirando? Aquí no hay nada.
    — Lo escucho, escucho que me llama, no se ha muerto del todo. Necesito regresar.
    — ¡No, Jessica! ¡No lo hagas! Deja el arma.
    — he actuado mal, y no merezco seguir con vida.
    — ¿Qué cosas estás diciendo? Date cuenta, eres libre de sus cadenas, por fin haz salido del infierno en el que estabas.
    — ¡Déjame! ¡No intentes tocarme!
    — Regresa conmigo, tu y yo tenemos un futuro.
    —No, sin él no soy nada.
    —¡Jessica suelta el arma! ¡No dispares!
    —¡Por favor! ¡Noooo…!
    Escena II
    —¿Por qué tardaste tanto?
    —No fue tan fácil enterrar su cuerpo.
    —Pero si solo lo tuviste un año.
    —Para mí fue, toda una vida.
    —Tampoco exageres ¡No es para tanto!
    —Tu nunca entenderás.
    —Era más que un compañero, fue un hijo para mí.
    —¿Por qué?
    —Él me amó infinitamente y yo le correspondí.
    —¿Y eso qué?
    —Nunca necesitó de cosas lujosas, ni carros deportivos, ni ropa de marca, solo comida y un techo donde vivir. Nunca sufrió de ansiedad por el tiempo, jamás fue una víctima de este mundo catastrófico y vivió intensamente ¿Qué más te puede dar una mascota que tú no quieras recibir?
    —Tienes razón, ¡Bendita Fidelidad!

  18. – ¿Me la devolverás?
    – Nada vuelve como lo que perdiste.

    Escena 1
    – ¿Me la devolverás?
    – Nada vuelve como lo que perdiste ¿sabes?
    – Un alma no es algo que se pierda de un día a otro y así como así. ¡Y no está perdida, me la robaron!
    – ¿Puedes decir que te la robaron cuando no era tuya en primer lugar?
    – No reclamo su propiedad como mía, solo quiero permanecer aquí.
    – La necesitas para quedarte, entonces eres como un jarrón al que sino le ponen flores será desechado.
    – Dilo con tus palabras o con las mías, no importa, solo solicito tu ayuda para recuperar el alma que tenía conmigo.
    – Conmigo, eso suena mejor, pero será un problema, aun cuando venga conmigo, no se reconocerán y todo trato podrá invalidarse.
    – No veo eso como un problema, sino como un laberinto para recorrer con ella.
    – Te haces promesas en el agua, tu magia desaparecerá muy pronto y regresarás a la raíz del árbol del cual saliste.
    – Si nunca habías visto una anomalía como yo, no pienses que todo será igual.

    Escena 2
    – Si es cierto lo que plantean las computadoras, cada fragmento de amperios, calor y sinapsis recolectado aumenta las probabilidades de recuperar la información perdida. Así que sí, lo eliminado puede ser recuperado, pero no puedo asegurarte que al recuperar la información los hechos subsecuentes sean lo que esperas.
    – Pero… ¿me la devolverás?
    – Nada vuelve como lo que perdiste.
    – Sí, ya lo dijiste y entiendo los riesgos, pero yo necesito esa información, los códigos siguen ahí, nuevos avances para la vida están por venir, no me obligues a matarte de nuevo.
    – Soy la copia de una copia en el infinito, desconectarme no ejerce ningún cambio en el circuito de acciones en este lugar.
    – Necesito que funcione.
    – La recuperación está a noventa y ocho por ciento. Repetir procesos inútiles y peligrosos es digno de ustedes, la vida dentro de la nave puede verse comprometida. ¿deseas recuperar la información almacenada en cuarentena?
    – Sí, Sí, ¡SÍ!
    – Recuperando información al cien por ciento. Error, falla en suministro de aire, error, falla en circuitos eléctricos. Perdida de oxígeno inminente, corte de energía inminente, nave a la deriva. Error, falla en suministro de aire, error, falla en circuitos eléctricos. Perdida oxíg inminente, corte energía inmi, nave a la deriva. Error, fall…

  19. ESCENA 1
    – ¿Ya leíste la noticia?
    – No, apenas voy a comprar el periódico.
    – Ya no gastes, aquí llevo el mío.
    – Gracias. ¿Buenas noticias?
    – Muy buenas, te lo dije, esto tenía que pasar. Yo estoy muy contento.
    – ¿Crees que ahora sí sea enserio?, uno ya ni sabe con esta gente.
    – Espero que sí. Es su última oportunidad de hacer algo.
    – Eso sí. Se están jugando la reputación.
    – Deja tú la reputación, se están jugando la chamba. La gente no les va perdonar si esto no se concreta.
    – Ni me quiero ilusionar porque siempre nos pasa lo mismo. Nada más puras esperanzas.
    – Pues esta vez parece que es la buena.
    – Quisiera creerte, de verdad.
    – Es que no lo has leído, aquí lo dice muy claro. Toma.
    – A ver, ¿en qué página viene la nota?
    – Es la de ocho columnas, ciego.
    – ¿Qué?, ¡No!
    – ¿Qué pasa?
    – ¿Tú te referías a esta noticia?

    ESCENA 2
    – ¿Ya leíste la noticia?
    – No, apenas voy a comprar el periódico.
    – ¿Solo saliste a eso?, mejor regrésate.
    – ¿Por qué?
    – Hazme caso, hay cosas de las que mejor no enterarse.
    – No lo creo, siempre he preferido saber.
    – Esta vez es distinto, créeme, ahórrate el dinero y el disgusto.
    – No te preocupes, no me voy a quedar pobre por diez pesos.
    – Ya casi no te queda dinero en tus bolsillos, entiende, serán los diez pesos peor gastados.
    – Quizás, pero no puedo quedarme con la duda, necesito saber.
    – ¿Cuál duda?, si ya sabías de la boda.
    – Sí, pero por qué ese día, ¡justo ese día!
    – El día es lo de menos.
    – No me lo creo, necesito tener la certeza.
    – ¿Para qué?
    – Para saber si le tengo que esperar o pido mi cambio.
    – Está bien, está bien, te acompaño. Solo revisas la sección de sociales y nos regresamos antes de que se den cuenta.
    – Sí, gracias por entender, no podía esperar hasta noviembre.
    – Anda, apúrate. Sacúdete la tierra, no vayas espantar a alguien.

  20. UNO
    -Oye, como que el Verde dejó de moverse, ¿no?
    -Ya ha de estar pedo… tú qué sabes lo que toman allá de donde viene… a lo mejor le cayó a toda madre esta cosa… a lo mejor ni toman.
    -Pinche Verde, ni aguanta nada.
    -¿Pinche Verde? Pinche frío.
    -Verde, despiétate, ya nos vamos.
    -¿Verde?
    -A ver, dale un empujón.
    -Verde, vámonos.
    -Oye, ¿está respirando?
    -No sé, ¿estas madres respiran?
    -No mames, ¿y si se nos enfrió el Verde?
    -No, cállate. El pedote en el que nos metemos.
    -Mejor vámonos y los curas en tu casa con algo…
    -¿En mi casa? Ah, chinga. Pero yo no lo encontré.
    -Ni yo; el cabrón me siguió del llano para acá.
    -¿Y qué hacemos? Mames, ¿y si vienen a buscarlo y descubren que lo dejamos frío? Van a venir a torcernos en sus naves, cabrón.
    -No, cállate… que esas madres sí me dan un chingo de miedo. Vámonos… chinguesumadre, jálate.
    -Pero, ¿lo vamos a dejar aquí?
    -Pues hay que echarlo ahí en la jardinera, a lo mejor las plantitas le hacen bien.
    -No digas mamadas… a ver, ayúdame.

    DOS
    -Ay, don Carlos, cuánto amoor… me extrañaba mucho, ¿vea?
    -Ay, Zuleima, pero cómo ño, corazón. Y con estos fríos, un abracito… así juntitos, así… así… para hacernos calorcito.
    -Ay, ay… bueno sí, pero, a ver, espérese, don Carlos, que aquí pasan mucho los coches y los postes nos alumbran mucho. Además ya sabe que primero lo que deja… y luego lo que quiera.
    -Bueno… bueno, a ver, toma. Pero vamos, mi cielito… ándale… vamos.
    -Véngase, un poco más adentro, allá entre los arbustos… allá no pasa nadie.
    -Ay, preciosita… agrrr. Aquí… aquí… ven… ven…
    -Ay, Carlos, cuánta pasión, cuánto deseo… usted sí es todo un semental. Ay? Mi Charly…
    -Ay, mi reina hermosa… así, ven… sí, así…
    -Ay, diooos mío.
    -¿Te gusta?
    -¿Y ese tieso?
    ¿Te gusta?
    -Pero está muerto.
    -¿Qué?
    -Ay, dios mío… un muerto. Ay, no. ¿Qué es eso?
    -Ah, su madre. Pero si eso no es una persona…
    -¿Se está moviendo?
    -Corra, Zuleima… corra…
    -Ay, dios mío… Auxilio… Auxilio…
    -Corra y no se detenga… vámonos…
    -Auxílio… Ay, auxilio… Un marcianooooo…

  21. Escena 1
    —El agua se lo llevara.
    —No me iré sin el.
    — No hay tiempo ya.
    — Me llevaré su ropa.
    —¡Verónica ya, por favor!
    —Quisiera morir con él.
    —Pero él ya estaba enfermo.
    — Bendícelo Señor.
    —En algún lado lo volveremos a ver.
    Escena 2
    —El agua se lo llevara.
    —No me iré sin el.
    —Te volveré a comprar otro.
    —¡Pero mamá, yo quiero uno como este!
    —Si hijo, pero comprende es de papel y se puede hundir.
    —Pero llevaba mi nombre.
    —Ven, vámonos, comienza a llover.
    —Mira, Mamá, ¡no se cae! puedo verlo desde aquí.
    —Te estás mojando todo.
    —Jugar con agua no es malo mamá ¿Tú porque no lo intentas?

  22. Escena 1
    -Ya en serio. Hay que ser realistas, ya se nos pasó el tiempo.
    – Tu sabes que físicamente aún es posible. Tu tía…
    – Sí, pero lo de ella fue algo… por no decir… milagroso
    – Entonces yo digo que empecemos a pensar en…
    – Te he dicho que yo no quiero esa opción. Y recuerda que por la edad que tenemos ya no calificamos para uno recién….
    – A mi me dijeron que si lo conseguimos en otro país, ya una vez aquí, mi contacto nos conectarían con un juez que nos facilitaría el papeleo y el trámite.
    – Algo mejor se nos ocurrirá.
    – Espera, cállate.

    Escena 2
    -Ya en serio. Estoy pensando en que mejor sí…
    -Pero aún no pasa el mes. Aún es sencillo el procedimiento.
    -Me sigo despertando por las noches recordando ese video.
    -¿Y la universidad?
    -Puedo regresar a terminarla, solo me atrasaría un año.
    -Pero y después ¿quién lo cuidaría?, recuerda tus planes.
    -Ya se resolverá.
    -Te prometo que esta vez será diferente.
    -¿cómo que diferente?
    -Esta clínica, si tienen experiencia en casos como el tuyo.
    -¿Cómo el mío? ¿qué te pasa pendejo?
    -perdón, el nuestro.
    -Ya no digas nada.
    -Esta bien. Por fa, no levantes tanto la voz, siento que todos nos están escuchando.

  23. Escena 1
    – Ya en serio. Hay que ser realistas; ya se nos pasó el tiempo.
    – Tu sabes que físicamente aún es posible. Tu tía…
    – Sí, pero lo de ella fue algo… por no decir… milagroso
    – Entonces yo digo que empecemos a pensar en…
    – Te he dicho que yo no quiero esa opción. Y recuerda que por la edad que tenemos ya no calificamos para uno recién….
    – A mi me dijeron que si lo conseguimos en otro país, ya una vez aquí, mi contacto nos conectarían con un juez que nos facilitaría el papeleo y el trámite.
    – Algo mejor se nos ocurrirá.
    – Espera, cállate.

    Escena 2
    -Ya en serio. Estoy pensando en que mejor sí…
    -Pero aún no pasa el mes. Aún es sencillo el procedimiento.
    -Me sigo despertando por las noches recordando ese video.
    -¿Y la universidad?
    -Puedo regresar a terminarla, solo me atrasaría un año.
    -Pero y después ¿quién lo cuidaría?, recuerda tus planes.
    -Ya se resolverá.
    -Te prometo que esta vez será diferente.
    -¿cómo que diferente?
    -Esta clínica, si tienen experiencia en casos como el tuyo.
    -¿Cómo el mío? ¿qué te pasa pendejo?
    -perdón, el nuestro.
    -Ya no digas nada.
    -Esta bien. Por fa, no levantes tanto la voz, siento que todos nos están escuchando.

  24. ESCENA UNO
    ─ ¿Pasarás primero por esa calle?
    ─ Aún no, prefiero que sea la última que recorra ésta noche
    ─ ¿Estáis seguro? Si encuentras buenas noticias a tu paso, la noche te será menos pesada, o si por el contrario las noticias son funestas, podré hacerte compañía lo que queda de la noche, sabes que voy en ésa dirección.
    ─ Te lo agradezco, pero esperaré un poco más, además ya les di a mis los muchachos el trayecto que recorreremos. No me consideres un cobarde, pero necesito tener temple y darles valor pues la noche será larga y pesada.
    ─ Está bien, entonces aquí nos despedimos, diles que no toquen los cuerpos, he visto que las manos es lo primero que se ennegrece, afortunadamente ayer sólo fueron ocho cuerpos, la muerte ya se aleja de la ciudad, tal vez no tocó la puerta de tu casa.
    ─ No me des esperanzas, llevo en mi saco las cartas que me han escrito, no las he abierto.
    ESCENA DOS
    ─ ¿Pasarás primero por esa calle?
    ─ Aún no, prefiero que sea la última que recorra ésta noche
    ─ ¿Estáis seguro? Si encuentras buenas noticias a tu paso, la noche te será menos pesada, o si por el contrario las noticias son funestas, podré hacerte compañía lo que queda de la noche, sabes que yo caminaré hacia otro lado de la ciudad.
    ─ Está bien, esperaba primero visitar a todos, no quería que vieran la pesadumbre en mis ojos, pero que estés a mi lado, siendo mi mejor amigo, me dará valor.
    ─ Ánimo, ya llegamos, no cierres los ojos. Tu nombre está abajo del mío, como siempre desde el jardín de niños.
    ─ Por favor sostenme, no soy tan fuerte como todos creen, tú lo sabes.
    ─ Valor, abre los ojos, ve hacia donde apunta mi dedo, no desesperes, esta pesadilla terminará. Vez, tu no irás al frente querido amigo. ¡Ve! abraza a tu madre, consuela a tu esposa, la noche es oscura y merece tu cariño.
    ─ No, no es verdad… ¡Tú no deberías ir! ¿Por qué no me dijiste? ¿Qué clase de broma es ésta? ¿Acaso tomaste mi lugar?
    ─ Adiós querido amigo, seca tus lágrimas, no te daré explicaciones. En la mañana pasará el tren, cuida a mi padre, no le puedo dar yo la noticia, toma ésta carta y dásela. Adiós querido amigo.

  25. I
    —¿Qué le pasa?
    —Le cayó un tabique en la cabeza.
    —¿Puede caminar?
    —No. Se ha desmayado.
    —¿Puede hablar o abrir los ojos?
    —No. Está inconsciente.
    —Entonces le pondré en la lista para tratamiento especial.
    —Muchas gracias enfermera. Por favor, que sea un buen doctor.
    —Sí. La Doctora Manríquez, lo revisará.
    —¿Es buena?
    —Es nuestra mejor neurocirujana. Su amigo estará en buenas manos.

    II
    —¿Qué le pasa?
    —Le cayó un tabique en la cabeza.
    —¿Puede caminar?
    —No. Se ha desmayado.
    —¿Puede hablar o abrir los ojos?
    —No. Está inconsciente.
    —Entonces le pondré en la lista para tratamiento especial.
    —¡No! ¡Por favor Doctor Mengele! Sólo está desmayada.
    —Si no puede trabajar, no debe estorbar aquí en Auschwitz, ni en el mundo.

  26. Escena 1
    —¿Cuántos son?
    —Tres adultos, un niño.
    —¡Vaya! Los niños siempre son difíciles. Uno nunca se acostumbra…
    —…no importa el tiempo que lleves haciéndolo.
    —Ya te lo sabes, ¿eh?
    —Siempre lo dice y me parece muy cierto. Pensé que no tendríamos tanto trabajo.
    —¿Por qué? ¿Por las fechas?
    —Supongo.
    —Vas empezando. Ya te darás cuenta que en cuanto entras aquí el tiempo no importa. ¿Eran familia?
    —Los adultos sí, eran hermanos. El niño sólo estuvo en el lugar y momento equivocados.
    —Vaya regalo de navidad, ¿no crees?
    —Nunca había visto a alguien así.
    —Yo sí.
    —¿Quién? ¿Mujer, hombre?
    —Mi hijo
    —Lo siento, yo no…
    —¿Empezamos?
    —Sí.
    —Comenzamos examen externo. Infante, masculino, 7 años aproximadamente. Presenta quemaduras de tercer grado en el noventa por ciento del cuerpo…

    Escena 2
    —Está enfrente, viendo de un lado a otro. Yo creo que sí la despistamos.
    —Quítate de la ventana que nos va a…
    —Demasiado tarde, está volteando hacia acá.
    —Ya, Beatriz. Suelta esa cortina.
    —Nunca había visto a alguien así.
    —Yo sí.
    —¿Dónde?
    —¿Si te digo no te burlas?
    —Pues si me sales con una ridiculez, sí me voy a reír amiguita.
    —La primera vez fue en…
    —¿La has visto más de una vez? ¡Qué miedo!
    —Sí. Fue en un sueño y pues se me había olvidado hasta que la volví a ver en la calle, siguiéndome cuando iba a la escuela.
    —¿Segura? A mí se me hace que es por tanta cosa rara que te gusta y andas inventando tus propias historias. Sólo ha de ser una pobre señora loquita. Es más vamos a ver que… ¡No mames!
    —¿Qué? ¡No me asustes!
    —Me…me vio y sa…saltó
    —¡Bety, cálmate! ¿Cómo que saltó? ¿A dónde?
    —Al árbol. Es…está en el árbol. Me sonrió y… ¿Escuchas?
    —Es el viento que mueve las ramas. ¿Ahora quién es la que inventa historias?
    —No son las ramas, es…
    —…la escalera…

  27. 1
    -Fui por un poco más de azúcar, este café está amarguísimo.
    ¿Ya pensó en lo que le dije?
    -No sé que hacer, esto es desesperante en verdad. En los últimos meses había mostrado una mejoría, pero justo hace una semana tocó fondo, se puso muy mal
    -Hermana, es evidente que necesita nuestra ayuda. No se desanime, ¿qué le parece si agendamos una cita para él? Todo será supervisado por expertos en casos de posesión.
    -En estos días nos entregan los estudios médicos, quizá sea conveniente revisar antes la nueva valoración del psiquiatra
    -Ustedes… él muchacho es nuestra mayor preocupación ahora. La comunidad ya le tiene contemplado en las peticiones dominicales
    -Agradezco mucho su interés, pero antes tendré que consultar con su madre, ella tiene la última palabra sobre mi nieto.

    2
    -¿Qué le parece si agendamos una cita? Todo será supervisado por expertos en estos casos de posesión?
    -Estoy desesperado, por más que he querido enderezar mi vida, todo parece estar en mi contra
    -Déjelo en nuestras manos, al parecer tiene la ventaja de haber sido por primera vez
    -Se ve que usted es una mujer con mucha experiencia en estos asuntos, sin ofender
    -Debe saber que será más difícil para usted en adelante, si decide que este acto no fue “debut y despedida”.
    Firme aquí y nuestros abogados calificados en ley criminal se harán cargo de su situación jurídica particular.

  28. I
    —¿Los escuchas? Son como tambores.
    —Sólo puedo sentir el temblor en mis piernas.
    —Pum, Pum, Pum, suenan como me los imaginaba
    —Debería de ser de otra manera, siento que no podré.
    —Vamos, eres fuerte, soportarás, por eso te elegí.
    —Pensé que había sido…
    —¿Destino? El destino es que salgamos vimos de esto.
    —¿Vivos? ¿Tan complicado es?
    —Complicado, doloroso, quién sabe, depende de cómo te comportes.
    —¿Tienes algo para protegernos?
    —Una cruz, ¿Qué más necesitas?
    —Lo pregunto en serio.
    —Pum, Pum, Pum ¿Puedes sentirlo?
    —Espera, espera, sólo dame unos segundos para respirar y lo haremos.
    —¿Listo?
    —Todavía no
    —Sostenla
    —Está fría y pesada
    —Quítale el seguro, a mi cuenta te asomas y le tiras en la puta cabeza, si ves que se sigue moviendo le vuelves a dar en la cara, en el pecho, donde caiga, hasta que quede tieso como una piedra.
    —¿Y si dispara primero?
    —Para eso es la cruz, bésala.
    —¿Listo?
    —Ya
    —Uno, dos …
    —¿Por qué no vas tú?
    —Ya te dije, yo voy por el dinero, tú por el banquero.
    —Una, dos …
    —Yo puedo cargar el dinero, soy más rápido
    —Y menos experimentado.
    —Tú manejas mejor la pistola, tienes mejor puntería, yo a penas…
    —… Tres.

    II
    —Maldigo la vacuna.
    —Deberías de maldecir el virus.
    —¿La pierna? ¿la puedes mover?
    —No, pero ya no importa, bájame aquí y lárgate, todavía te puedes salvar.
    —¿Salvarme de qué? Por dios tengo tanto miedo, ¿No hay otra forma?
    —Conoces el camino hasta la carretera, una vez que llegues ahí no voltees para atrás.
    —¿Qué son? ¿Personas, zombis o vampiros?
    —Vacunados.
    —Lo sabía, estaba en fase de prueba, nosotros fuimos sus conejillos de…
    —Silencio, hijo, silencio. No querrás que nos encuentren.
    —Te llevaré cargando hasta el auto.
    —¿Los escuchas? Son como tambores.
    —Sólo puedo sentir el temblor en mis piernas.
    —Pum, Pum, Pum, suenan como me los imaginaba
    —Debería de ser de otra manera, siento que no podré.
    —Vamos, eres fuerte, soportarás, por eso te elegí.
    —Pensé que había sido…
    —¿Destino? El destino es que salgamos vimos de esto.
    —¿Vivos? ¿Tan complicado es?
    —Complicado, doloroso, quién sabe, depende de cómo te comportes.
    —¿Tienes algo para protegernos?
    —Una cruz, ¿Qué más necesitas?
    —Lo pregunto en serio.
    —Pum, Pum, Pum ¿Puedes sentirlo?
    —Espera, espera, sólo dame unos segundos para respirar y lo haremos.
    —Ve tú, hijo, que por eso te elegí.

  29. 1.

    –¿Quieres beber algo? ¿Tienes hambre?
    –No. Sólo quiero ir a mi casa.
    – Relájate, amor, acabamos de llegar.
    –No me gusta este lugar. ¿No podemos ir a otro?
    –A mis amigos les gusta aquí. Se mueren de ganas por conocerte. No tardan en llegar.
    –Ya es tarde. Mi mamá se va a enojar cuando se dé cuenta que no estoy en mi habitación.
    –Aún es temprano. Nos divertimos un ratito y te voy a dejar. ¿Acaso no confías en mí, preciosa?
    –Sí. Es sólo que… me imaginé un lugar diferente, con más gente, más luz.
    –No te preocupes, mi reina. Ellos también traen a sus novias. Verás que hasta haces nuevas amigas.
    –¿Tú crees? Oye, ¿no te parece que el vestido que me regalaste está muy escotado?
    –Te ves re’ chula, mi vida. Esas piernotas están para comérselas.
    –Ay, Rodrigo, me chiveas cuando me dices esas cosas.
    –Mira, ahí vienen mis cuates. No te levantes. Tú tranquilita. Mira, princesa, te aconsejo que no te alteres. Si cooperas, todo va a ser más fácil.
    –¿De qué hablas Rodrigo? ¿Qué está pasando?
    –Sí, esta es la morrita. Ya saben, primero la lana. Eso es todo. Pues se las dejo. Es toda suya. Trátenmela bien que es su primer día.
    –Rodrigo, ¿a dónde vas? ¿Quiénes son estos hombres? No me dejes. ¡Rodrigo! ¡Suéltenme! ¡No!

    2.

    –¿Qué calle es esta?
    –Es la avenida San Juan. No, espera. Me equivoqué. Es la calle San Mateo. Sí, ya la recuerdo bien. En la siguiente esquina está la barbería de Pancho y del otro lado la fonda de doña Chuy, a donde llevaba a mi señora por birria los domingos. ¿Y si pasamos a saludarla?
    –¿Y dónde queda la avenida Revolución? Pero doña Chuy ya murió hace unos años, ¿no?
    –¿Apoco sí? Parece como si la hubiera visto apenas ayer.
    –De veras que ya estás senil. Por eso nos miran tan raro, como a un par de loquitos.
    –Viejo loco, tú. Por lo menos yo sí sé llegar a la colonia.
    –Eso me dijiste hace tres días.
    –Ya falta poquito. Cruzamos el canal y ya llegamos.
    –Mira, mi zapato ya se rompió. Me duelen los pies y ya estoy muy cansado.
    –¿Quieres beber algo? ¿Tienes hambre?
    –No. Sólo quiero ir a mi casa.
    –No seas quejumbroso, ya estamos cerquita.
    –Descansemos un ratito. Ya no puedo más.
    –Levántate. Ánimo. Sólo piensa que ya no regresaremos a ese mugroso asilo.

    1. Me gusta cómo retratas en tan breves textos, primera escena, la realidad de la trata de personas. Y en la segunda escena, la condición de muchas personas de la tercera edad.
      Gracias.

  30. I.

    -Te amo.
    -Yo también te amo.
    -Flaquita, emmmm… tengo algo que decirt…
    -¡No! ¡Aún no!
    -Pero…
    -Nos vemos en el segundo receso. Me toca métodos.
    -…

    II.

    -¡Eso! Ya vamos 25 a 15 eh. Quien pierda invita algo de la cafe.
    -¿A dónde vas? Vamos perdiendo.
    -Tengo algo que hacer.
    -Pero no tardes.
    -Trataré.
    -Oye…
    -¿Me vas a preguntar qué si quiero ser tu novia?
    -Si… Digo… Eso quería pero…ya no.
    -¿Por qué?
    -Porque te amo.
    -¿Y eso que signif…?
    -Aún la amo. Aún la amo…
    -Okay…
    -¡Espera! ¡No te vayas! O tal vez lo mejor para ti es irte…
    -Eso fue rápido.
    -¿Por qué la cara larga? No me digas que te batearon.
    -Pásame el balón.
    -Vamos dos canastas abajo.

  31. EJERCICIO 01
    —¡Quién como tú! que apenas vas entrando.
    —Para nada, es mi segundo turno. Tuve que ir arriba primero, antes de mi horario, pues llegó mucho trabajo.
    —Uy.
    —Lo peor es que los cuchillos de allá casi no tienen filo; si escucharas cómo se quejan…
    —¿Y eso?
    —Que si los nopales aún tienen espinas, que si están mal cortados. Aguas con esos que llevas en la bolsa, revísalos, no te vayas a espinar.

    EJERCICIO 02
    —¡Quién como tú! que apenas vas entrando.
    —Para nada, es mi segundo turno. Tuve que ir arriba primero, antes de mi horario, pues llegó mucho trabajo.
    —Uy.
    —Lo peor es que los cuchillos de allá casi no tienen filo; si escucharas cómo se quejan…
    —¿Y eso?
    —Ya sabes, los jefes que no quieren que haya mucho ruido, y pues así está difícil. Aguas con la bolsa que llevas, aún escurre sangre, no te vayas a salpicar.

  32. UNO
    – ¿Estás pálido?
    – No siento la cara, me duele el estómago, lo único que siento son las miradas de todos.
    – ¿Qué hiciste?
    – Aún no lo sé. Solo sé que nos va a doler.
    – Calma. Tómate esto.
    – Prefiero tener la boca seca, por si es necesario que me la rompas, no quiero que nada la lubrique.
    – Nada haría que te golpeara. Tranquilo.
    – Solo estábamos jugando.
    – ¿De qué hablas?
    – Se cayó.
    – ¿Quién?
    – Corrí. Quiero que seas la última persona que vi en libertad.

    Dos

    – ¿Estás pálido?
    – No siento la cara, me duele el estómago, lo único que siento son las miradas de todos.
    – ¿Qué sucede?
    – No quiero volver a verte. Vete.
    – Vamos a sentarnos.
    – Prefiero estar de pie para salir corriendo más rápido.
    – No dejaré que te vayas.
    – Dejó de ser opcional, lo mataste.
    – ¿Qué?, ¿A quién?
    – A Dios.

  33. [Conversaciones pandémicas]

    – ¡Hola!, ¿Cómo estás?
    – Mejor, hoy me sentí mejor. Gracias por preguntar.

    – ¡Hola!, ¿Cómo estás?
    – ✅✅

    1. Ultracorto y divertido. El lenguaje en nuevos tiempos.
      Bien utilizado, el recurso gráfico en el texto puede darnos mucho juego en las minificciones, las palabras cortadas para denotar que se hace un silencio súbito, las líneas negras de censura sobre un texto que se congratula que ha escapado a la censura, nos ayudan a un juego en donde la forma ayuda al fondo.

  34. -¿Ustedes eran alumnos de Elif?
    -Sí
    -Hay era un excelente maestro
    -Sí, nos llevaba comida a las clases y siempre tenía muy buenas dinámicas
    -Lo imagino. Una vez lo invité a uno de mis conciertos y al final cuando lo saludé me enseñó un morralito que llevaba, y sacó de él unas ratas, dijo que eran sus mascotas, ¡loco!

    -¿Ustedes eran alumnos de Elif?
    -Sí
    -¿Y cómo era?
    -Era bien chido
    -Cht, ese wey era un cerdo, siempre fue bien cerdo, una vez estábamos tomando y un wey le dijo algo y todos nos reímos de él, el Elif estaba sentado, se paró, se puso a murmurar algo y se le dejó ir, le picó la cabeza con una punta y sólo nos dijo, ¡Ese wey me hizo emputar, me hizo emputar!

  35. – Entonces, ¿qué hiciste?
    – ¡Eso, tomé mucho aire, dejé de respirar, me sumergí hasta el fondo de esa alberca, la de la derecha, me impulsé y toqué el fondo, luego emergí y la ví.
    -!¿ahí en la alberca?
    – Afuera.
    – ¿Qué hacía ahí?
    – Obviamente se enteró de que las llaves que estábamos buscando estaban dentro, quiso venir a distraerme, embaucarme una vez más mintiendo sobre su participación en el crimen. Pero fue precisamente su presencia ahí lo que la delató. Es increíble que habiendo sido tan astuta todo el tiempo cayera por algo así.
    – ¿Cómo supiste que era la de la derecha? No habría habido tiempo de buscar en las dos.
    – Fácil, sus ojos estaban evitándola todo el tiempo durante la caminata que dimos antes, la de la izquierda no le provocó esa reacción. Pero tienes razón, fue casi como tirar un volado.
    – Felicidades, nadie más lo hubiera resuelto. Ahora mismo están abriendo la caja donde, cómo anticipaste guardó El Rosario de la monja a la que envenenó, el mismo con la que la torturo todos esos años.

    – Entonces, ¿qué hiciste?
    – ¡Eso, tomé mucho aire, dejé de respirar, me sumergí hasta el fondo de esa alberca, la de la derecha, me impulsé y toqué el fondo, luego emergí y la ví.
    – ¿ahí en la alberca?
    – Afuera.
    – ¿y qué hiciste entonces?
    – La verdad creí que era mi imaginación, la esperé tanto tiempo que creí que era simplemente uno de mis sueños despierto.
    – ¿Cómo te encontró?
    – Fue justo cuando dejé de esperarla que decidió que era momento de venirse, de haber sabido me habría alejado antes. Solo tomó las pistas que siempre estaba inconscientemente dejando.
    – De lejos vi que ella estuvo en la alberca contigua todo el tiempo. ¿Porque?
    – No me reconoció. Perdí el cuerpo atlético que había construido para ella meses atrás, también perdí el otro cuerpo desagradable de la depresión de haberla perdido. Yo era casi un desconocido.
    – ¿Y entonces?
    – En su bocina sonaban un grupo de canciones que juntas no podía ignorar. Ella esperaba que llegara de fuera. Pero ahí estábamos. Semi – desnudos, más viejos y muy cansados.
    – ¿Porque recibirla, estás seguro?
    – Estoy seguro cada vez que la miro y me siento en casa. Cada vez que toma mi mano y siento calma. Cada vez que el drama, la zozobra, la tristeza, lo absurdo del mundo deja de serlo. Ambos nadábamos sin sentido, solo hacía falta dejar las albercas.

  36. – Confieso que fue muy fácil reconocerla.
    – ¿Aún con lo terrible de las fotografías?
    – Habría podido saber quién era sin que me diera ninguna. Hay cosas que se conocen no sólo por lo que vemos.
    – ¿Y cómo supo entonces?
    – Por como habló usted de ella. Recuerdo lo que me dijo la primera vez que vino, mientras llenaba de sudor su sombrero de tanto retorcerlo entre sus manos. Por mi oficina pasan muchos padres, maridos, esposas, ¿sabe? Uno se va dando cuenta de las cosas que en verdad importan.
    – La verdad no tengo memoria de lo que le dije aquel día. Sé que vine con la paga entera en el bolsillo para entregárselo completo, si eso fuera lo que usted cobraba. Debo haberle parecido ridículo.
    – Para nada. Me parecen más ridículos los que no hacen nada respecto a sus sospechas. Aquellos que eligen tragarse las dudas todos los días y vivir como si no las tuvieran ahí, carcomiéndoles las entrañas. Eso no es vida.
    – Justo cuando venía hacia acá me parecía que perdía el valor de escuchar sus hallazgos a cada paso. Como si en verdad me fuera posible pretender que nunca había venido. Como si no quisiera saber.
    – Créame, con el tiempo. Esto le dará más paz de lo que imagina.
    – Eso espero.

    – Lamento que nos volvamos a encontrar en estas circunstancias.
    – Extrañamente me alegro que esté aquí. Al menos es una cara familiar y que además conoce un poco más de, digamos, de los antecedentes.
    – Le sorprenderá por mi oficio, pero en verdad odio ser portador de malas noticias. Es curioso, muchos de mis clientes llegan a mi preparados para escuchar lo peor. Aun así creo que soy investigador manteniendo la esperanza de que mis hallazgos, aunque no sean buenos, lleven al receptor a un mejor sitio.
    – Si de algo le sirve, sepa que así fue con nosotros un tiempo. Saber que ella me amaba a mí nos dio un par de buenos años. Seguramente no hemos sido los primeros que han creído que se puede escapar del pasado.
    – Lo contacté en cuanto me informaron del cadáver.
    – Confieso que fue muy fácil reconocerla.
    – ¿Aún con lo terrible de las fotografías?
    – Habría podido saber quién era sin que me diera ninguna. Hay cosas que se conocen no sólo por lo que vemos.

  37. I.

    —¿Cómo demostrarlo? — dijo Mauro, exhalando una bocanada de humo hacia Rigoberto, quien luce pálido y exhausto—. Se exactamente a lo que te refieres, sin embargo, ¿no hay mucha fantasía en lo que dices? Destellos en la oscuridad, ojos con miradas de abismo donde lo único que ves es tu propio reflejo. Me parece que ese nuevo estilo de vida tuyo te ha afectado bastante. ¡Mírate!, si no fuera por esas cosas que te comes a pellizcadas parecerías mucho a un esqueleto andante.
    “Ahora… —con cigarrillo en boca, inhala, reflexiona. Desaparecer por una semana sin dejar rastro, tener a todo un pueblo buscándolo, generando en la población intrigas, dudas, rencores y sospechas para después aparecer y ¡ZAS! pensar que todo quedaría solucionado. Si, algo que un padre irresponsable quisiera hacer también, volver después de tantos años, saludar y vivir una relación familiar como si las penas, la angustia y el dolor de haber abandonado a personas que dependían de una figura como la suya—. Solo explícame una cosa, fuera de broma. ¿Te metieron algo o te hicieron coger? Como a ese loco de Travis de la película.
    Rigoberto apenas pellizca el biscocho que tenia enfrente. Toma la parte blanca con verde, de textura peluda. Mastica despacio pensando en la pregunta que le han hecho. Se aprecia en el reflejo y ve.
    Ahí en el cielo nublado.
    Ahí, justo ahí.
    Dos ojos se dibujan en el cielo.
    Ojos sin alma.
    —Tan solo… si tan solo estuvieras realmente aquí te explicaría todo—. Una lágrima cae de su mejilla. Una maquina se apaga. Los individuos se miran y colocan una sabana sobre él.

    II.
    21 de abril de 2018.
    Una nota dice lo siguiente: “seré un fantasma, y no seré cualquier fantasma, seré un Super-fantasma. Ya lo he planeado y sé que funcionara. He dejado todo: una nota, publicaciones con fotos mías e incluso cree un bot que, al detectar en la web ciertas combinaciones liberara eventualmente esta información. Creare mi propia leyenda”.
    A su lado, una captura de un chat —Gracias a ti, sé que, aunque no tengo a nadie, contigo cerca, nunca estaré sola—. En la conversación el mensaje marca 29 de marzo, 2007.

  38. Palabras en el exterior

    –agárrale chido el cuello. No dejes que se te escape.
    –eso intento, pero se mueve mucho. Parece una lombriz.
    –deja tus burdas comparaciones y agárrala muy bien, que no se escape.
    –listo, ya está hecho. Es una suerte que sea muda ¿no? es decir, ni siquiera es necesario taparle la boca.
    –¡Podrías callarte, no me dejas concentrar!
    –Lo siento…
    –Te dije que la sostuvieras bien.
    –¿Qué, no puedes golpear su cabeza más rápido?
    –¡Si no fueras tan pendejo como para sostener a una anciana, quizá podría darle el primer mazazo en la choya!
    –¡De prisa, Alberto, ya quiero ver brotar la sangre de su cabeza!
    –va, va, aquí va el primero…
    –¡Eso es…, así se hace carajo…, otro, dale otro a la vieja pa’ que entienda la cabrona!…, otro más.
    –¡Oíste cómo le tronó el cráneo a la vieja! Lo sentí macizo. Pensé que por la edad su cabeza estaría suavecita, pero de veras que la pinche ruca lo tenía duro.
    –Sí, me di cuenta. Creí que no se quebraría, pero al cuarto mazazo ¡CRANK! Se quebró. Ya lo demás, pura carne molida.
    –… ¡No chingues, pinche Juan, te dije que apagaras el celular!
    –lo olvidé, neta que lo olvidé por completo.
    –pues apágalo ya, no vaya ser la de malas que nos cachan. Neta que de no ser por la lluvia tu celular ya nos habría delatado.
    –ya le dije a mi carnal que ya no me ande marcando. Qué fregados le importa lo que yo haga.
    –pues ya apágalo, tíralo o cambia de número, pero ya haz algo. Con esta ya es la segunda vez que te pasa. La próxima no habrá próxima, ¡¿entendiste?!
    –Sí
    –Ahora ayúdame, hay que salir de aquí antes de que deje de llover.

    –Buenas tardes. Disculpa la tardanza, pero ya sabes que con esta lluvia el tráfico de la ciudad es insoportable.
    –Descuida, no tienes de qué preocuparte, Ricardo.
    –¿Te pido un café o algo? Tú dime y en seguida lo pido… disculpe, puede traernos dos americanos, por favor. ¿Te gustaría pedir algo más?
    –Descuida, así estoy bien.
    –Perfecto.
    –Iré al grano. Tu texto me parece maravilloso, es consistente, excelente trama, creo que tu narrativa es encomiable. Estoy seguro que con esto tu carrera se levanta. Sólo quisiera saber algo.
    –Dime, te escucho.
    –¿Estás seguro de publicar una novela basada en las atrocidades que acometió tu hermano?

  39. 1.
    —¿Sigues despierta?
    —Claro, con todo el ruido de nuestros vecinos, cómo no estarlo.
    —Carmela, ya te he dicho…
    —No me vengas con reproches, yo sé lo que oigo; ese golpeteo en la pared, las pisadas duras del marido, los llantos de Ángela… Simplemente no puedo pegar ojo.
    —¿Has continuado con tu medicación?
    —¿Y para qué hacerlo? He estado en perfectas condiciones, de no ser por el insomnio causado por tanto alboroto.
    —Pero, ¿es que no recuerd…
    —Además, todavía tienen el descaro de continuar con tanto ruido y ni siquiera pasarse a dar una vuelta por las mañanas para regresarme aquel molde para pasteles que le presté a Ángela. ¿Lo recuerdas? Era uno de color rojo vivo, mi favorito. Lo utilizaron para la fiesta del pequeño John.
    —Sí cariño, pero…
    —¡Basta George! Iré a tocarles y a pedirles amablemente que guarden silen…
    —¡Carmela, no! ¡Para, por favor! Trata de hacer memoria cariño. Todo lo que me describes, todos esos ruidos y peleas… sí ocurrieron, pero fue hace más de un año.
    Los Howard, llevan más de un año muertos.
    —Calla…
    —Su esposo tenía serios problemas y una tarde no pudo contener su ira contra Ángela… poco después de que ella falleciera, él tomó una escopeta y…
    —Calla George, lo recuero perfectamente, pero ¿qué hay de los gritos que sigo oyendo?…

    2.
    —¿Sigues despierta?
    —Claro, con todo el ruido de nuestros vecinos cómo no estarlo.
    —Deberías ignorarlo, son ruidos y ya.
    —¿Qué crees que ocurra al otro lado de esta pared?
    —Posiblemente problemas maritales.
    ¡Bah! No es problema nuestro.
    —Ya sé, ya sé, pero, ¿no te causa curiosidad? Son ruidos demasiado extraños.
    —Ni tantita. Además, ¿qué podríamos hacer nosotros?
    —Mmm, ven, haz como yo y pega tu oído; dime qué escuchas…
    —No, gracias, prefiero no involucrarme. Estás sola en esto.
    —Parece una pelea como decías, pero siguen siendo ruidos muy extraños, con cantos y tambores… hablan de una reunión, una reunión para cambiar…
    —¿Cambiar qué?
    —Shhh, deja escucho… Para cambiar ¿de conejillos de india?
    —No, no, seguro escuchaste mal… eso suena estúpido.
    —¡Te lo juro! Son cosas muy raras… ¡Acaban de mencionarnos! ¡Sí! ¡Sí! ¡Dijeron nuestros nombres! No entiendo qué está pasando, no paran de decir el mío, “¡Mónica! ¡Mónica! ¡Mónica!” Esto no me gusta. Ven a escuchar conmi…
    —¿Mónica? ¿Estás bien? ¡Mónica, respira! ¡¿Qué pasa?! ¡Tus oídos sangran! ¡¿Qué dijeron?! ¡¿Amor?! ¡Responde, por favor! No, no, no.
    ¡Ayuda! ¡Alguien ayúdeme! ¡Por favor!…

  40. – Lo perdí.
    – ¿Cuándo?

    TENSIÓN
    – No te ves bien.
    – …
    – ¿Qué pasa?
    – Lo perdí.
    – ¿Cuándo?
    – Ayer.
    – ¡Tus manos están frías! Ven, vayamos al salón.
    – No importa…
    – ¿Él lo sabe?
    – Nunca supo nada.
    – …
    – Hace meses que no lo veo.
    – No sabía eso.
    – No tenías por qué saberlo. No tendrías por qué saber esto.
    – María, perdónanos.
    – No pude retenerlo, ¡¿no quise retenerlo?!
    – Era más mío que suyo. Esto quedará entre nosotros dos.

    ¡BUM!
    – Pinche García, ¿dónde andabas?
    – Nos cayeron las gringas, jefa.
    – ¿Y?
    – Se armó un desmadre.
    – ¿Por lo menos contactaste con los rusos?
    – Chale, hasta la pregunta ofende. ¡Simón!
    – ¿Y qué? ¿Te entregaron el pinche artefacto-temporal-chino?
    – Ahí está el pedo.
    – ¿Por qué?
    – Lo perdí.
    – ¿Cuándo?
    – Justo después de que empezaron a llover los madrazos. Las gringas salieron buenas para los trancazos. (Yo creo que siguieron a los rusos). Nos dieron con todo lo que traían.
    – ¡No chingues, García!
    – Pero no se preocupe, jefa. Yo me encargo de recuperar el artefacto.
    – Más te vale, García. Esta es una operación de meses. No sabemos las consecuencias que podría tener sobre la biología de los pinches hombres. Si lo activaran, ¡sería una hecatombe internacional! Escúchame bien, García…
    – Diiigaaameee jeeefaaa.
    – ¿García? ¡García! ¿Qué es ese pinche desmadre que se escucha ahí, García? ¡Carajo!

  41. Dialogo 1

    -¿Te perdiste?
    -No, claro que no.
    -¿Vas a pedir algo?
    -Sí.
    -¿De qué tienes ganas?
    -De perder poco y ganar mucho.
    -¡Qué casualidad! De eso todos tienen ganas, a eso vienen aquí.
    -Es mi primera vez.
    -Entonces traes suerte de principiante.
    -¿Usted cree?
    -¡Claro! ¿Qué te sirvo?
    -Algo para quitarme el miedo.
    -¿Te da miedo apostar?
    -No… Apostar no da miedo.
    -Entonces ¿qué es lo que te asusta?
    -…Es lo que tengo que hacer si pierdo.
    -¿Qué tienes que hacer?
    -…Deséeme suerte. ¡Salud!

    Dialogo 2

    -¿Vas a pedir algo?
    -Sí
    -¿De qué tienes ganas?
    -¿Qué es lo que puedo pedir?
    -Si lograste conjurarme, sabes que puedes pedir lo que sea.
    -¿Sin importar qué?
    -No existe límite en lo que puedo conceder, cualquier anhelo, el mayor de tus caprichos, tu más ardiente deseo por más extraño e inalcanzable que parezca, el más maravilloso de los sueños. ¿Y yo? A cambio simplemente obtengo tu insignificante alma, que me pertenecerá más allá del final de los tiempos.
    -Está bien, si cumples lo que te pido no me importa mi alma. Quiero vivir muchos, muchos años, con plena salud, con mucho dinero, lleno de comodidades y lujos, ser amado por todos, tener una esposa hermosa y maravillosa, tener hijos, vivir feliz lleno de éxito y alegría para mi y todas las personas que me rodeen, que mi vida sea la vida más feliz y mejor vivida que alguien pudiera tener. Ese es mi sueño y quiero que lo cumplas.
    -¡Así será! Lo único que tienes que hacer hoy cuando te acuestes es decir tres veces: “Compruebo la autenticidad de mi sueño” y todo estará listo.
    -Compruebo la autenticidad de mi sueño. Compruebo la autenticidad de mi sueño. Compruebo la autenticidad de mi sueño.
    -¡A caray! Este tonto se fue a dormir temprano. Las cosas son más fáciles desde que aprendimos a hackear a los mortales, con el bug me conceden acceso y puedo hacer que sueñen todas las tonterías que piden. En los sueños no hay limites físicos de espacio y tiempo, en una sola noche caen todos los que se creen listos y piden cumplir el sueño de vivir felices por muchos, muchos años.

  42. 1.
    —¿Sigues despierta?
    —Claro, con todo el ruido de nuestros vecinos, cómo no estarlo.
    —Carmela, ya te he dicho…
    —No me vengas con reproches, yo sé lo que oigo; ese golpeteo en la pared, las pisadas duras del marido, los llantos de Ángela… Simplemente no puedo pegar ojo.
    —¿Has continuado con tu medicación?
    —¿Y para qué hacerlo? He estado en perfectas condiciones, de no ser por el insomnio causado por tanto alboroto.
    —Pero, ¿es que no recuerd…
    —Además, todavía tienen el descaro de continuar con tanto ruido y ni siquiera pasarse a dar una vuelta por las mañanas para regresarme aquel molde para pasteles que le presté a Ángela. ¿Lo recuerdas? Era uno de color rojo vivo, mi favorito. Lo utilizaron para la fiesta del pequeño John.
    —Sí cariño, pero…
    —¡Basta George! Iré a tocarles y a pedirles amablemente que guarden silen…
    —¡Carmela, no! ¡Para, por favor! Trata de hacer memoria cariño. Todo lo que me describes, todos esos ruidos y peleas… sí ocurrieron, pero fue hace más de un año.
    Los Howard, llevan más de un año muertos.
    —Calla…
    —Su esposo tenía serios problemas y una tarde no pudo contener su ira contra Ángela… poco después de que ella falleciera, él tomó una escopeta y…
    —Calla Rogelio, lo recuero perfectamente, pero ¿que hay de los gritos que sigo oyendo?…

    2.
    —¿Sigues despierta?
    —Claro, con todo el ruido de nuestros vecinos cómo no estarlo.
    —Deberías ignorarlo, son ruidos y ya.
    —¿Qué crees que ocurra al otro lado de esta pared?
    —Posiblemente problemas maritales.
    ¡Bah! No es problema nuestro.
    —Ya sé, ya sé, pero, ¿no te causa curiosidad? Son ruidos demasiado extraños.
    —Ni tantita. Además, ¿qué podríamos hacer nosotros?
    —Mmm, ven, haz como yo y pega tu oído; dime qué escuchas…
    —No, gracias, prefiero no involucrarme. Estás sola en esto.
    —Parece una pelea como decías, pero siguen siendo ruidos muy extraños, con cantos y tambores… hablan de una reunión, una reunión para cambiar…
    —¿Cambiar qué?
    —Shhh, deja escucho… Para cambiar ¿de conejillos de india?
    —No, no, seguro escuchaste mal… eso suena estúpido.
    —¡Te lo juro! Son cosas muy raras… ¡Acaban de mencionarnos! ¡Sí! ¡Sí! ¡Dijeron nuestros nombres! No entiendo qué está pasando, no paran de decir el mío, “¡Mónica! ¡Mónica! ¡Mónica!” Esto no me gusta. Ven a escuchar conmi…
    —¿Mónica? ¿Estás bien? ¡Mónica, respira! ¡¿Qué pasa?! ¡Tus oídos sangran! ¡¿Qué dijeron?! ¡¿Amor?! ¡Responde, por favor! No, no, no.
    ¡Ayuda! ¡Alguien ayúdeme! ¡Por favor!…

  43. Relato 1
    – ¿Qué te puedo decir? Siempre haces lo que quieres.
    – No siempre, eso quisiera.
    – Mmm, pues no me lo parece, cada vez que te pido algo, me sales con que no puedes o que lo vas a hacer a tu modo.
    – Hay no exageres, siempre reniegas, lo que pasa es que yo tengo la razón en muchas de tus ideas locas.
    – Vaya ahora soy una loca.
    – No dije que fueras loca, solo que tienes ideas locas.
    – Pues antes te gustaba que tuviera ideas locas.
    – Caray mujer, éramos jóvenes, de eso se trataba; pero, ya madura.

    Relato 2
    – De verdad no te entiendo, cada vez que hablo contigo, salimos mal
    – Es que no me entiendes, no dejas que salga a divertirme.
    – No es que no quiera dejarte salir, pero no cumples con los acuerdos, te digo que llegues a una hora y llegas dos horas después.
    – Ay mamá, pues tú también como es que e pides que llegue tan temprano, cuando el ambiente está en su apogeo. Eso es muy loco de tu parte.
    – Vaya ahora soy una loca,
    – No dije que fueras loca, solo que tienes ideas locas.
    – Válgame dios, eso sí que no lo esperaba, ahora resulta que los patos le tirana las escopetas.
    – Ay mamá tú y tus dichos, bueno me vas a dejar ir o no
    – Claro que no.

  44. 1.
    —Ya llegué
    —Hola
    —¿No han llegado los demás?
    —No veo a nadie aquí, sólo yo.
    —Mucha risa, groserito.
    —Sí, disculpa. Soy el único.
    —Buenas tardes ¿les tomo la orden?
    —Gracias, en unos minutos. Esperamos a más personas… y yo que venía corriendo. Mira, creo que hasta estoy sudando… ¿Qué haces?
    —Sólo toco tu rostro para ver si es cierto.
    —Nos pueden ver.
    —No te preocupes. Anda, dame un beso. Pero bien, no de cachete.
    —No sé… No, mejor no. Luego. ¿Sabes? pensé que no vendrías.
    —¿Y eso?, que buena eres para cambiar de tema.
    —Por… ¿Si sabes que va a venir Manuel, verdad?
    —…
    —No me mires así. Yo no organicé esto todo. ¿No te dijo Raquel quién vendría?
    —¿Por qué no me lo dijiste tú?
    —Supuse que sabrías…
    —Aún no llega nadie. Me puedo ir y les dices que no pude llegar.
    —Cómo quieras
    —¿Tú quieres que me vaya?
    —No me preguntes a mí.
    —Me voy, no quiero verlos a ti y a él juntos. ¡Ay no! Ahí están.
    —Hola ya están los dos, que puntuales, uff que tarde, ¿tú a dónde vas?
    —Eh, al baño ahorita vengo.
    —Apúrate, te tengo un chisme… ¿Y los demás?

    2.
    —¿No han llegado los demás?
    —No veo a nadie aquí, sólo yo.
    —La gente nunca es puntual.
    —Aún están a tiempo.
    —A tiempo es a tiempo, no cinco minutos después. Qué digo cinco.
    —Puedes ordenar mientras esperas.
    —Voy a pedir un café. ¿Usted ya pidió algo?
    —Esperaré
    —Bien, señorita, me trae un café con un poco de leche, pero sólo un poco.
    —Traes la información
    —Señor, señor, yo soy la información la tengo aquí arriba: cuentas bancarias, contactos, puntos de entrada, todo.
    —Puedes empezar entonces.
    —También esperaré a los demás. Quisiera ver caer a ese cabrón ya, pero puedo esperar cinco minutos o lo que tarden. Por cierto que mal café. No había un lugar mejor.
    —Este lugar es discreto, conozco a la dueña. Además no me gusta el café.
    —Como esté claro que no. Ejem. Este lugar está realmente sólo. Ejem, ejem. ¿Quién dice que es la dueña?
    —La hermana del patrón.
    —¿Cómo?
    —Si. Este plan tuyo ya no va a ser, pero al menos podremos librarnos de algunas ratas como tú. No es necesario que me contestes, supongo que la garganta se te estará cerrando. Hubieras pedido también postre, al fin que era tu última cena.

  45. 1. “Magnicidio”
    —¿Qué vas a hacer, hombre?
    —Nada.
    —No mientas. He visto el puñal debajo de tu traje.
    —Esto puede quedar entre nosotros. ¿Acaso tú eres el que va a morir?
    —Nunca hubiera imaginado que tú eras un traidor.
    —Esto puede quedar entre nosotros. Después de todo, como bufones hemos visto las inmundicias de esta corte.
    —No somos asesinos.
    —Un buen actor interpreta cualquier papel. Además, ¿dime si el rey no se lo merece, por burlar a su pueblo?
    —Vamos, tenemos que salir al escenario. Es hora de que empiece la función.
    2.
    —¿Qué vas a hacer, hombre?
    —Nada.
    —¿Nada? Pero si me has dado tremendo susto. Hombre, al entrar así, apuntándote con un revólver la puta cabeza, he meado fuera del urinario.
    —Es necesario.
    —Calma. Tranquilo. No te mates. Aunque por tu culpa haya manchado mi pantalón, todo va a estar bien.
    —La gente está loca allá afuera.
    —¿Qué has dicho? No te escuché bien por el ruido del exterior.
    —Digo que la gente está loca allá afuera.
    —Sí. Siempre.
    —Pero hoy un poco más.
    —No sé. Es la primera vez que vengo acá.
    —Te lo digo: hoy están peor.
    —¿Siempre vienes a esta discoteca?
    —Claro, todos los fines de semana desde que fue inaugurada.
    —¿Cliente frecuente, entonces?
    —Sí, los bármanes me conocen. El primer trago siempre es gratis.
    —Vaya. Supongo que por eso te han dejado entrar con un arma.
    —Sí, los de seguridad a mí no me revisan. Esta discoteca es como mi segundo hogar.
    —¿Y por qué dices que hoy es distinto?
    —Porque se acerca el final.
    —¿A qué te refieres?
    —A que se acerca el final de mi vida.
    —Conozco esa sensación. Todos en algún momento la hemos tenido, creo.
    —Ah, ¿sí?
    —Alguna vez yo también me sentí acabado y me pregunté si las cosas en verdad tenían sentido.
    —No me refiero a eso…
    —Yo también he sentido el miedo al vacío.
    —Pero yo no me refiero al vacío. Te digo que la gente está loca allá afuera. Te lo digo porque no ve lo que yo veo.
    —¿Y qué ves?
    —Cuando me vi en el espejo de la entrada de la discoteca, en mi reflejo vi que estaba muerto, y sin embargo los otros me veían y me hablaban como si fuera un vivo cuando en realidad yo no existo.
    —Y yo tampoco.
    —La gente está loca allá afuera.
    —Y acá dentro.

  46. Primer Escena
    ─Es fácil para ti, ándale di que sí.
    ─Es factible, pero ocuparé un equipo nuevo.
    ─A ver, si es fácil, ¿por qué no la tuya?
    ─Para no dejar rastros, no deben ligarse de ningún modo, todo queda registrado, todo.
    ─¿Cuánto dinero extra quieres?
    ─No es cuestión de eso, sabes el costo, yo también me vengaré pero sí necesito el equipo y con la mejor capacidad.
    ─Lo tendrás, dame la garantía de que toda su información se borrará.
    ─No solo se eliminará, te aseguro que no habrá forma de recuperarla.
    ─Asegúrate de que pierda todos sus clientes, proyectos, propiedad intelectual, además de que no vuelva a operar. Los equipos deben quedar inservibles.
    ─¿Entonces lo quieres dejar inoperable? ese es un trabajo aparte y el costo se duplica.
    ─¿No qué cuesta lo mismo?
    ─Necesitaré más equipos y servicio de Internet, trabajando día y noche por al menos un mes.
    ─Si con eso me aseguras que su tienda en línea no funcionará jamás, con gusto lo pago.
    ─Claro, aunque no es tan fácil como lo pensabas.

    Segunda Escena
    ─Es fácil para ti, ándale di que sí.
    ─Es factible, pero ocuparé un equipo nuevo.
    ─Cuenta con él, es más las municiones las pongo yo.
    ─Ni se te ocurra darme armamento del ejército, la mercancía de los yunaites es infalible.
    ─Pensaba en algo de Rusia, pero como digas, tú eres el ejecutor.
    ─Los gringos le saben a su bizne, además se camufla mejor.
    ─Por eso te escogimos, el país te lo agradecerá.
    ─Hasta otras naciones lo harán, todas querrán su tajada.
    ─Eso no importa, correremos el riesgo con tal de evitar una masacre.
    ─No creo, ríos de sangre bañaran las ciudades.
    ─Que sea lo que la nación demande.
    ─La nación terminará esta noche, solo ocupo un tiro certero.
    ─También líbranos del vice presidente.
    ─Dile a tu organización que mi trabajo siempre es limpio, se hará.

    1. Creo que es creativa la manera de comparar el desarrollo de estrategias en contextos distintos, refleja la Idea de que el ser humano siempre está creando estrategias.

  47. 1. “Magnicidio”
    ¬—¿Qué vas a hacer, hombre?
    —Nada.
    ¬—No mientas. He visto el puñal debajo de tu traje.
    —Esto puede quedar entre nosotros. ¿Acaso tú eres el que va a morir?
    —Nunca hubiera imaginado que tú eras un traidor.
    ¬¬—Como bufones hemos visto las inmundicias de esta corte.
    —Pero no somos asesinos.
    —Un buen actor es capaz de interpretar cualquier papel. Además, ¿dime si el rey no se lo merece, por burlar a su pueblo?
    —Vamos, tenemos que salir al escenario. Es hora de que empiece la función.
    2.
    —¿Qué vas a hacer, hombre?
    —Nada.
    —¿Nada? Pero si me has dado tremendo susto. Hombre, al entrar así, apuntándote con un revólver la puta cabeza, he meado fuera del urinario.
    —Es necesario.
    —Calma. Tranquilo. No te mates. Aunque por tu culpa haya manchado mi pantalón, todo va a estar bien.
    —La gente está loca allá afuera.
    —¿Qué has dicho? No te escuché bien por el ruido del exterior.
    —Digo que la gente está loca allá afuera.
    —Sí. Siempre.
    —Pero hoy un poco más.
    —No sé. Es la primera vez que vengo acá.
    —Te lo digo: hoy están peor.
    —¿Siempre vienes a esta discoteca?
    —Claro, todos los fines de semana desde que fue inaugurada.
    —¿Cliente frecuente, entonces?
    —Sí, los bármanes me conocen. El primer trago siempre es gratis.
    —Vaya. Supongo que por eso te han dejado entrar con un arma.
    —Sí, los de seguridad a mí no me revisan. Esta discoteca es como mi segundo hogar.
    —¿Y por qué dices que hoy es distinto?
    —Porque se acerca el final.
    —¿A qué te refieres?
    —A que se acerca el final de mi vida.
    —Conozco esa sensación. Todos en algún momento la hemos tenido, creo.
    —Ah, ¿sí?
    —Alguna vez yo también me sentí acabado y me pregunté si las cosas en verdad tenían sentido.
    —No me refiero a eso…
    —Yo también he sentido el miedo al vacío.
    —Pero yo no me refiero al vacío. Te digo que la gente está loca allá afuera. Te lo digo porque no ve lo que yo veo.
    —¿Y qué ves?
    —Cuando me vi en el espejo de la entrada de la discoteca, en mi reflejo vi que estaba muerto, y sin embargo los otros me veían y me hablaban como si fuera un vivo cuando en realidad yo no existo.
    —Y yo tampoco.
    —La gente está loca allá afuera.
    —Y acá dentro.

  48. —¡Ayuda!
    —¡Jimmy, Jimmy! ¿Estás bien? Déjame quitarte esto de encima.
    —Lo logramos, Clark, por un momento pensé que… que…pero lo logramos.
    —No digas más, no te muevas. No se ve bien, déjame revisarte.
    —Si tan solo tuviera tus poderes, hubiéramos podido salvar a más personas.
    —Jimmy, no digas eso. Hoy tú fuiste el héroe. Te paraste frente a un robot de tres metros de alto y le hiciste frente. Lo dirigiste hasta la línea de electricidad y le causaste un… oh, no.
    —¿Qué pasa?
    —Debo llevarte lo más rápido posible a un hospital, van a tener que hacerte algunas operaciones mayores. Déjame cargarte.
    —Uf. Eso duele. Solo una cosa, Clark…
    —Dime, Jimmy.
    —————————
    —¿Lo hicimos bien?
    —Lo hiciste extraordinario.
    —————————
    —¿De verdad, Jonathan? Estaba pensando que… tal vez tener un hijo no es para nosotros.
    —No digas eso, Marta. Solo… no hemos tenido suerte. Pero estoy seguro que esta entrevista nos dará puntos para la adopción.
    —¡Es la tercera vez que realizamos el proceso! Ya deberíamos aceptar que no nos van a dar a un niño.
    —O niña
    —Jonathan… vi cómo la mujer de servicios sociales tachó el “No aptos para adopción” de nuestra hoja…
    —… ¿En serio?
    —Sí
    —Tal vez debería conseguir un trabajo de oficina o algo por el estilo. Así tendríamos más posibilidades y ya cuando tengamos al niño…
    —O niña
    —O niña… se quedaría con la granja y po… ¿VISTE ESO?
    —¿Qué fue eso, Jonathan? ¡Acerca la camioneta! Parece que algo cayó en el campo de maíz.
    —¡Pero, Marta, puede ser peligroso! ¡Se está incendiando!
    —¡Vamos, alguien podría necesitar nuestra ayuda!

    1. Este texto doble (por decirlo de alguna manera) hace una acrobacia muy interesante: enlaza dos historias distintas que utilizan la misma referencia intertextual –a una serie de cómics cuya empresa editora anda en crisis últimamente– mediante el mismo intercambio de frases, que en una de ellas es el comienzo y en la otra el final. Si la presentación de los textos puede resultar un poquito confusa (porque en realidad se refieren a momentos diferentes de la vida de Superman y de su reparto, y no están hechas para ser leídas en secuencia), ambos utilizan el diálogo base de manera verosímil, y en especial el segundo crea una imagen conmovedora, muy humana, de sus personajes centrales. Muy bien.

  49. ESCENA UNO
    ─ Lo trajiste
    ─ Sí, aquí está. ¿Cómo ves?
    ─ Sí, es justo lo que necesitamos.
    ─ ¿Tú crees?
    ─ Ya verás…
    ─No sé, está muy grande…
    ─ ¡Cómo crees!
    ─ Y sí…
    ─ ¿Qué?
    ─ No, sólo digo…
    ─ Pues ya… “a lo que te truje”
    ─ ¿Enciendo la lámpara?
    ─No, así está bien
    ─ ¿Y cómo vas a ver? ¿Dónde…?
    ─Yo tengo mis mañas, no te preocupes.
    ─No, sí te creo… sólo que no quiero…
    ─Así, despacito. Poco a poco. Si lo giras es más sencillo…
    ─ ¿Así?
    ─Sí, anda. Así, empuja. Despacio.
    ─ ¿Ya?
    ─ Casi. Ahí está. Enciéndelo
    ─ ¿Aprieto el botón?
    ─ ¿Pues entonces?
    ─ ¡Hace mucho ruido!
    ─ No exageres. Lo indispensable. Por eso no encendemos las luces. Para no levantar sospechas.
    ─ ¿Tú crees? Nos van a escuchar. Los vecinos. La cuadra completa.
    ─ Si no dejas de hacer ruido, así será.
    ─ Mmm, muévelo… a la derecha
    ─ ¿Así?
    ─ Así, ahí… presiona…empuja…así… más fuerte.
    ─ ¿Así?
    ─ Anda, más fuerte.
    ─ ¿Más fuerte?
    ─ Más rápido
    ─ ¿Más rápido?
    ─ Así, así, sí… ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!
    ─ ¡No mames! ¡No mames! ¡Nooo mames!
    ─ ¿Papá? ¿Má?
    ─ ¡Te dije que esta chingadera hacía mucho ruido!
    ─ ¡Shh! ¡Si bien que te gustó el dildo!

    ESCENA DOS
    ─ Lo trajiste
    ─ Sí, aquí está. ¿Cómo ves?
    ─ Sí, es justo lo que necesitamos.
    ─ ¿Tú crees?
    ─ Ya verás…
    ─No sé, está muy grande…
    ─ ¡Cómo crees!
    ─ Y sí…
    ─ ¿Qué?
    ─ No, sólo digo…
    ─ Pues ya… “a lo que te truje”
    ─ ¿Enciendo la lámpara?
    ─No, así está bien
    ─ ¿Y cómo vas a ver? ¿Dónde…?
    ─Yo tengo mis mañas, no te preocupes.
    ─No, sí te creo… sólo que no quiero…
    ─Así, despacito. Poco a poco. Si lo giras es más sencillo…
    ─ ¿Así?
    ─Sí, anda. Así, empuja. Despacio.
    ─ ¿Ya?
    ─ Casi. Ahí está. Enciéndelo
    ─ ¿Aprieto el botón?
    ─ ¿Pues entonces?
    ─ ¡Hace mucho ruido!
    ─ No exageres. Lo indispensable. Por eso no encendemos las luces. Para no levantar sospechas.
    ─ ¿Tú crees? Nos van a escuchar. Los vecinos. La cuadra completa.
    ─ Si no dejas de hacer ruido, así será.
    ─ Mmm, muévelo… a la derecha
    ─ ¿Así?
    ─ Así, ahí… presiona…empuja…así… más fuerte.
    ─ ¿Así?
    ─ Anda, más fuerte.
    ─ ¿Más fuerte?
    ─ Más rápido
    ─ ¿Más rápido?
    ─ Así, así, sí… ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!
    ─ ¡No mames! ¡No mames! ¡Nooo mames!
    ─ ¿Qué?
    ─ ¡Se rompió la broca! ¡Ya valió madres!
    ─ ¿Ya valió?
    ─ ¡Pendejo! ¡Lo importante era la caja fuerte!
    ─ ¡Chingá!

  50. -Refugio, saluda a la bandera. Es la norma.
    -Pero maestra, mi religión me lo prohibe.
    -¡Concéntrate! ¿Cuál es nuestro lema?
    -El amor lo puede todo.

    -Norma, entra al refugio. Tus hermanos fueron abducidos.
    -¿Nunca los volveremos a ver, mami?
    -¡Concéntrate! ¿Cuál es nuestro lema?
    -El amor lo puede todo.

  51. Escena 1
    —El carril del tren está deshecho.
    —Yo sólo quiero quitarme estas botas que me están rozando hasta los tobillos. Me lleva la chingada y con esa falda.
    —¿Qué hora es?
    —¿No traes celular?
    —Se lo quedó el Mario cuando fuimos a la casa de la zorra esa.
    —Ayer nos pasamos.
    —Hay un montón de porquería, ten cuidado.
    —Neta, no vuelvo a tomar. Ya ni me concentro en ver. Veo borroso, ya hasta siento que el rímel se me corrió.
    —Ya los vi. Están atrás de ese árbol, ahí al lado de la raya de los Rodolfos.
    —Pérame, déjame me trepo yo.
    —Cada vez se les ocurre ponerlos más escondidos.
    —¿Los vas a calar?
    —Nel, bueno sí. Échame dos. ¿Ya viste a esos goeyes? Se ve a leguas que se dan.
    —¿Vas?
    —¡Ya! En chinga.

    Escena 2

    —¿Tú crees que eso del swing sea cierto? ¡Dame de tus papas! No seas codo.
    —¿Por qué no pediste papas? Me dijiste que no querías y ahora ve. Bueno, ya qué. Agarra. Ah, sí, los de ascendencia africana tienen un movimiento natural. Acentúan y sienten el tiempo diferente.
    —Como el chiste del Cartman, que sale el del bajo que ya tienen el sabor del groove, el jazz y funk. ¡Ya! No te vayas a reír de que siempre ando tonteando.
    —Me río que masticas como puerco. Esta banca está bien dura, ¿cómo quiere el gobierno que los padres de los niños se esperen a sus hijos tanto tiempo y así, la Netflits.
    —Te mamas. ¿A poco quisieras casarte un día? Ya no me dijiste bien del ritmo.
    —Los blancos nunca vamos a bailar como ellos, están evolucionados rítmicamente y nosotros en armonía. Tampoco creas que me salió de la nada. Tuve que escuchar mucho a Coltrane que tiene mucho ese acento, pta y Charlie Parker. Esos están en otro mundo del bebop y sí, yo creo que con una cantante italiana bien guapa.
    —Es como el chú chú. ¿No? El último chú se disuelve en el aire como el tren. Por eso Django Reinhardt siempre se la pasaba en las vías. Así se agarra el ritmo.
    —¿Cuándo crees que abran el Zinco? Tú que todo lees y lo sabes.
    —Ni idea, ahorita todo está raro. Nadie va a ver bien que te encierres en ese sótano a tener tu noche bohemia ¿Será cierto que ahí tocaron todos los cool del jazz?
    —Sí. Hasta tienen ahí los periódicos, yo no los he visto, pero ya dime la neta.
    —¿De qué hablas?
    —Nomás andamos hablando a lo güey no me dices por qué te enojaste conmigo.
    —¿Te tengo que repetir siempre lo mismo? ¿Crees que me cachen si me relleno mi thermo con los perlas negras? Bueno, ya. ¿Quieres?
    —Sí.
    —Te ibas a caer, te viste bien chistoso. Estás nervioso, ¿verdad?
    —Sólo un poco. Dame más. ¡Ay, cuántas latas traes!
    —¿Qué te dijo tu hermano?
    —Nada. Sólo le dije que no me iba a tardar que se quedara tantito solo y ya me encargó un buen de cosas.

  52. I

    –Dios viaja en Primera Clase.
    –¿De qué hablas?
    –En el aeropuerto tomé por error una maleta igual a la mía. Tenía un espejo que refleja el mar en movimiento, una tarjeta de crédito, un libro con letras manuscritas que cambian a cada instante. Unos lentes rotos. Una cápsula con un pedazo de sol.
    –¿Estás pensando lo mismo que yo? Podríamos destruir o recrear a Dios.
    –Echemos un volado. Si ganas, tú decidirás.

    II

    –Dios viaja en Primera Clase.
    –¿De qué hablas?
    –Eso dicen en el retiro espiritual al que me mandó mi madre. Es para puro soltero.
    –¿Siente que ya se te fue el tren?
    – A mí no se me ha ido nada. “Dios y sus hijos viajan en Primera Clase y los que han pasado son los otros. El Señor busca la mejor pareja para mí”.
    –Ja, ja, ja. Te están adoctrinando bien.

    1. Escena 1
      -lo siento mucho –
      -no puede ser, siempre es lo mismo contigo –
      -fue mi error y lo acepto, ese escrito no debió enviarse-
      -ahora todos sabrán-
      -si, y será muy doloroso, también para ellas-
      -yo no quería hacerles daño-
      -claro, como siempre la única que debe sufrir yo, deja que se enteren quién eres y lo que has hecho, tu reputación caerá por los suelos, lo perderás todo, y eso, créeme, es poco comparado con todo lo que te mereces-
      -ya pedí perdón, no debiste hacerlo, ya te dije que si me importabas, si te quise, por favor, me siento miserable-
      -no, tú no tienes ni idea de lo que es eso, porque en tu egocentrismo solo has visto que te llenen de amor, algo de lo que careces bastante, que bueno que se envió, no me arrepiento, y ahora yo también me voy-

      Escena 2
      -lo siento mucho –
      -no puede ser siempre es lo mismo contigo –
      -si, siempre, no puedo cambiar, soy adicta a ello, no puedo parar-
      -escucha, yo te amo, pero no puedo complacerte ya, debo dejarte libre, me muero de celos y no puedo con ello-
      -quizás tú deberías saciar mi vicio, al final solo pienso en ti cada que lo hagl, pero no puedes, tú mismo sientes que no puedes-
      -porque en verdad no puedo, no me siento capaz de llenarte, siempre pides más y más –
      -tú solo te pones barreras, así me enamoraste y se te ha olvidado, un hombre que no puede con esto no es suficiente hombre –
      -hasta nunca-

  53. ESCENA 1

    –Le dije a tu padre que ya estaba muerto.
    –¿De qué hablas?
    –Se lo dije quedito, al oído. No vaya a ser que luego se levante y venga a darnos más lata.
    –Si serás, mujer. Ya tenía más de 10 horas de que lo habían matado, seguro ni te oyó. Anda, ya ponte a cavar.

    ESCENA 2

    –Le dije a tu padre que ya estaba muerto.
    –¿De qué hablas?
    – De lo exhausto que estoy de intentar escapar.
    –No te veo corriendo.
    –Sería inútil. Huyo de unas notas nostálgicas. Es verdad que a veces una guitarra te puede matar.

    1. En la indeterminación de lenguaje cotidiano, podemos usar la forma coloquial de ciertas paabras “estaba muerto” y hacer literal su significado: Es un hombre muerto, o figurativa: estoy muerto (de cansancio)
      Esa indeterminación es una fuente inagotable para los relatos brevisimos.

  54. TENSIÓN
    – No te ves bien.
    – …
    – ¿Qué pasa?
    – Lo perdí.
    – ¿Cuándo?
    – Ayer.
    – ¡Tus manos están frías! Ven, vayamos al salón.
    – No importa…
    – ¿Él lo sabe?
    – Nunca supo nada.
    – …
    – Hace meses que no lo veo.
    – No sabía eso.
    – No tenías por qué saberlo. No tendrías por qué saber esto.
    – María, perdónanos.
    – No pude retenerlo, ¡¿no quise retenerlo?!
    – Era más mío que suyo. Esto quedará entre nosotros dos.

    ¡BUM!
    – Pinche García, ¿dónde andabas?
    – Nos cayeron las gringas, jefa.
    – ¿Y?
    – Se armó un desmadre.
    – ¿Por lo menos contactaste con los rusos?
    – Chale, hasta la pregunta ofende. ¡Simón!
    – ¿Y qué? ¿Te entregaron el pinche artefacto-temporal-chino?
    – Ahí está el pedo.
    – ¿Por qué?
    – Lo perdí.
    – ¿Cuándo?
    – Justo después de que empezaron a llover los madrazos. Las gringas salieron buenas para los trancazos. (Yo creo que siguieron a los rusos). Nos dieron con todo lo que traían.
    – ¡No chingues, García!
    – Pero no se preocupe, jefa. Yo me encargo de recuperar el artefacto.
    – Más te vale, García. Esta es una operación de meses. No sabemos las consecuencias que podría tener sobre la biología de los pinches hombres. Si lo activaran, ¡sería una hecatombe internacional! Escúchame bien, García…
    – Diiigaaameee jeeefaaa.
    – ¿García? ¡García! ¿Qué es ese pinche desmadre que se escucha ahí, García? ¡Carajo!

    1. Conocer el “cuando” parece la clave para la búsqueda, nos habla, quizá, del deseo de encontrar .
      Deliciosos los textos Edgar. Saludos

      Pdta: Me quedé con el pendiente de García.

  55. —¿Me puede dar la hora?
    —¿La hora?
    —Sí, la hora
    —Son las…
    —…
    —No sé exactamente, mejor dicho, no estoy seguro. ¿Usted está seguro de querer la hora?
    —Disculpe, llevo prisa.
    —¿Prisa por la hora?
    —No se preocupe, gracias de cualquier forma.
    —Sí me preocupo, mira al rededor y dime si crees que los días avanzan.
    —Pues… sí, sí creo, aunque van más lentos, lo sé. Desde hace mucho varios relojes se han detenido, el tiempo es pesado y me cuesta mucho entender todo. Lo vi a usted con reloj y pensé que me podría ayudar.
    —Los relojes ya no son de ayuda. Mírame a mí, un viejo con reloj. Mírate a ti, un joven desesperado por el tiempo. La hora no sirve, pero ten, te doy la hora. Es la hora.
    —¿La hora de qué?
    —De continuar, post meridiam.

  56. 1.
    —¿Sigues despierta?
    —Claro, con todo el ruido de nuestros vecinos, cómo no estarlo.
    —Carmela, ya te he dicho…
    —No me vengas con reproches, yo sé lo que oigo; ese golpeteo en la pared, las pisadas duras del marido, los llantos de Ángela… Simplemente no puedo pegar ojo.
    —¿Has continuado con tu medicación?
    —¿Y para qué hacerlo? He estado en perfectas condiciones, de no ser por el insomnio causado por tanto alboroto.
    —Pero, ¿es que no recuerd…
    —Además, todavía tienen el descaro de continuar con tanto ruido y ni siquiera pasarse a dar una vuelta por las mañanas para regresarme aquel molde para pasteles que le presté a Ángela. ¿Lo recuerdas? Era uno de color rojo vivo, mi favorito. Lo utilizaron para la fiesta del pequeño John.
    —Sí cariño, pero…
    —¡Basta George! Iré a tocarles y pedirles amablemente que guarden silen…
    —¡Carmela, no! ¡Para, por favor! Trata de hacer memoria cariño. Todo lo que me describes, todos esos ruidos y peleas… sí ocurrieron, pero fue hace más de un año.
    Los Howard, llevan más de un año muertos.
    —Calla…
    —Su esposo tenía serios problemas y una tarde no pudo contener su ira contra Ángela… poco después de que ella falleciera, él tomó una escopeta y…
    —Calla Rogelio, lo recuero perfectamente, pero ¿que hay de los gritos que sigo oyendo?…

    2.
    —¿Sigues despierta?
    —Claro, con todo el ruido de nuestros vecinos cómo no estarlo.
    —Deberías ignorarlo, son ruidos y ya.
    —¿Qué crees que ocurra al otro lado de esta pared?
    —Posiblemente problemas maritales.
    ¡Bah! No es problema nuestro.
    —Ya sé, ya sé, pero, ¿no te causa curiosidad? Son ruidos demasiado extraños.
    —Ni tantita. Además, ¿qué podríamos hacer nosotros?
    —Mmm, ven, haz como yo y pega tu oído; dime qué escuchas…
    —No, gracias, prefiero no involucrarme. Estás sola en esto.
    —Parece una pelea como decías, pero siguen siendo ruidos muy extraños, con cantos y tambores… hablan de una reunión, una reunión para cambiar…
    —¿Cambiar qué?
    —Shhh, deja escucho… Para cambiar ¿de conejillos de india?
    —No, no, seguro escuchaste mal… eso suena estúpido.
    —¡Te lo juro! Son cosas muy raras… ¡Acaban de mencionarnos! ¡Sí! ¡Sí! ¡Dijeron nuestros nombres! No entiendo qué está pasando, no paran de decir el mío, “¡Mónica! ¡Mónica! ¡Mónica!” Esto no me gusta. Ven a escuchar conmi…
    —¿Mónica? ¿Estás bien? ¡Mónica, respira! ¡¿Qué pasa?! ¡Tus oídos sangran! ¡¿Qué dijeron?! ¡¿Amor?! ¡Responde, por favor! No, no, no.
    ¡Ayuda! ¡Alguien ayúdeme! ¡Por favor!…

  57. I.

    —¿Cómo demostrarlo? — dijo Mauro, exhalando una bocanada de humo hacia Rigoberto, quien luce pálido y exhausto—. Se exactamente a lo que te refieres, sin embargo, ¿no hay mucha fantasía en lo que dices? Destellos en la oscuridad, ojos con miradas de abismo donde lo único que ves es tu propio reflejo. Me parece que ese nuevo estilo de vida tuyo te ha afectado bastante. ¡Mírate!, si no fuera por esas cosas que te comes a pellizcadas parecerías mucho a un esqueleto andante.
    “Ahora… —con cigarrillo en boca, inhala, reflexiona. Desaparecer por una semana sin dejar rastro, tener a todo un pueblo buscándolo, generando en la población intrigas, dudas, rencores y sospechas para después aparecer y ¡ZAS! pensar que todo quedaría solucionado. Si, algo que un padre irresponsable quisiera hacer también, volver después de tantos años, saludar y vivir una relación familiar como si las penas, la angustia y el dolor de haber abandonado a personas que dependían de una figura como la suya—. Solo explícame una cosa, fuera de broma. ¿Te metieron algo o te hicieron coger? Como a ese loco de Travis de la película.
    Rigoberto apenas pellizca el biscocho que tenia enfrente. Toma la parte blanca con verde, de textura peluda. Mastica despacio pensando en la pregunta que le han hecho. Se aprecia en el reflejo y ve.
    Ahí en el cielo nublado.
    Ahí, justo ahí.
    Dos ojos se dibujan en el cielo.
    Ojos sin alma.
    —Tan solo… si tan solo estuvieras realmente aquí te explicaría todo—. Una lágrima cae de su mejilla. Mauro quien fumaba se evaporaba en hilos de plata. La realidad cambio y se tornó oscura. El llanto de una maquina se apaga lentamente. Un grupo de individuos se miran y colocan una sabana sobre él.

    II.
    21 de abril de 2018.
    Una nota dice lo siguiente: “seré un fantasma, y no seré cualquier fantasma, seré un Super-fantasma. Ya lo he planeado y sé que funcionara. He dejado todo: una nota, publicaciones con fotos mías e incluso cree un bot que, al detectar en la web ciertas combinaciones liberara eventualmente esta información. Creare mi propia leyenda”.
    A su lado, una captura de un chat —Gracias a ti, sé que, aunque no tengo a nadie, contigo cerca, nunca estaré sola—. En la conversación el mensaje marca 29 de marzo, 2007.

  58. 1.
    —¿Sigues despierta?
    —Claro, con todo el ruido de nuestros vecinos, cómo no estarlo.
    —Carmela, ya te he dicho…
    —No me vengas con reproches, yo sé lo que oigo; ese golpeteo en la pared, las pisadas duras del marido, los llantos de Ángela… Simplemente no puedo pegar ojo.
    —¿Has continuado con tu medicación?
    —¿Para qué hacerlo? He estado en perfectas condiciones, de no ser por el insomnio causado por tanto alboroto.
    —Pero, ¿es que no recuerd…
    —Además, todavía tienen el descaro de continuar con tanto ruido y ni siquiera pasarse a dar una vuelta por las mañanas para regresarme aquel molde para pasteles que le presté a Ángela. ¿Lo recuerdas? Era uno de color rojo vivo, mi favorito. Lo utilizaron para la fiesta de John.
    —Sí cariño, pero…
    —¡Basta George! Iré a tocarles y pedirles amablemente que guarden silen…
    —¡Carmela, no! ¡Para, por favor! Trata de hacer memoria cariño. Todo lo que me describes, todos esos ruidos y peleas… sí ocurrieron, pero fue hace más de un año.
    Los Howard, llevan más de un año muertos.
    —Calla…
    —John tenía serios problemas y una tarde no pudo contener su ira contra Ángela… poco después de que ella falleciera, él tomó una escopeta y…
    —Calla Rogelio, lo recuero perfectamente, pero ¿que hay de los gritos que sigo oyendo?…

    2.
    —¿Sigues despierta?
    —Claro, con todo el ruido de nuestros vecinos cómo no estarlo.
    —Deberías ignorarlo, son ruidos y ya.
    —¿Qué crees que ocurra al otro lado de esta pared?
    —Posiblemente problemas maritales. ¡Bah! No es problema nuestro.
    —Ya sé, ya sé, pero, ¿no te causa curiosidad? Son ruidos demasiado extraños.
    —Ni tantita. Además, ¿qué podríamos hacer nosotros?
    —Mmm, ven, haz como yo y pega tu oído; dime qué escuchas…
    —No, gracias, prefiero no involucrarme. Estás sola en esto.
    —Parece una pelea como decías, pero siguen siendo ruidos muy extraños, con cantos y tambores… hablan de una reunión, una reunión para cambiar…
    —¿Cambiar qué?
    —Shhh, deja escucho… Para cambiar de ¿conejillos de india?
    —No, no, seguro escuchaste mal… eso suena estúpido.
    —¡Te lo juro! Son cosas muy raras… ¡Acaban de mencionarnos! ¡Sí! ¡Dijeron nuestros nombres! No entiendo qué está pasando, no paran de decir el mío, “¡Mónica! ¡Mónica! ¡Mónica!” Esto no me gusta. Ven a escuchar conmi…
    —¿Mónica? ¿Estás bien? ¡Mónica, respira! ¡¿Qué pasa?! ¡Tus oídos sangran! ¡¿Qué dijeron?! ¡¿Amor?! ¡Responde, por favor!… No, no, no.
    ¡Ayuda! ¡Alguien ayúdeme! ¡Por favor!…

  59. Dialogo 1

    -¿Te perdiste?
    -No, claro que no.
    -¿Vas a pedir algo?
    -Sí.
    -¿De qué tienes ganas?
    -De perder poco y ganar mucho.
    -¡Qué casualidad! De eso todos tienen ganas, a eso vienen aquí.
    -Es mi primera vez.
    -Entonces traes suerte de principiante.
    -¿Usted cree?
    -¡Claro! ¿Qué te sirvo?
    -Algo para quitarme el miedo.
    -¿Te da miedo apostar?
    -No… Apostar no da miedo.
    -Entonces ¿qué es lo que te asusta?
    -…Es lo que tengo que hacer si pierdo.
    -¿Qué tienes que hacer?
    -…Deséeme suerte. ¡Salud!

    Dialogo 2

    -¿Vas a pedir algo?
    -Sí
    -¿De qué tienes ganas?
    -¿Qué es lo que puedo pedir?
    -Si lograste conjurarme, sabes que puedes pedir lo que sea.
    -¿Sin importar qué?
    -No existe límite en lo que puedo conceder, cualquier anhelo, el mayor de tus caprichos, tu más ardiente deseo por más extraño e inalcanzable que parezca, el más maravilloso de los sueños. ¿Y yo? A cambio simplemente obtengo tu insignificante alma, que me pertenecerá más allá del final de los tiempos.
    -Está bien, si cumples lo que te pido no me importa mi alma. Quiero vivir muchos, muchos años, con plena salud, con mucho dinero, lleno de comodidades y lujos, ser amado por todos, tener una esposa hermosa y maravillosa, tener hijos, vivir feliz lleno de éxito y alegría para mi y todas las personas que me rodeen, que mi vida sea la vida más feliz y mejor vivida que alguien pudiera tener. Ese es mi sueño y quiero que lo cumplas.
    -¡Así será! Lo único que tienes que hacer hoy cuando te acuestes es decir tres veces: “Compruebo la autenticidad de mi sueño” y todo estará listo.
    -Compruebo la autenticidad de mi sueño. Compruebo la autenticidad de mi sueño. Compruebo la autenticidad de mi sueño.
    -¡A caray! Este tonto se fue a dormir temprano. Las cosas son más fáciles desde que aprendimos a hackear a los mortales, con el bug me conceden acceso y puedo hacer que sueñen todas las tonterías que piden. En los sueños no hay limites físicos de espacio y tiempo, en una sola noche caen todos los que se creen listos y piden cumplir el sueño de vivir felices por muchos, muchos años.

  60. #1
    -¿Ya te vas a dormir?
    -Sí, cállate.
    – Pero yo no puedo dormir.
    – Cuenta ovejas.
    -Que cliché más tonto.
    -No me sé otro.
    – No puedo dormir.
    -Cierra los ojos y cuando te des cuenta, ya te habrás dormido.
    -No tengo párpados, los gusanos se los comieron ayer. Pon tu mano encima para hacer de cuenta que tengo.

    #2
    -¿Ya te vas a dormir?
    – Sí, cállate.
    – Se oyen como gritos a lo lejos.
    – Deben ser los animales.
    – Los animales no tienen nombre para estarse llamando los unos a los otros.
    – Ya duérmete.
    – Pero se oyen gritos.
    – Yo no oigo nada.
    – Estoy seguro que alguien grita.
    – Haz de cuenta que no oyes.
    – No puedo, seguro están tratando de no ahogarse en el lago, los viste, cargaban más de lo que aguantaban los caballos.
    – Pues que se mueran por brutos, ahora duérmete.
    – Pero no puedo dormir…

  61. 1.
    —¿Sigues despierta?
    —Claro, con todo el ruido de nuestros vecinos, cómo no estarlo.
    —Carmela, ya te he dicho…
    —No me vengas con reproches, yo sé lo que oigo; ese golpeteo en la pared, las pisadas duras del marido, los llantos de Ángela… Simplemente no puedo pegar ojo.
    —¿Has continuado con tu medicación?
    —¿Para qué hacerlo? He estado en perfectas condiciones, de no ser por el insomnio causado por tanto alboroto.
    —Pero, ¿es que no recuerd…
    —Además, todavía tienen el descaro de continuar con tanto ruido y ni siquiera pasarse a dar una vuelta para regresarme aquel molde para pasteles que les presté. ¿Lo recuerdas? Era uno de color rojo, mi favorito. Lo utilizaron para la fiesta de John.
    —Sí cariño, pero…
    —¡Basta George! Iré a tocarles y pedirles amablemente que guarden silen…
    —¡Carmela! ¡Para, por favor! Trata de hacer memoria cariño. Todo lo que me describes, todos esos ruidos y llantos… sí ocurrieron, pero fue hace más de un año. Los Howard, llevan más de un año muertos.
    —Calla…
    —John tenía serios problemas y una tarde no pudo contener su ira contra Ángela… poco después de matarla, él tomó una escopeta y…
    —Calla Rogelio, lo recuero perfectamente, pero ¿qué hay de los gritos que sigo oyendo?…

    2.
    —¿Sigues despierta?
    —Claro, con todo el ruido de nuestros vecinos cómo no estarlo.
    —Deberías ignorarlo, son ruidos y ya.
    —¿Qué crees que ocurra al otro lado de esta pared?
    —Posiblemente problemas maritales. ¡Bah! No es problema nuestro.
    —Ya sé, ya sé, pero, ¿no te causa curiosidad? Son ruidos demasiado extraños.
    —Ni tantita. Además, ¿qué podríamos hacer nosotros?
    —Mmm, ven, haz como yo y pega tu oído; dime qué escuchas…
    —No, gracias, prefiero no involucrarme. Estás sola en esto.
    —Parece una pelea como decías, pero siguen siendo ruidos muy extraños, con cantos y tambores… hablan de una reunión, una reunión para cambiar…
    —¿Cambiar qué?
    —Shhh, deja escucho… Para cambiar de ¿conejillos de indias?
    —No, no, seguro escuchaste mal… eso suena estúpido.
    —¡Lo juro! Son cosas muy raras… ¡Acaban de mencionarnos! ¡Sí! ¡Dijeron nuestros nombres! No entiendo qué está pasando, no paran de decir el mío, “¡Mónica! ¡Mónica! ¡Mónica!” Esto no me gusta. Ven a escuchar conmi…
    —¿Mónica? ¿Estás bien? ¡Mónica, respira! ¡¿Qué pasa?! ¡¿Qué dijeron?! ¡Tus oídos sangran! ¡¿Amor?! ¡Responde, por favor!… No, no, no. ¡Ayuda! ¡Alguien ayúdeme! ¡Por favor!…

  62. Si los vas a sacar?
    No! estoy haciendo algo
    Un ratito, aunque sea 20 min
    Carajo, sácalos tú!
    Que grosero!
    Es que no puedo
    Pásame la leche!
    No quiero!
    Pero la tienes enfrente de ti!
    Estoy comiendo.
    Se murió un pez
    En serio?
    Si, está panza arriba o solo que este cansado ya que daba vueltas por toda la fuente.
    Seguro está meditando
    Es posible
    Está bien, los voy a sacar en un rato
    En serio? Todavía quieres la leche?
    No, gracias
    El pez de seguro si está muerto
    A la mejor, ya lleva mucho tiempo reflexionando con los ojos al piso
    Pero cuando los saques, llévalos al paseo de las cacas.
    Mejor si dame la leche
    Ya no hay.
    El paseo de las cacas?
    Si, está en la siguiente cuadra
    Ya los voy a regalar!
    No seas así, ve qué ternura
    Va, solo cagan todo el día.
    Como eres? Ya que te pones así, seguro llueve
    Posiblemente? Esta nublando, pero el viento no se te olvide.

  63. ESCENA 1
    —Ella dijo que vendría.
    —Ella dijo muchas cosas.
    —Es cierto, pero no creí que fuera a faltar al funeral.
    —Tal vez le sucedió algo.
    —No creo, tal vez la veamos en el entierro.
    —Si fuera ella tampoco me aparecería, al final de cuenta los peritos concluyeron que fue su culpa.
    —Sabes que no fue así.
    —Pero ¿y si sí? ¿No debería pagar?
    —No tiene nada que pagar, ha sufrido bastante.
    —¡Deja de defenderla!
    —…
    —Aún la amas, ¿cierto?

    ESCENA 2
    —Ella dijo que vendría.
    —Ella dijo muchas cosas.
    —Sí, como aquella vez que dijo que la merca estaba buena.
    —Siempre dice que la merca está buena, es su trabajo.
    —Entonces si es su trabajo no debería faltar, al final le estamos pagando.
    —Todos los dealers son así, no te desesperes.
    —Ya me harté, mejor vámonos.
    —Deberíamos caminar por Madero por si viene en camino chance y la topamos.
    —¿Qué fue eso?
    —Creo que fueron disparos.
    —¿Sería ella?
    —Sí, es ella.

  64. ESCENA UNO
    —Sentirás que te quieres vomitar sólo con verlo, ¿sabes? Allí todo expuesto, como si el pobre hombre te debiera su existencia. Y entonces lo sabes, tienes que mirarlo a los ojos y recordar que es humano.
    —¿Y si fallo?
    —Creo que todos lo pensamos la primera vez, pero la verdad es que no sabes cómo vas a reaccionar. Yo por ejemplo, sentí que si me desmayaba jamás volvería a despertar, ya sabes, de la impresión tan fuerte.
    —Creo que no estoy listo.
    —No te preocupes, para ese entonces el estómago se te habrá hecho nudos y eso te mantendrá atento, ¡estoy bromeando! No es tan difícil, sólo impactante. Por eso te digo, sólo enfócate en verlo a los ojos, como si de alguna manera quisieras intimar con él. Pero jamás pienses que lo conoces, porque si lo haces, entonces la muerte se te hace familiar. ¡Imagínate!, que un amigo esté ahí, tendido en la plancha y con los ojos ciegos, en su estado más vulgar; y que estés a punto de verle las vísceras y los sesos. ¡Qué asco! Hasta la muerte tiene sus límites cuando se trata de una necropsia.

    ESCENA DOS
    —Sentirás que te quieres vomitar sólo con verlo, ¿sabes? Allí todo expuesto, como si el pobre hombre te debiera su existencia. Y entonces lo sabes, tienes que mirarlo a los ojos y recordar que es humano.
    —¿Y si fallo?
    —Las cosas se saldrán de control como las últimas veces, y en una de esas, sí lo matas. Acuérdate que también hace pendejadas, como todos. ¡Tienes que relajarte!, recordar que esto es como un mal contrato que tienes que cerrar bien.
    —Es que te juro que si empieza a excusarse, ¡querré sacarle hasta los ojos!
    —¡Para!, ¡para! Justo ahí, cuando estés pensando eso, lo miras, ganas territorio y comienzas a hablar. Imagínalo llorando o triste, recuerda que ya no es tu íntimo, que es más bien un extraño que te está reclamando indiferencia.
    —¡Qué se vaya al carajo! ¡No le devolveré nada al hijo de puta!
    —Pero si no se trata de devolver. Acuérdate de lo que dicen, que a los muertos y a las ex parejas se les entierra con amor.

  65. ESCENA UNO

    —Sentirás que te quieres vomitar sólo con verlo, ¿sabes? Allí todo expuesto, como si el pobre hombre te debiera su existencia. Y entonces lo sabes, tienes que mirarlo a los ojos y recordar que es humano.

    —¿Y si fallo?

    —Creo que todos lo pensamos la primera vez, pero la verdad es que no sabes cómo vas a reaccionar. Yo por ejemplo, sentí que si me desmayaba jamás volvería a despertar, ya sabes, de la impresión tan fuerte.

    —Creo que no estoy listo.

    —No te preocupes, para ese entonces el estómago se te habrá hecho nudos y eso te mantendrá atento, ¡estoy bromeando! No es tan difícil, sólo impactante. Por eso te digo, sólo enfócate en verlo a los ojos, como si de alguna manera quisieras intimar con él. Pero jamás pienses que lo conoces, porque si lo haces, entonces la muerte se te hace familiar. ¡Imagínate!, que un amigo esté ahí, tendido en la plancha y con los ojos ciegos, en su estado más vulgar; y que estés a punto de verle las vísceras y los sesos. ¡Qué asco! Hasta la muerte tiene sus límites cuando se trata de una necropsia.

    ESCENA DOS
    —Sentirás que te quieres vomitar sólo con verlo, ¿sabes? Allí todo expuesto, como si el pobre hombre te debiera su existencia. Y entonces lo sabes, tienes que mirarlo a los ojos y recordar que es humano.

    —¿Y si fallo?
    —Las cosas se saldrán de control como las últimas veces, y en una de esas, sí lo matas. Acuérdate que también hace pendejadas, como todos. ¡Tienes que relajarte!, recordar que esto es como un mal contrato que tienes que cerrar bien.

    —Es que te juro que si empieza a excusarse, ¡querré sacarle hasta los ojos!

    —¡Para!, ¡para! Justo ahí, cuando estés pensando eso, lo miras, ganas territorio y comienzas a hablar. Imagínalo llorando o triste, recuerda que ya no es tu íntimo, que es más bien un extraño que te está reclamando indiferencia.

    —¡Qué se vaya al carajo! ¡No le devolveré nada al hijo de puta!

    —Pero si no se trata de devolver. Acuérdate de lo que dicen, que a los muertos y a las ex parejas se les entierra con amor.

  66. ESCENA UNO
    —Sentirás que te quieres vomitar sólo con verlo, ¿sabes? Allí todo expuesto, como si el pobre hombre te debiera su existencia. Y entonces lo sabes, tienes que mirarlo a los ojos y recordar que es humano.

    —¿Y si fallo?

    —Creo que todos lo pensamos la primera vez, pero la verdad es que no sabes cómo vas a reaccionar. Yo por ejemplo, sentí que si me desmayaba jamás volvería a despertar, ya sabes, de la impresión tan fuerte.

    —Creo que no estoy listo.

    —No te preocupes, para ese entonces el estómago se te habrá hecho nudos y eso te mantendrá atento, ¡estoy bromeando! No es tan difícil, sólo impactante. Por eso te digo, sólo enfócate en verlo a los ojos, como si de alguna manera quisieras intimar con él. Pero jamás pienses que lo conoces, porque si lo haces, entonces la muerte se te hace familiar. ¡Imagínate!, que un amigo esté ahí, tendido en la plancha y con los ojos ciegos, en su estado más vulgar; y que estés a punto de verle las vísceras y los sesos. ¡Qué asco! Hasta la muerte tiene sus límites cuando se trata de una necropsia.

    ESCENA DOS
    —Sentirás que te quieres vomitar sólo con verlo, ¿sabes? Allí todo expuesto, como si el pobre hombre te debiera su existencia. Y entonces lo sabes, tienes que mirarlo a los ojos y recordar que es humano.

    —¿Y si fallo?

    —Las cosas se saldrán de control como las últimas veces, y en una de esas, sí lo matas. Acuérdate que también hace pendejadas, como todos. ¡Tienes que relajarte!, recordar que esto es como un mal contrato que tienes que cerrar bien.

    —Es que te juro que si empieza a excusarse, ¡querré sacarle hasta los ojos!

    —¡Para!, ¡para! Justo ahí, cuando estés pensando eso, lo miras, ganas territorio y comienzas a hablar. Imagínalo llorando o triste, recuerda que ya no es tu íntimo, que es más bien un extraño que te está reclamando indiferencia.

    —¡Qué se vaya al carajo! ¡No le devolveré nada al hijo de puta!

    —Pero si no se trata de devolver. Acuérdate de lo que dicen, que a los muertos y a las ex parejas se les entierra con amor.

  67. 1

    – Hola, estás muy sola, ¿te puedo acompañar, invitarte una café y platicar un rato?
    – No, si, si, no, en ese orden.
    2
    – ¿Por qué esa cara, que te dijo?, seguro te bateo después del café o te confundió con un mesero.
    – Era muy hermosa, fue un momento excitante, estaba muy nervioso, pero me armé de valor, la saludé y le invité un café y quise acompañarla y, creo que me dijo que sí, pero no recordé el orden.
    – ¿El orden?
    – Si pues, el orden, ella dijo: “no, si, si, no, en ese orden”. En ese momento imaginé paseos en el parque, muchos cafés, momentos tranquilos y otros no, hijos, dietas, libros y noches salvajes, me puse tan feliz que olvidé lo que le pregunté, solamente recordaba su dulce voz, su mirada fija en aquel libro viejo, el cabello atado en una coleta, su piel blanca y tersa que brillaba bajo la luz del sol de la mañana, el aroma febril que emanaba de su esencia, las manos, gráciles y agiles, sus lentes a media nariz, todo hermoso, todo perfección y paz, todo fue embriagante, no supe que hacer estaba idiotizado, flechado, amordazado por el amor desde mis entrañas a sus pies. Me fui a la barra, le pedí un capuchino y le dibujé una sonrisa en el vaso y se lo llevé.

    Mi mente no pudo hacer otra cosa, mi cuerpo tampoco, era como estar sin estar, como pisar nubes sobre alfombras y no sentir el piso, sonriendo como tarado.

    Estaba por darme la vuelta, pero me miró y me dijo: “Gracias por acompañarme, gracias por el café y el silencio y la dulce sonrisa en el vaso y la distancia, ¿nos vemos mañana a la misma hora?”

    – ¿Qué le dijiste?
    – Pues ¡hasta mañana!, que más podría decirle.
    – Eres un pendejo.

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