Ejercicio 2: un mensaje de este mundo

Instrucciones para realizar el ejercicio:

Redacta un mensaje para una persona muerta que hayas conocido pero no haya sido tu pariente. La extensión total del ejercicio no debe pasar de las 250 palabras.


Consejos: considera la fecha en que murió tu destinatario. Describe cómo ha cambiado el mundo desde entonces. Puedes dar prioridad a los intereses que aquella persona tenía (por ejemplo, si le gustaba el futbol puedes contarle cómo le ha ido a su equipo favorito), pero también considera referirte a acontecimientos muy relevantes del país o del mundo.


Tienes hasta las 8:50 (hora del centro de México) de la mañana del día 13 de agosto de 2020 para entregar tu ejercicio. El jurado del Taller Fugaz comentará al menos tres de los ejercicios entregados y seleccionará un ganador durante las 24 horas siguientes a ese momento. El autor o autora del ejercicio ganador recibirá tres puntos, que contarán para determinar quién recibirá el premio que ofrece el Taller.

Cualquier persona que desee hacerlo puede comentar los textos e indicar sus favoritos. La persona que tenga más comentarios de apoyo recibirá un punto adicional.

84 respuestas a “Ejercicio 2: un mensaje de este mundo”

  1. Querido Don Raúl, su ausencia ante esta enfermedad y muerte tan repentina ha causado conmoción en mi corazón. Hace dos días su hija quien siempre en sus redes sociales nos mantiene al tanto de su vida público una fotografía de su esposa quien cumplía años, en su rostro había un dolor que le consumía todo su ser a pesar de su sonrisa casi forzada.
    Sus hijos quienes son todos unos hombres los veo cómo unos chiquillos perdidos en medio de un mundo de gente sin dirección y consuelo y me he preguntado por qué los hijos no estamos nunca preparados para soltar ese vínculo parental a pesar de la edad.
    Don Raúl, ayer se anuncio que Rusia tiene ya la vacuna para este virus que no solo le arrebató la vida a usted sino a millones y millones de personas y nuestra eperanza ha crecido y nuestra fe ha regresado, todos deseamos salir ya de este terrible encierro de pena, tristeza, melancolía, desconcierto y enfermedad.

  2. Hey, teacher Brenda, supongo que debería escribirle esto en inglés. Espero no esté muy decepcionada de mí. Casi diez años y aún no se me da bien esto. No sé si le gustaría ver el mundo ahora, a usted que le gustaba ir a todos lados, ahora no podemos salir por una enfermedad que anda circulando en todo el mundo, muy de película, no hay partidos de futbol, ni del americano ni de ninguno, la escuela ya la cambiaron de sitio. Por cierto si terminé y me dieron mi certificación. Aun qué ya que lo pienso mejor si te gustaría, siempre le encontraba lo bueno a todo. Creo que por eso te escribo esta carta, lo necesitaba para poder ver algo positivo en esto. Aún me entristece que te hayas ido, tendríamos la misma edad. Quisiera decirte más cosas pero no me gustaría ponerme más sentimental. Me despido. Sé que estás bien, gracias por todo.

    C.M.

  3. Son apenas unos meses, semanas que se pueden contar casi con los dedos de las manos y, a veces con la situación actual, no cae el veinte. Si estuviera de vuelta en el edificio donde trabajábamos y pasará cerca de tu antiguo lugar, creo que lo sentiría más real, y creo que eso pasará cuando regresemos a la “normalidad” sin ti.

    Te cuento que el país ha abierto un poco sus restricciones, pero como es natural, los decesos siguen acumulándose, ese número donde para unos eres una cifra, para otros, en los que me incluyo, un gran compañero y para muchos más un mejor amigo.

    En cuanto a una de tus grandes aficiones, las carreras, en este momento todas son organizadas de forma virtual, nada de estar apretados en el bloque de salida sintiendo esa electricidad en el aire de expectación. Ahora todos ejercitándonos encerrados, o en su caso, correr con precaución y la llamada sana distancia.

    He visto a algunas personas corriendo desde mi ventana o en la salida semanal por víveres, y es inevitable sonreír un poco a tu memoria. Espero que eso nunca desaparezca, aunque con nuestra forma humana de ser y adaptación al cambio, no te lo puedo asegurar.

    Corre donde quiera que estés y, como dije al principio, hasta que no caminé cerca de tu lugar y, por lo mismo no oiga tu saludo característico, no me caerá por completo el veinte que aquí ya no estás.

  4. Te vi crecer de lejos, te vi desde que te traían en brazos. No puedo acordarme mucho porque yo tenía 2 años. Tu hermano y yo fuimos amigos desde entonces aunque no lo he visto casi en un año. Es lo qué pasa cuando se cambian de escuela y peor aún cuando hay una pandemia. Si, ya sé que sería difícil de creer pero no es así.
    No reconocerías la escuela, ahora hay una nueva cancha de básquet en prepa y techaron las canchas de secundaria.
    Tú otro hermano Carlos, se graduó ya.
    Y tú pasarías a a tercero de secundaria.
    Pero ¿para que te cuento todo? Si tú has estado viéndonos desde el cielo.

  5. Hace dos años te fuiste y sin embargo prevalece un cruel dolor por tu ausencia, cuánto les haces falta a tu familia. Existe una soledad muy penetrable en su alma, la oscuridad se ha apoderado de su risa y de la alegría de la vida. La casa está vacía, las paredes se han vuelto lúgubres y grises. Ahora solo una luz prevalece encendida, tus nietos han nacido y se parecen tanto a ti, su gran apetito por la comida y el disfrute de largas horas por el parque, me recuerdan a lo que siempre te gustaba hacer. Te acuerdas de tu cliente Rigo, ha salido adelante ya tiene su propia casa. El mundo sigue su curso, la inseguridad ha aumentado en nuestra ciudad, de día o de noche te asaltan, ya no les importa si traes dinero o no, lo que quieren es matarte. Se escuchan balaceras en las esquinas, en los campos de futbol y hasta en los centros comerciales. La gente vive con miedo. Miedo de morir por una bala o de ser contagiado. Hace unos meses vivimos una de las peores pandemias del mundo, las personas mueren a diario, los niños no van a la escuela, algunos se han quedado sin trabajo. Todos se protegen cubriendo sus bocas o hasta su cara. No te tocó vivirlo, pero es horrible ver morir a tantas personas: ricos o pobres, adultos o niños, mujeres y hombres. Algún día estaré contigo y cuando lo haga te abrazaré mucho.

    1. Me encanta la forma en que embelleces la experiencia de duelo y sobretodo esta forzada aceptación cuando dices “no te toco vivirlo… pero….

      ¡Muchas felicidades por tu escrito!

  6. Contigo nunca hicieron falta demasiadas palabras y hoy me quiebro de angustia por no saber exactamente cómo dirigirme a ti. El mate ya nunca me sabrá igual… pero ¿sabes? Quizá sea mejor, quizá realmente las cosas pasan cuando tienen que pasar. No te imagino en este caos que es ahora el mundo… y todo se desató a pocos días de tu partida. En paz te fuiste; no estoy segura de si, de haberte contagiado de este virus que nos derrota cada día, cada hora, habrías tenido la faz serena a la que tuve que decirle adiós. Me quedé con las ganas de verte celebrar el campeonato de Boca… yo no pude gritarlo… sonreí sin saber si llorar me daría alguna respuesta. Ella está bien. No me quiere cerca pero eso no importa… si el consuelo llega, qué más da que no sea yo quien se lo procure.

  7. Estimada señora Martínez, he pensado en usted últimamente. Aunque han pasado 20 años de su partida, recuerdo su carácter aguerrido que siempre admiré. Varios años extrañé las tardes de té y galletas en su casa. Los vecinos la llamaban loca o bruja porque vivía sola con sus gatos. Cuántas leyendas se rumorearon sobre su vida; pero pocos la conocían como me dejó conocerla, y eso es algo que le agradezco. Con usted aprendí las luchas diarias que debemos enfrentar las mujeres.
    Sé que le parecerá impropio o grosero lo que voy a decirle, pero a veces envidio su forma de morir. Una mañana, simplemente, no despertó. Dicen que murió dormida. ¡Qué pacífica forma de irse de este mundo! Y en eso pienso en estos días de incertidumbre. Ojalá cada persona tuviera la oportunidad de fallecer en la vejez, en sus camas, por causas naturales. Qué bueno que no le tocó ver los tiempos en los que vivimos. Con decirle que tan sólo salir a la calle nos causa pánico. Se indignaría con las muertes diarias que reportan en las noticias; sin embargo, hay muchas otras que no se mencionan, que nadie investiga, por ejemplo, las que ocurren en comunidades marginadas. A mi parecer, las campañas de erradicación son débiles y no han detenido el problema. Cada vez hay más y más víctimas.
    La extraño mucho, señora Martínez, pero en verdad me alegra que no sea testigo de los estragos que ha dejado este maldito virus llamado machismo.

    Con cariño, RH.

    1. Un excelente texto. Firme y al grano. Piglia dice que todo buen cuento debe contar dos historia, una A, evidente y externa, y una B, sutil y delicada que modifica y da fuerza al texto.
      Aquí la trama A parece referirse a l virus, cuando en la línea final nos muestra esa otra pandemia, mucho más terrible, que nos aqueja.
      Después de leer la última línea, uno comprende el horror de la pandemia escondida, que no cesa.
      Un texto magnífico.

    2. Un recurso clásico del cuento –brevísimo o no– es el final sorpresivo: esa última frase o párrafo en la que una porción adicional e imprevista de información cambia mucho o incluso todo lo que creíamos saber acerca de los hechos narrados. En este texto, que además es conmovedor por su actualidad, aparece un final sorpresivo creíble en el acto de escribir una carta, que por supuesto se relaciona con la compañía y la complicidad de las mujeres que está presente a todo lo largo del texto. Muy bien.

  8. Okens,

    He vuelto a soñar contigo, amigo, y otra vez la desesperación, la tristeza de no entendernos, de no hablarnos, porque tú tan muerto con la boca llena de gusanos y yo tan vivo con la boca llena de luciérnagas. Sacudías las manos con furia, así imagino que moriste, bajo el agua, golpeando las olas que te tragaban, peleando hasta el fin. Dijeron que te moriste ahogado en tu propio vómito y tiene sentido, hasta el final argentino, lleno de ti.
    Te has perdido un par de conciertos, uno de Tool y otro de Fantômas, dicen que vino Diamanda Galas y que cobró 666 pesos, no me consta. Triángulo del amor bizarro saca disco casi cada año y el último disco de Columpio Asesino no era lo que esperábamos. 
    Hay hambre, muerte y destrucción dentro, fuera y alrededor del ser humano. Tengo la sensación de que vivo sólo para comprobar nuestras teorías de juventud; la gente ha tenido que aprender a soportarse, a soportar el peso de su propia existencia, la cual, paradójicamente, mientras más insignificante más pesa. 
    Hay una nueva película de Tarantino que te hubiera gustado, sobre todo la escena con Bruce Lee, te hubiera hecho carcajearte, porque así eras tú y eso es lo que más extraño de ti, esa facilidad para reírte de las cosas más extrañas y maravillosas y terroríficas y estúpidas y filosóficas y tristes. 

    G

  9. Querido Noé,

    Resulta que nos quedan 13 minutos. El intento de explotar el meteoro Perses fracasó. Ya llevaron al Presidente a la estación espacial por si acaso algo existe mañana.

    Dicto estas palabras en mi celular. Las enviaré a tu número, esa combinación de cifras que sigue tatuada en mí memoria. Sin duda, otro ya tiene tu número, pero cuando este mensaje llegue al satélite, a salvo del infierno que está por venir, no encontrarán donde aterrizarse y las leerás en las estrellas.

    Han pasado 30 años desde que el mar te me llevó. Mi segunda pareja Lucas era un hombre callado, ¡tu opuesto, mi poeta! Aprendió a bailar el tango porque le conté como bailábamos en la cubierta del Argos bajo la bóveda celeste. Quería devolverme eso aunque ya desde 2045 está prohibido bailar por dicto. Cuando danzábamos un tango me sentía como si fuéramos tres, Noé. Murió Lucas — ¡qué mala pata perder a ustedes dos! — y me hice farera. Desde hace 8 años vivo aquí en el faro de José Ignacio donde ahora veo a los cuatro puntos de la rosa marina, espiando por donde ha de llegar el último alba. “Bien puedes besarme aquí, faro, farol, farolera” ¿Te acuerdas del poema de Alberti, Noé?

    Me quedan 2 minutos. El camarote estrecho. Dormíamos abrazados. Decías soy pescador-poeta, en ese orden. Decías te quiero. Decía te quiero el doble. Reíamos. Veo el sol. Veo el fuego. !El viento! Hasta las estrellas.

    Sofía

  10. Don Carlitos.

    ¿Recuerda esas pláticas que teníamos, pensando el futuro? Pues el futuro es hoy, y no es tan parecido como imaginábamos. Bueno, tal vez sí hay una pandemia apocalíptica, gobiernos totalitaristas y caos… pero desafortunadamente no hay muchos robots, ni carros voladores ni máquinas que pueden crear cualquier alimento que quieras al presionar un botón.

    Solo quería decirle que… Perdón por el libro que nunca le devolví. Al principio no quería hacerlo, se volvió uno de mis favoritos. Luego quise hacerlo, pero me dio pena, había pasado mucho tiempo. Al final lo olvidé. Y ahora me alegro de no haberlo hecho, pues es un recuerdo de todo lo que me dejó. Seguramente lo perderé al prestárselo a un chico que quiera aprender de ciencia ficción.

    Gracias. Por todo.
    Saludo vulcano.

  11. Hello, miss Deb. Al fin me animo a escribirte (lo hago en español porque sé que te gustaba mucho el idioma). ¿Sabes? Me cuesta trabajo creer que ya no estés aquí con nosotros. Es que a veces pienso que sigues detrás de tu tablet buscando qué descargar. Hay tantas cosas que me gustaría decirte. Por una parte me imagino qué dirías si vieras nuestra situación actual. Claro, estarías preocupada, pero sonreirías y dirías que estuviste preparada antes que los demás para eso de las clases online. Además, con tanto curso gratis creo que estarías súper emocionada y te inscribirías a todo lo posible. A veces pienso en ti cuando veo el gorro y la bufanda que me tejiste. Incluso me acuerdo del pie de limón que me horneaste. También pienso en la taza que te regalé. Por supuesto, nunca olvidaré nuestras clases de inglés, de tus planes futuros y de los míos. Ojalá, donde quieras que estés, puedas oler el mar. Sé que no es lo mismo que visitarlo, pero sería algo. En realidad, más que comentarte lo que estoy viviendo, me gustaría agradecerte todo lo que has hecho por mí. Nos conocimos por poco tiempo, pero fuiste una gran amiga. Gracias por tus sonrisas y tus consejos. Siempre te llevaré conmigo.

  12. Que onda Phantom, ví la película de Queen. Amigo, me regalaste el amor por su música, pero tu herencia de Napster está incompleta, perdí uno de los cds con su discografía. En el cine viví un momento mágico, reí y lloré con la vida del Freddie, la gente coreaba las rolas pero un nudo en la garganta me recordó al Chipotes cuando dijo: 《A mi sí me gusta la música de quen》, el cáncer nos lo arrebató. La neta el actor se mueve como la reina. Fíjate que cualquiera puede subir videos al Internet, un amateur canta como la reencarnación de Mercury, hasta lo contrataron para un tour, los integrantes del grupo todavía dan batalla.
    Eso me recuerda otra peli, Batman Versus Superman, fue un fiasco pues la versión porno se llevó algo parecido al oscar y la de Hollywood quieren quemarla los nerds del cómic, por cierto subieron video-reacciones destrozandola.
    Todo ha cambiado, las compus crean películas completas y los teléfonos tienen procesadores y cámaras más potentes que la nave que viajó a la luna, pero la gente los usa para subir grabaciones estúpidas. En estos tiempos usan la Web para difundir sus ideas revolucionarias: argumentan que la tierra es plana y que las pirámides de Egipto fueron construidas por seres extraterrestres; hay un cuate que dice que es Jesuscristo, que dizque ya regresó. La materia gris escasea como buenos amigos.

    1. Me gusta que tiene un sentimiento melancólico de añoranza al pasado.
      Y la ironía de que los chicos que charlan no reconocen la realidad de la época en la que se están desarrollando.

  13. Miguel angel:
    Desde la distancia aplaudo lo que haces, sin duda, cada experiencia es un aprendizaje que plasmas para nuestro deleite, saludos cordiales.

  14. Hola David, qué onda, espero andes rolando chido entre el cosmos y esta tierra de vivientes, eres el destinatario de este mensaje porque te has perdido unas cuantas cosas en tu primer año de ausencia física, te adelantaste, ni modo, aunque como solíamos y aun decimos: cuando te toca, ni aunque te quites.
    Vivimos tiempos muy extraños, la velocidad de las cosas ha cambiado en muchos ámbitos en solo siete meses, pero primero te pongo al corriente: seguimos bien y echándole ganas, ella va encarrerada con su huerta y sus proyectos, feliz. Angélica y Alfre bien también, cuidándose por lo mismo de la pandemia. El Espacio curiosamente vacío sin nosotras y nosotros, ahora sostenido por Marí y Toño, pero seguro te pasas por ahí de vez en vez y ya lo sabes. No perdemos de vista las metas, soñando y haciendo, sobre la marcha, como siempre.
    La pandemia es lo más relevante y rompedor de bolas y ovarios en este año, pero no por eso podría decir que ahoga la vida o por lo menos así lo intento conmigo y las y los demás. Las costumbres y reglas están cambiando, le llaman nueva normalidad, pero sigo sin creérmela y quiero pensar que tú pensarías lo mismo. Seguro en alguno de los libros que leíste pasó algo similar.
    Por ahora no hay mucho más que sea necesario saber, deje este recado debajo de una de tus primeras calaveritas de azúcar, tu primer año, espero te emocione, hasta pronto amigo.

  15. Maestro Julio, no sé cuándo le llegue esto que ahora le escribo. Es la primera vez que mando algo al más allá e ignoro la eficiencia del servicio postal que va hacia el inframundo. En todo caso, le aviso que el semestre sigue. No vamos a dejar que esto de la pandemia marchite nuestros corazones de poetas. Nos reunimos los martes y jueves a las diez, todos sus alumnos, en Zoom o en Skype, y le damos rienda suelta a la imaginación. Ya casi queda el compendio que nos asignó como proyecto final.
    Por cierto, ya empecé a leer el libro que me regaló. Una pena que ya no esté usted para comentarlo. Gracias por tanto.

  16. ¡Señora! cuán difícil han sido los días desde que no está alrededor, no hay encargos que hacer, plantas que cortar, paredes que pintar, pisos para fregar, cocinas que arreglar, macetas que mover o historias que escuchar. Muchos dirían que todo el por el interés del dinero, pero era chido pasar el tiempo con usted, saber que cada año se iba a pasear dos o tres veces a la playa o cualquier lugar que la invitaran fuera de la ciudad.
    El otro día estaba escuchando la canción de una Santanera con el vocalista ¡rockero! Que bueno que no le toco escuchar tamaño esperpento, es una patada en la punta del caracol esa fusión, no hay nada como lo original, escuchar a la Santanera de Carlos Colorado que usted tanto bailaba o a Enrique Guzmán, ¡eso si era música!
    La recuerdo con mucho cariño, sus consejos y groserías que decía con tanto sabor. Gracias por las comidas, por quitarse el taco de la boca para convidarme y por la paciencia que me tuvo.
    Un beso hasta esa playa azul en la que debe estar descansando.

  17. “Y luzca para ellos la luz perpetua”. Solo ese recuerdo guardo de nuestra despedida. Ni católico eras. Ni siquiera estás presente. Tu energía se disipó. Estas cosas las hablábamos sin cesar, te consta. ¿Recuerdas la borrachera que nos pusimos en casa de tu abuelo? (¿a quién le hablo?). Sacó mezcales antiquísimos; había que celebrar que por fin habíamos ganado. Nosotros ni habíamos votado. Lo acompañamos hasta que empezó a sonar el concierto del Zócalo. Luego nos encerramos a terminar dos mezcales más y una botella de Tequila Cuervo, que guardabas bajo tu cama, mientras discutíamos, nuevamente, la trascendencia de Bakunin en la doctrina final de Marx. Fue la primera vez que te vi llorar, fue la vez que supe que eras efímero como todos, intrascendente. Unos años no te servirían para desarrollar tu tesis y llevarla a la aplicación de un orden mundial, y los meses que duraste, sólo sirvieron para que la depresión te cansara. Me avisaron por mensaje desde tu teléfono (¿por qué no bloqueabas el maldito celular?). Tus bromas estúpidas, pensé. La voz que respondió era de tu hermana. La extensión temporal de la bondadosa quimioterapia te la quitó una ambulancia desquiciada en sentido contrario. Una copa más, un chiste extra contra Ariana Grande y el rechazo a la condecoración de la reina, dos minutos habrían bastado. Tu voz final negó el canto anarquista por una súplica al Dios inexistente. Ni católico eras. Luzca para ti la luz eterna.

    1. Un relato ingenioso. Una buena despedida, sincera y realista de alguien que se fue en un instante, recordando un momento de convivencia, y rogando a Dios por él, aunque fuera agnóstico.

    2. Me llevaste a imaginar cada detalle.
      De la muerte y sus inconvenientes no escapamos, a disfrutar los mezcales y los momentos con los que comparten nuestras locuras.

    3. <>
      Me llegó al centro esta frase, será por lo cerca que ultimamente está la muerte.
      La cercana despedida al amigo, con la añoranza de vivirlo algo mas.
      Ni católico era.
      Me gusta.

    4. Un texto duro, seco, contundente. Una frase para empezar que parece fuera de tono dado la personalidad descrita hasta las ultimas dos líneas que justifican perfectamente el porqué el texto empieza y termina con esa frase.
      En los textos cortos la presentación es imprescindible para dar fuerza al texto, las palabras que se presentan cumplen, en este caso, una función específica y que funciona.

    5. El relato te lleva a celebrar la vida, desde los detalles más minimos hasta las particularidades personales. Gracias por compartir

  18. Ejercicio 2: un mensaje de este mundo.
    Estimado don Pedrito:
    Mi abuela está bien, a veces recordamos cuando platicaba con ella, también las ocasiones en que usted salía primero y charlábamos los dos, claramente, antes de su entrar y salir en camilla. Lo veíamos llegar, con los ojos cerrados, un poco más flaco, más pálido, muchos decían que ya estaba muy mal, pero tenía la esperanza de volver a verlo bien. Es triste cómo la respuesta al “¿Cómo está?” es “Pues estamos, todavía estamos”. No los puedo juzgar, siempre está presente la premonición de la muerte, pocos han durado más de diez años en tratamiento.
    Nos hemos enterado de su familia, siguen tristes, buscan en qué gastar su tiempo. Su esposa, si se hubiera imaginado la soledad presente, tal vez nunca habría dicho queja por tener que viajar tres días a la semana, en la combi, para traerlo a la clínica. Pero compréndala, a veces es fácil rezagar el amor que se tiene.
    Todos siguen igual, siguen; llegan, los conectan a las máquinas que limpian la sangre, pasan tres horas, los desconectan, salen con su familiar y el resto del día, si queda, se pasa entre mareos y agotamiento. Es fácil acostumbrarse, antes de la crisis estábamos predestinados a quedarnos en casa, la mascarilla era común desde antes. Lo difícil es no ver un bosquejo fúnebre en los rostros de los pacientes, frágiles. Sin embargo, deseo que ahora goce de su desencadenamiento, su crónica se acabó de contar.

  19. Luis, cómo ha pasado el tiempo, eh. ¿Qué son, cuatro años? Ya hasta perdí el tiempo mi amigo. La verdad es que nunca me ha gustado contar el tiempo de los muertos, no le veo el caso. ¿Qué crees?, bueno, seguro ya lo sabes, yo creo por allá se enteran de todo, a la mejor hasta antes de que pasen las cosas.
    Resulta que ayer se casó el Jorge, se casó con su novia gringa, ¿te acuerdas como nos la presumía?, pues por fin se casó. No invitó a nadie, según por la pandemia, pero yo creo ni nos quería invitar. De todos modos, yo no hubiera ido, ahorita se anda muriendo un chingo de gente por esto del covid. Me cae que ahora sí estamos bien asustados. Aquí ya son dos vecinos que se murieron por ese virus, don Genaro y la señora que te gustaba, la de chinos. Ahorita es mejor estar guardaditos, como tú. ¿Sabes que es lo peor de esta enfermedad?, la pinche muerte a solas. Nadie debiera morir así. Yo por eso sigo encerrado, este pinche virus no me va a llevar.
    Y pues nada mi cuate, lo demás sigue igual, tu novia aún no se casa, tus jefes encerraditos como debe ser, tus carnales bien portaditos, y yo aquí, resistiendo todavía.
    Ya te dejo, tengo que desinfectar la casa, ahora me toca a mí. Oye, te encargo un jalón de patas al Jorge, para que se le quite por no invitarnos a su boda.

  20. Un relato ingenioso. Una buena despedida, sincera y realista de alguien que se fue en un instante, recordando un momento de convivencia, y rogando a Dios por él, aunque fuera agnóstico.

  21. Hola, Edith. ¿Cómo te la estás pasando allá arriba? Me gusta pensar que, a pesar de todo, estás de ese lado… ¿Sabías que tu madre, cada que tiene oportunidad, se dedica a contar esa ridícula historia sobre cómo alguien adulteró la bebida de su inocente hija en el antro, lo cual terminó en una sobredosis? Ya han pasado casi diez años y aún nadie se atreve a decirle que eso no ocurrió así. Supongo que trata de sublimar su experiencia, advirtiendo a las niñas que escuchan su historia que no hay que confiarse de nadie al salir por la noche; pero una parte de mí no le cree, no me creo que nunca se haya dado cuenta que “el sol de su vida” realmente no era tan inocente, que consumías drogas desde hacía mucho tiempo y que no te relacionabas precisamente con personas de bien. Y fue precisamente tu estilo de vida el que te llevó a morir apenas pisando la mayoría de edad. Me perturba un poco que tu madre finja desconocer tu verdadero ser, pero, después de todo, no soy nadie para romper esa fantasía; yo también tengo la mía y es que pudieras leer estas letras y, si tienes ganas, alegrarme el día con alguna bonita melodía, de esas que sólo tú podías crear.

  22. Suhail
    22 de julio de 1976 -13 de septiembre 2017

    Recuerdo el ir y venir de tu casa a mi casa.
    El no sentir el sol ni la lluvia en la cara; jugábamos sin parar, si no era fut, era Beis o americano y hasta basquet.
    En esa cuadra, olvidábamos quienes éramos, para convertirnos en Pelé, zico, Hugo Sánchez y Socrates. Soñar que metíamos goles de antología, pases de locura.
    Te acuerdas Suha? jugar al gol y puerta con Pichi, Memo, Diego y tú Carnal Giovanni. Ir a comprar chicle de bola y papas a la tienda de la esquina, donde nos atendía un señor muy gordo, que fumaba como chacuaco todo el día …como se llamaba la tienda recuerdas? ….Chacharitas.

    Salíamos de la escuela y caminábamos a nuestras casas, cuantas cosas no pasaron…. las retas en el espiro del colegio, la vez de la ratota que matamos a patadas, cuando quisieron asaltarnos, que bien la pasamos viejo.
    Gracias por esos tiempos inolvidables, perdona los tiempos que faltaron.
    Me casé y el tiempo no perdonó, pasó más rápido de lo que sentía. Tuvimos intención de vernos, no se pudo. Sin embargo logramos hablar unas cuantas veces por teléfono.
    A mi pesar deberían de a ver sido más llamadas. Seguía creyendo que mi amigo siempre estaría hay.
    Sin embargo él tiempo cobra factura y a ti te la cobro con holgura, con esas ganas que tenías de vivir y de salir adelante. Amigo espérame en donde estés, por qué muy seguro voy para allá. Ten el balón en mano, viejo, que solo doy vuelta a la manzana y estoy en tu casa ya no te marco antes, por qué se que vas estar hay.

  23. Querida Monse:
    Hace cinco años fue la última vez que te ví, nos fuiste a visitar a la oficina, ya que hacía tiempo que habías cambiado de trabajo, ¡qué alegría fue verte! aunque ahora que lo vemos a la distancia, parece que fuiste a despedirte, ya que una semana después partirste al más allá. Fue doloroso ver partir a una chica tan joven, que acababa de terminar su carrera de psicología y había conseguido un trabajo en una oficina de educación, como siempre habías querido. Eras tan decidida y trabajadora que te imagino en estos tiempos de encierro creando clases en línea, podcast para guiar a las mamás en el difícil reto de apoyar a sus hijos en las clases, ofreciendo consejos en tu facebook live a tus colegas; pero sobre todo, te imagino ayudando a tus sobrinas con sus materias y cuidando amorosamente a tu mamá que aún te extraña tanto que todavía le duele hablar de la partida de su hija menor por una enfermedad incurable. Ella cumple rigurosamente con las medidas de salud que nos han recomendado, la sana distancia, el cubrebocas y el gel, solo admite la visita de tu hermana y sus hijas, los demás nos conformamos con llamarla por teléfono para saber como está, estarías muy orgullosa de ella y las dos estarían bien guardaditas en la casa. Ella aún te extraña, pero nos dice que le agradece a Dios que no te llevara el coronavirus, porque no se hubiera podido despedir de ti, ni llorarte, ni velarte; le basta saber que te pudo dar un beso de despedida y pudo compartir su dolor con todos los que te quisimos. Los que aún te extrañamos.

  24. H:
    Es casi imposible explicarte los cambios en el mundo que dejaste. Para ti sería terrible esta realidad en la cual tenemos prohibido acercarnos, ¿cómo no abrazarnos después de una tarde bajo el sol del tianguis entre jitomates aplastados y huacales rotos?
    No lo creerás, pero por fin Pejemanuel ganó la elección, sí, sin bloqueos en Reforma ni en los ductos; la Guerra Fría se mudó al internet y el odio navega de la mano con nuevas formas de respeto en lo que llamamos “redes sociales”, que son más parecidas a los círculos del Infierno.
    No sé cómo explicarte que las personas se ignoran en cercanía, sé que para ti sería impensable “conversar” sin mirarse, sin reír juntos, a través de una pantalla sin calor.
    Tu voz sería hoguera en medio de este desierto de autómatas, serías aún mi tlacuilo lleno de historias y mentiras, de pasión y fe combinados.
    Es un mundo absurdo, inaudito, un poco más vacío desde tu partida.
    Sigo buscando las estrellas que prometiste. No es Siberia, pero también hace mucho frío.

  25. Querido John Lennon.

    Creo que esta sera la ultima vez que te escriba, eso es por que de lo único de lo que estoy seguro en este momento de la vida es que no responderás y no me gusta escribirle a la gente que no lo hace.
    Realmente no se mucho de ti, tú nombre se me cruzo por la cabeza (tal vez por Come Together, al menos la escucho una vez al día). Sin duda no te imagino en este mundo de tik tokeros y cuarentenas que no son cuarentenas (estamos en medio de una pandemia por cierto). Son días de encierro que terminan y no.
    Me di tiempo para ver esa película en la que un Jared Leto gordo te asesina, no te pierdes de mucho, no es su mejor papel.
    Es pleno 2020 y según Google tendrías 80 años y varias conspiraciones de haber sido reemplazado por un clon en los noventas. Así el mundo, así las cosas. Me dio gusto saludarte, John. Apuesto a que me hubieras caído bien.
    Por ultimo, y si recibes esto antes de los 80, no hospedes en el hotel Dakota.

  26. No sé si decir hola. ¿Cómo se saluda en estos casos? Ya no recuerdo como te saludaba en ese entonces. Incluso, no recuerdo si te tuteaba; acaso cruzamos palabras un par de veces en el trabajo. Voy a tomarme el atrevimiento de incurrir en esa confiancita del tú para así notificarte oficialmente que tenía la firme pretensión de convertirme en tu amigo. Me encantaba escucharte hablar de filosofía, a pesar de que no entendiera mucho; te admiraba por la fuerza, la visión crítica y la madurez que parecían permear las ideas que expresabas. Quería realmente conocerte, quería realmente entrar a tu círculo, quería realmente que me conocieras. Si las cosas hubiesen sido distintas tal vez hoy estaríamos compartiendo likes y emojis en redes sociales mientras intercambiamos comentarios inteligentemente irónicos sobre cómo nuestro presidente no hace sino dar tumbos en medio de la pandemia.

    ¿Hubiese sido distinto si esa tarde, en esa parada de autobús, al salir del trabajo, yo hubiera dicho algo? Quizás era el momento para decirte un halago, para hacer una broma, para decir al menos que me caías muy bien y lo estupendo que sería verte nuevamente al otro día. ¿Habrías cambiado de idea? ¿Hubieses desistido de tus planes? ¿O no habría importado? ¿La vida ya había dejado de tener sentido para ti? ¿Era algo que no tenía vuelta atrás?

    Si es así, perdóname entonces por contrariarte cada vez que te traigo a la vida en mi memoria. Es que eso, supongo, hacen los amigos.

    1. Este cuento es un excelente de cómo la perspectiva de personaje modifica su entorno. De hecho, como lo dice el texto, no conoció a la persona que le escribe, sin embargo en su visión interna lo ha tratado tanto, ha pensado tanto en su relación que, de hecho, para él es real, tanto que esa persona ya es una amistad cercana, alguien de confianza. Un amigo de esos al que uno le permite todo.
      Hay una sonrisa triste al final de este texto melancólico. Y sí, así son los amigos.
      Muy bueno.

  27. Pensándolo mejor, qué bueno que te moriste. No hacía falta que sufrieras tanto en estos tiempos. Un par de años más y, antes que el cáncer, la tristeza de ver a este país sumergido en la miseria te hubiera matado. Tan violencia, tanto desasosiego. Ni qué decir de la pandemia. No te imaginas cuántas personas han muerto en hospitales… aisladas por completo… casi en el abandono. Ha sido difícil para todos.
    En cambio tú, qué muerte más tranquila habrás tenido, rodeado de tus libros, en la biblioteca de toda una vida; en la gracia de tu dios, y con el cariño de todas las generaciones de filólogos que formaste. Te imagino, tras de tu muerte, en aquel tu amor por la montaña, haciendo un ultimo viaje a la cima para perderte en el cielo conquistado… Y te imagino bajar a esa otra nueva eternidad del alma, la de la república literaria, entre Pericles, Demóstenes o San Agustín, y todos tus autores predilectos de la antigüedad.

  28. Isabel:
    No puedo decirte amiga. Resultaría extraño. Te conocí en la facultad y coincidimos en un par de clases. Lo que me llamó la atención fue tu belleza extraordinaria. Tengo vagos recuerdos; pero aparecen persistentes tus ojos tristes y la mirada coqueta. Siempre estabas protegida por un séquito de amigas. Lo que sentía por ti pude desentrañarlo años después. Ni envidia ni recelo. Una insondable atracción por el sutil encanto desparpajado en tu andar. Me enamoré de ti; pero entonces no lo comprendía. Hace más de veinte años le faltas al mundo y hoy estás presente más que nunca. Quizá pienses que estoy loca. Tal vez. Pero he reparado en algunos detalles que hoy me resultan inverosímiles y crueles. El día que me enteré no podía creerlo. No tú, tú no, no podías ser tú. Supe algunos detalles. Estos me han quitado el sueño muchas noches. Tú no viviste el infierno en que se convirtió nuestro país. Un reguero de muertos y sangre. Quien pensaría que nos acostumbraríamos a los desmembrados en bolsas de plástico, a los colgados de los puentes, a las muertas en el desierto, a los cientos y miles de desaparecidas.
    Estudiante de letras se cuelga en su apartamento. Antes, se destrozó el rostro con un trozo del espejo del tocador. ¿Tan ofendida estabas por tu belleza? Sé que tu muerte fue de las primeras que muchos años después tendría nombre. El peritaje concluyó muerte por mano propia. ¡Feminicido! La historia reciente de las mujeres lo denuncia.

  29. Querido Roberto Bolaño,
    Antes que nada, quiero decir que para mí fue una sorpresa enterarme que eras fanático del América. ¿Llegaste a ir al estadio Azteca? Lo imagino y la verdad es que no concibo muy bien la imagen. Es chistoso porque el dueño del América es el mismo dueño de un programa donde participa Roberto Gómez Bolaños. Cuando moriste muchos medios de comunicación pensaron que él era quien había muerto y no tu.
    Por otro lado, paso a ponerte al día con lo que ha pasado con tu obra: todo brilla, “Los detectives salvajes” es la nueva novela emblema de Latinoamérica, atrás ya se quedó “Cien años de soledad”. Han hecho comics de tu obra, monólogos, una figura de acción, obras de teatro, skins para Age of Empires y hasta una plaquette con tus listas del súper.
    Bueno, no es para tanto, pero si se han publicado muchos inéditos. Hasta hacen la broma de que ya escribes más muerto que vivo. Ese insomnio sí que era eficaz para escribir. Además, ¿te acuerdas de “Comedia del horror de Francia”? Un texto de unos adolescentes que quieren ver un eclipse y del que tanto te quejaste con Rolando Sánchez Mejías pero que no tenías el valor de eliminar, como tus otros textos inéditos. Pues se publicó así en bosquejo. ¿Lo tomarías como insulto o como halago? ¿O sólo te importa que tus hijos tengan el sustento? ¿La posteridad de la obra vale un garete? Ya me dirás en tu respuesta.
    ¿Recuerdas que le querías dar en la madre a Octavio Paz? Pues las cosas van cayendo por su propio peso, sigue siendo un gran poeta: Piedra de Sol está ahí, pero su figura no. La verdad es que muchos lo odian y ahora se engrandece, merecidamente, la figura de Elena Garro.
    Para finalizar, es algo una pena. ¿Alguna vez escuchaste a Vicente Fernández? Pues el señor rechazó su hígado porque le daba miedo que viniera de una persona homosexual. ¿Eso te hubiera importado? Olvídalo, yo sólo me respondo: tu sólo querías seguir escribiendo.

    P.D. Espero que no saquen más inéditos, van de mal en peor. :c

    1. Este ejercicio sorprende entre el conjunto de los que se dedicaron a alguna celebridad. Sin conocer a Bolaño como persona, deja claro que conoce bien la obra de Bolaño, el pensamiento de Bolaño, y también reconoce las zonas oscuras a las que no llega ese conocimiento, y en especial el interés del escritor en la posteridad; esta ignorancia inevitable se balancea con las consideracionesacerca de Octavio Paz, Vicente Fernández y Elena Garro. Muy bien.
      (Y como yo también quisiera que dejaran de publicarle los inéditos a Bolaño, va una felicitación adicional.)

  30. Ciudad de México a 12 de agosto de 2020

    Yahaira:

    Te fuiste hace tantos años que no recuerdo la fecha exacta pero aún me impresiona pensar que ya no estás, me sigue impactando la forma en que te despediste de este mundo y creo que siempre será así.

    Varias cosas han cambiado desde entonces, ahora nos llaman milenials y algunos xenials, que por el año en que nacimos; pienso en esto porque creo que tú te habrías adaptado muy bien a las redes sociales pues siempre fuiste muy jovial y extrovertida.

    Perdí el contacto con tu familia algunos años después de que falleciste, mi papá a veces traía noticias de tu hija, tu mamá y tu hermana; se mudaron de la colonia pero se veían felices y optimistas. El año pasado mi papá falleció y dejé de tener noticias.

    Me gustaría decirte que las cosas han cambiado para mejorar pero no estoy segura, este año ha sido complicado, hay una pandemia y llevamos cuatro meses tratando de no salir de casa para evitar el contagio; espero pronto encuentren una vacuna.

    He pensado mucho en ti últimamente, hace unas semanas unos pasajeros que iban en una combi detuvieron y golpearon a un asaltante que abordó el transporte y una parte de mí piensa que si personas como esas hubieran estado en la combi en la que regresabas del trabajo ese día, quizá no habrías muerto.

    Espero que te sientas tranquila y hayas encontrado paz y descanso.

    Con cariño, tú amiga Paulina.

  31. Desestimado Profesor Cardenal, tengo el agrado de informarle que desde su partida, hace ya tantos años, el mundo va cada vez más rápido y a pesar de que sus enseñanzas y conducta fueron minimizadas en su momento, además de que al parecer había un callado acuerdo de complicidad en su entorno para ocultar el alcance de sus acciones, sin duda alguna puedo decirle que en la actualidad usted estaría en la mira de todos y no habría pacto silencioso para desdeñar el alcance de su persistente conducta.
    El acoso y hostigamiento sexual siguen siendo problemas hasta el día de hoy. Las miradas lascivas, las palabras explícitas, el doble sentido y anécdotas obscenas que compartía como cátedra de vida ya no son toleraras en las aulas con la misma facilidad. Usted conoció el internet, pero no vivió las redes sociales, estas se convirtieron en un lugar para muchas cosas, entre ellas de denuncia a estas conductas, las cuales son señaladas con mayor frecuencia. Usted sería denunciado profesor Cardenal, pero goza de buena suerte, el estar muerto lo ha salvado de sufrir el escarnio de encarar sus acciones, al menos no de la misma forma que los profesores lo viven ahora, esos que para mí son una versión más de usted. Por lo tanto, a falta de redes sociales en el lugar donde usted esté, le escribo esta carta para decirle que nadie lamentó su muerte. Nadie llora cuando un acosador muere.

  32. Querido primer hermano menor

    Me preguntaba cómo contarte lo que ha ocurrido en el mundo y en lo que denomino vida desde que no naciste…
    ¿Sabes lo que sucede cuando los ojos no se cierran? Los bebés que alguna vez fuimos fluyen de nuevo en el agua del tiempo con cuerpos que crecen y se desgastan con los años. Dejamos de ser semillas para crear otras que construyen lo que somos. Las posibilidades nunca dejan de sorprender, para bien y mal. Existe una súbita decisión que nos empuja a tomar un camino u otro, a tomar el poder para crear o destruir mientras que el impulso vital nos preste las fuerzas, para que no cierre nuestros ojos y nos hunda en el sueño profundo.
    El mundo que construimos los de los ojos abiertos es frecuentemente incierto, doloroso, egoísta y cruel. Hace de las herramientas virtuosas corruptos desperfectos al beneficio de unos cuantos. El mundo es la lucha azarosa y constante de romperlo mientras se trata de remendarlo. Te sientes cansado, viviendo mientras no se sabe que es así.
    Aún así, en este combate insufrible y fugaz, cierta belleza melancólica tiene cabida y siembra su propia semilla que siempre florece. El sol, el viento, el frío en las mejillas, la piel tersa en la sonrisa de tus sobrinas, el ritmo de tu corazón empalmado con el de cada uno de los habitantes del mundo que nunca duerme me tienen aquí, escribiéndote a mis 34 años; palabras que un día prometo contaré.

  33. Mi estimada Doña Gertrudis,

    Le escribo rememorando su primer aniversario desde su fallecimiento. Recordarle que su funeral fue todo un éxito (muchas damas alagaron los bellos ramos enviados).

    Nunca entendí, por qué decidió quedarse conmigo, aunque alguna vez me comentó que le gustaba más la vista de mi departamento y me pedía que intercambiáramos de vivienda, su tono era siempre de broma (o eso creía). Bueno, ahora la tengo aquí caminando por los pasillos con sus pies ligeros y entaconados. No le mentiré, es perturbador, pero agradezco la compañía en estos tiempos de encierro y crisis.
    Usted se convirtió en mi dulce melodía en este silencio, además de mi única distracción en las horas febriles. Pero no le escribo sólo para agradecerle, sino para recomendarle que tenga cuidado con sus bromas nocturnas a la nueva vecina de arriba. No todos comprenden su buen humor, por favor tome en cuenta la edad de la pobre vieja.

    Desde el más acá
    Con cariño
    Su Casero

    P.D. Ya que es capaz de mover objetos, quisiera pedirle la receta de sus deliciosos pasteles glaseados, le dejé aquí un papel y un lápiz ergonómico para sus delicadas manos
    P.D.D. Por favor no invite a sus amigos del cementerio de al lado, la última vez casi se nos va la vieja de arriba.

    1. Divertido y simpático, afable. A veces el recuerdo es tan vivido que parece que la persona que se ha ido está ahí, y, en este caso, como fantasma, efectivamente esta ahí.
      Pro no es un cuento de miedo, es, para el personaje, un consuelo en estos tiempos extraños. Se adivina que el fantasma tiene sus asuntos de ultratumba, y el personaje interactúa muy poco con él, es en esta convivencia terrenal-sobrenatural donde se da el elemento cómico, lo mundano con lo extraordinario: los muertos de visita que molestan a los vecinos. Muy buen texto

    2. Que este texto sea claramente una ficción, al contrario de la mayoría de los otros, lo hace ir un poco más allá de lo previsto por las bases, pero no de mala forma. Al contrario: la atmósfera del edificio en el que acechan los fantasmas queda muy bien lograda, porque al mismo tiempo es cómica, inquietante y entrañable. Excelente.

  34. Querido Lalo:
    Me pregunto si podría llamarte así, porque nunca fuiste nada mío y sin embargo esta es la segunda carta que te escribo. La primera nació del desconcierto que tu partida me causó, y que a pesar de los años aún marca mi vida. Sé que te quise con un cariño puro y hasta inocente, y eso siempre lo llevaré en el corazón.
    Quisiera decirte que las cosas han mejorado, que aquello que creí que te había arrancado la vida habría mejorado, pero no: aún se cuentan los muertos por montones en la entidad, aún es peligroso ser justo, ser correcto, no ser de “ellos”. Ahora hay una nueva lista, la de los que mueren por la enfermedad. ¿Podrías creer que hay un virus que tiene al mundo confinado y contra la pared? Un ente de esos casi fantásticos que llegan sin que los invites a tu vida y la trastornan.
    Recuerdo que alguna vez me dijeron que si escribía una historia de terror no debería de ser ni un monstruo lento ni uno pequeño, ¡ja!, este es microscópico y tiene todo un sistema económico, político y social contra la pared. Al menos también tiene a las familias unidas, a los amigos cercanos a la distancia, a algunos involucrados con sus semejantes, otros no, pero ¿quién quiere contarlos?. Se que tú serías de los primeros, no tengo duda. Ojalá estuvieras aquí, el mundo sería mejor, al menos para los que te quisimos.
    Te envío un beso al infinito.

  35. Chale, ¿Te acuerdas del disco que me regalaste? Ya lo quieren prohibir, eso, y bajar la mitad de películas que nos gustaban, dicen que la culpa de que este mundo esté jodido es del arte, por cierto, por ahí me encontré un par de libros que no tardarán en reeditar para quitar las palabras “ofensivas”. Chale, ¿Te acuerdas cuando podíamos caminar la calle a los dos de la mañana? Pues ya van dos o tres meses con toque de queda, bares cerrados, cines, todo. Y no me molesta eso, pero se extraña la vagancia, estar tranquilo en una banca nada más viendo al cielo, esperando que nada pase, ahorita ya voy tarde a una cita, y tengo que regresar a trabajar en unos reportes que eran para ayer. ¿Te acuerdas del parque donde jugábamos fucho? Pues lo hicieron un centro comercial y arriba departamentos. Cada día van apilando más y más capas. Siento que esta ciudad ya no es para mí, igual y pronto te alcanzo. Porque no me pesa que todo cambie, lo que me caga es que no estés aquí para acostumbrarme.

  36. Don Reinaldo, mis nietos me toman de a loco cuando me comunicó con usted antes de dormir, dicen que a quién le hablo o que si ya me dio la demencia (no hay respeto). Caray, Don Reinaldo, sabe que siempre le hablé de usted aunque no le gustaran las formalidades, pero era por el respeto que su presencia emanaba. Caray, Don Reinaldo, quién imaginaría que desde 2016 usted ya no nos acompañaría por las mañanas a tomar café. Para colmo, desde su fallecimiento los temblores en la ciudad nomás no terminan y lo peor es que no hay año que perdone. Seguro que si nos vamos todos de un tirón, vaya a saber si del otro lado haya espacio pa´ todos. Y hablando de tragedias, de su puesto de periódicos ya no queda ni la dignidad, ese yerno que tiene ya forró el negocio de pura revistas con chamacas encueradas y periódicos de nota roja, disque ahora eso es lo que vende. Caray, Don Reinaldo, de veras que no hay recato en estos tiempos. La modernidad nos rebasó y a los jóvenes se les escurre en las manos. Hay harta tecnología y cosa novedosas, ¿para qué? Pa´ que no se pueda uno ni curar de una enfermedad nueva que nadie sabe de dónde salió y que por eso nos trae encerrados a todos. Caray, Don Reynaldo, de no ser por esto iría a verlo al panteón. De cualquier manera ya tendremos tiempo pa´ platicar allá en las lunas.

  37. Querida Elenita,

    Le escribo hasta las lejanías de su paradero, esperando que se encuentre descansando al fin.

    Sé que la vida no nos permitió conocernos a profundidad, por lo que esta carta podría parecerle insólita; sin embargo, su fuerte personalidad se adhirió a mi memoria como si hubiese sido un integrante más de la familia.

    Recuerdo que algunos de sus últimos días de alegría los pasó al lado nuestro; a mi abuela le hacía muy feliz poder ayudarla y espero que ese sentimiento haya sido reciproco.

    A pesar de la frialdad de su carácter, el pasar tiempo con mi abuela y sus amigas hacía que lanzase refulgentes sonrisas por toda la casa. (Déjeme decirle que aquel esporádico gesto, que opacaba la extenuada vida que llevó desde España hasta México, se robaron un pedazo de mi corazón).

    Actualmente mi abuela y sus amigas no se han podido reunir debido a la pandemia. Por el momento, todas siguen atadas a esta vida junto a nosotros, pero la situación en nuestro país se ha ido agravando, por lo que te pido sólo una cosa: por favor, cuida a cada una de ellas desde aquel rincón en el que te encuentras.

    Te extrañamos mucho Elenita, pero esperamos te encuentres mucho mejor ahora que descansas en paz

    Besos, la familia González Leyva.

  38. Hay un sol esplendoroso en el barrio de Coyoacán. Inconfundible la plaza detrás, con el kiosco que lleva la cubierta adornada con palomas como si fuera un sombrero huichol.
    Posas junto a un manojo de globos coloridos, sonriendo como si fueras la mujer más feliz del universo.

    Este momento quedó inmortalizado en la última fotografía que te tomaron. Es así como te recuerdo veinte años después.
    Me apena contarte que si no fuera por eso, tendría vagos recuerdos de tu cara.
    Ahora, las tres estamos casadas. ¡Acertaste en los pronósticos!
    Lili fue la primera, luego Montse y después yo . Lo sorprendente es que jurabas que tú no darías ese “mal paso”.

    ¿Puedes creer que las tres estuvimos embarazadas el mismo año? Aunque nuestros hijos no conviven porque nos frecuentamos poco. El destino nos guío por ciudades diferentes y nos dedicamos a profesiones que nada tienen que ver con lo que elegimos en la escuela donde nos conocimos.

    Cada una tiene sus propias amistades pero nadie ocupó tu lugar, siempre fuiste la güerita despistada de nuestro pequeño grupo. La que nos hace suspirar por la juventud de otra vida, de cuando nuestra mayor preocupación eran las calificaciones y obtener las ganancias suficientes de la venta clandestina de dulces para ir al cine cada viernes.

    La mayor inquietud actualmente es salir bien libradas de un virus que cambió para siempre la cotidianidad en el mundo.
    ¿Jenny, te manifestarías como acordamos hace años, para darnos una pista de lo que nos espera?

  39. Querido Dr. Brown.
    La noche que regreso al futuro, sufrirá un atentado terrorista.
    Esta carta era para que pudiera tomar precauciones. Sin embargo, ahora no sé si realmete funcionará, puede que sólo la escriba a un fantasma.
    He viajado por el tiempo sin respuestas, no hay fotos, nombres, ni nada que me ayude a encontrarlo. La máquina del tiempo sigue aquí, por lo tanto, es imposible que esté muerto. He viajado a varios pasados y futuros, sin alterar nada, pero no hay rastro suyo.
    Este futuro, presente o pasado ha cambiado mucho, pero por su ausencia, los viajes en el tiempo no tienen sentido sin usted. Lo extraño mucho, Doc.
    Espero pronto acabe este terrible desastre.
    Su amigo Marty

  40. Sofía, nueve meses han pasado desde que te fuiste a ver crecer los rabanitos desde abajo y si te dijera todo lo que ha sucedido desde entonces te me vuelves a petatear. Pero como en realidad estoy más cerca yo de alcanzarte que tú de regresar pues ahí te va.
    Este 2020 ha estado de locos, hemos vivido casi la tercera, incendios, inundaciones, avispas asesinas y, como si fuera poco, una pandemia.
    ¡Sí, bien medieval el asunto!
    Algunos creen, otros no, pero al final todos se mueren.
    Nos hemos guardado cual figura de nacimiento desde marzo y parece que no saldremos ni en rifa por algunos meses más.
    Seguro a ti te gustaría esta onda, no saludar a nadie, no salir más de lo necesario. Me da risa pensar que, a ti que te latía lo espiritual, ya tuvieras bien activados tus chakras y flotarías o algo similar.
    También tendrías que enfrentar a tu mayor demonio: la tecnología.
    Si te soy sincera hay cosas divertidas también. ¿Te acuerdas cómo nos burlábamos de Rodri porque se quedaba como en pausa al hablar? Pues eso sigue pasándole a todo el que se atreve a jugarle al virtual, es tan gracioso, seguro te volverías a morir de la risa.
    ¡Extraño compartir memes contigo! No puedo creer que te perdiste al ladrón de la combi.
    Pero así es este mundo.
    Aquí te dejo estos cadáveres de tinta para que te acompañen.
    Para que me acompañes.

  41. Para B.
    Donde quiera que estés.

    Observo las melenas doradas del campo en mi viaje de regreso a casa y pensé “seguro esto te hace falta”. Levante las manos e hice un rectángulo con mis dedos, simulé una cámara y ¡clic! una instantánea a la antigua; no con imágenes sino con imaginación. Esta carta es eso: una instantánea de un tiempo que ahora parece no existirá jamás de nuevo.
    Toma bien esta carta, lee bien las palabras y observaras un truco de magia. ¿Listo? Bien. Escucha atentamente y oirás la brisa del oeste mecer los pastos de otoño, al fondo se escucha el rumor de grillos que saltan de un lado a otro. El viento alcanza los arboles y estos se vuelven instrumentos mágicos, cantan en coro sonidos y canciones que dan paz a todos los animales que viven en su seno. Destellos que se convierten de plata en oro. El sol desciende lento. Seguro ahora sientes a tu alrededor todo esto, acerca la hoja, cierra los ojos y respira. ¿Hueles el aroma del otoño? Un aroma que recuerda la niñez, a sábados con golosinas, caricaturas o visitas con los primos. ¿Puedes oler el final del verano, donde los enamorados se vuelven hombres y las chicas diosas? Una época de abuelos que caminan bajo caminos llenos de nostalgia. Una época única en la vida
    Dime ¿Qué aroma tiene para ti el otoño?

  42. Marlene, te acuerdas cuando un ciclista ruso te apuntó con el cuchillo para llevarse la mercancía de tu tiendita Kiosk y tú le hiciste frente? En el fondo sé que ya te querías morir y que te sepultaran con tu marido inglés. ¿Cómo te enamoraste de ese soldado en medio de la guerra, y tú siendo alemana? Se te murió luego, luego.

    Quisiera caminar por la calle del Sol donde estaba tu tienda. Aunque la pandemia me merma, pero ya hay dos vacunas rusas que prometen. Aquí en México se siguen muriendo.

    Me diste tu teléfono y no te llamé, sólo guardé la estatuilla que me diste. Le di el Jägermeister versión conmemorativa a mi papá. Murió poco después, pero fue feliz al recibirlo. Aún busco sus ojos entre la gente. No hubo una oda en el mundo, no bailaron los pájaros, nada se detuvo. También se murieron unos estudiantes. Me hubiera gustado decirte que todo es más bello.

    Sigo viendo cosas, la Semana de Cine Alemán y me acuerdo de ti, alta, robusta, delante de los chocolates y los cigarros. Merkel ya no quiere continuar, ya todos están perdiendo la fe, los jóvenes se entristecen de que los tachan de nazis. Tú sólo fuiste una víctima del amor y tú seguiste hablando inglés con su acento, darling. I wish I could see you again. ¿Recuerdas esa estatua de los amantes en el puente? Deine Ana.

  43. A ti:

    Te enterré. Te lloré. Te extrañé. Deseé volverte a ver. Me frustré. Cinco años pasaron de tu muerte. El mundo cambió. Me puse los guantes táctiles y los auriculares VR. Apareciste. Acaricié tu pelo. Te abracé. Eras como de aire. Te escuché. Hola, dijiste. Jugamos. Te recostaste en el pasto. Dormiste. Me quité los auriculares. Ya no estabas ahí. Y lloré. Te esperé. Te extrañé. Deseé volverte a ver…

    1. Un excelente minicuento.
      Su ritmo y cadencia son los justos para apoyar al yexto.
      El peso de la nostalgia, y el hecho de que la ausencia no se termina, así exista una realidad virtual. Siempre continuará ausente, lejano, inasible.
      Con las palabras justos y el loop preciso para hacernos sentir el infinito del vacío.
      Inmejorable.

  44. Desmoronado, sin actividad cerebral, llagas en la espalda y la marca vieja de un resucitador en el pecho. Así quedaste en 2011. Y tu recuerdo es éste. Han pasado 9 años y no olvido tu cuerpo sin vida en la cama del hospital. Por eso trabajo en traer a mi memoria tu sonrisa. Mandé a amplificar una foto tuya en la que ríes como lo hacías de mis tonterías cuando me cuidabas de niña. Me puse el cubrebocas, porque hay una pandemia, y salí a recoger el enorme póster que puse en mi sala para verlo siempre. Apenas lo hice gemí como un animalito buscando calor. Ahora intento con un video en el que bailas. Miro tu cara feliz y cierro los ojos para grabármela, en un ejercicio que repito cuando pienso en tu cadáver. Recuerdo que mientras te cuidaba en el hospital vi morir a dos personas de un paro cardiaco: ambas hicieron un sonido, como un relincho de caballo espantado, antes de expirar. Tenía miedo de que te pasara igual. No fue así. Un botón bastó para esfumar el aire de la máquina que te mantenía con vida y te dejó desmoronado, sin actividad cerebral, llagas en la espalda. ¿Ves? De nuevo estoy atrapada en esa escena sombría. Me enteré de que recrearon a una niña de siete años muerta usando la realidad virtual para que su mamá se reuniera con ella. ¿Te lo hubieras imaginado? Me voy, es hora de mirar de nuevo tu video y olvidar.

  45. Naciste entre dos guerras, me decías en aquellas noches de casapuerta y vermú. No conociste a tu padre. Quizá fue un soldado falto de cariño que se perdió en unos brazos suaves para olvidar la locura de la guerra. Y aunque tu madre te juró que nunca vivirías lo mismo que ella, padeciste los delirios de otro conflicto. Hubo hambre en Cádiz, por eso fuisteis al campo. Acabaste de manceba del dueño del cortijo, que olvidaba los desaires de su esposa en la lozanía de tu carne. La historia siempre se repite, me decías. Llegaste preñada a la capital, ciudad chiquita pero de lustre de plata. Nunca conocí a tu hija, pero me dices que otra guerra se la llevó. Presiento que esta fue entre vosotras: quiso huir con su miedo y sus secretos. La historia siempre se repite, me dijiste, antes de cerrar los ojos para siempre. La siguiente guerra fue una epidemia mundial. Y, como predijiste, apareció una joven. Me miró a los ojos y dijo: «Mi madre era así como usted, señora». Y ahora yo la abrazo todas las noches, tita Clara, y la escucho como la escuchaba a usted, porque tengo miedo de que la historia se repita.

  46. Estimado César,

    Hoy regreso a ti como aquella triste mañana de enero. Pero esta vez lo hago a tiempo y sin la incertidumbre de las palabras no dichas, incluso me arriesgo a mencionar que asisto a nuestro encuentro con la suerte de quien quiere confesarse. Puedo decirte, querido amigo, que la vida continuó pereciendo después de tu partida. Y en este preciso instante, confinado en estas cuatro tapias, lo confirmo, mas no lo asimilo, pues no comprendo cómo los lugares que frecuentamos cuando párvulos, hoy perpetúan la muerte de la carne, no quiero entender cómo el aire que alguna vez respiraste, hoy contagia las enfermedades de la muerte y detesto reconocer que la casa que abandonaste… hoy viste de luto. Ay, amigo, si tan sólo estuvieras aquí y pudieras sentir el peso de este rostro lívido y ojeroso, estoy seguro de que tus palabras serían el consuelo perfecto para los dolores del mundo.

  47. Solo nos vimos una vez y dudo que me recuerde. Incluso yo debo de aceptar que la imagen que me queda está borrosa. Yo era apenas una adolescente y ser la acompañante de su nieto sumía todo en una niebla. Quizás no tuviera la voz que me imagino cuando construyo conversaciones que nunca podrían suceder, aunque usted aun siguiera aquí. Seguramente las noticias que puedo darle no son las que más le hacen falta. No sé cómo están sus hijos, conozco a sus bisnietos por fotos de Facebook. No supe nunca quiénes fueron sus amigos o amores, de quienes le gustaría saber algo desde donde esté. Pero sí sé que el sigue leyendo libros cada vez más grandes, en volumen y eco. Que cada palabra que respira lo lleva a usted, a sus ojos, a esa pregunta que ya no puede hacerle. Que la lista de recomendaciones que le dejó es atendida religiosamente, a pasos bien pensados para que no se termine demasiado pronto. Déjeme decirle, sobre todo, que sé que me tardé en entender lo que para usted fue obvio cuando me sonrió aquel día que nos conocimos. Que ahora que soy más fiel a lo que revolotea aquí adentro, sin importar lo que pueda crear o escribir, sé que siempre me faltará una lectora y una opinión. Que aun así, aunque no sea posible, me esforzaré por estar alguna vez en la lista de recomendaciones que sigue armando en el infinito.

  48. Para: elias@elsitio.com*
    De: si existe《el sitio》(o algún sitio -¿serán varios?-), creo que estará llena de seres omniscientes que sabrán de quién y para quién es este mensaje pero, por si acaso, dejo mi correo: edgaroax@gmail.com
    Asunto: solo para saludar.

    1. Espero que mi mensaje sea entregado en tiempo y forma (aunque allá todo sea eterno, no sé cómo funcione eso; igual y no tenemos los mismos husos horarios) al destinatario correcto (o sea, tú).
    2. De que te fuiste, el PRI regresó y se volvió a ir. Ya sé, parece chiste pero es anécdota. Ahorita andan como zombies: medio muertos y arrastrándose por todos lados.
    3. Mamá te extraña mucho. Se acuerda de ti en todos tus cumpleaños. Fuiste de sus mejores amigos. Hace un par de semanas perdió a otro, a causa de un bicho de comportamiento errático que nadie esperaba. Ya son varios los que se han ido. Es como si la aparente inmortalidad que ofreciese la juventud se esfumara.
    Tus papás también te extrañan (en serio).
    4. El rock no ha muerto. 🙂
    5. Varios rockeros sí. 🙁
    P.D. Te encargo a mamá. Te quiero mucho.

    *ojalá sea un spa.

  49. Para: elias@elsitio.com*

    De: si existe《el sitio》(o algún sitio -¿serán varios?-), creo que estará llena de seres omniscientes que sabrán de quién y para quién es este mensaje pero, por si acaso, dejo mi correo: edgaroax@gmail.com

    Asunto: solo para saludar.

    1. Espero que mi mensaje sea entregado en tiempo y forma (aunque allá todo sea eterno, no sé cómo funcione eso; igual y no tenemos los mismos husos horarios) al destinatario correcto (o sea, tú).

    2. De que te fuiste, el PRI regresó y se volvió a ir. Ya sé, parece chiste pero es anécdota. Ahorita andan como zombies: medio muertos y arrastrándose por todos lados.

    3. Mamá te extraña mucho. Se acuerda de ti en todos tus cumpleaños. Fuiste de sus mejores amigos. Hace un par de semanas perdió a otro, a causa de un bicho de comportamiento errático que nadie esperaba. Ya son varios los que se han ido. Es como si la aparente inmortalidad que ofreciese la juventud se esfumara.
    Tus papás también te extrañan (en serio).

    4. El rock no ha muerto. 🙂

    5. Varios rockeros sí. 🙁

    P.D. Te encargo a mamá. Te quiero mucho.

    *ojalá sea un spa.

  50. Para: elias@elsitio.com*

    De: si existe《el sitio》(o algún sitio -¿serán varios?-), creo que estará llena de seres omniscientes que sabrán de quién y para quién es este mensaje pero, por si acaso, dejo mi correo: edgaroax@gmail.com

    Asunto: solo para saludar.

    1. Espero que mi mensaje sea entregado en tiempo y forma (aunque allá todo sea eterno, no sé cómo funcione eso; igual y no tenemos los mismos husos horarios) al destinatario correcto (o sea, tú).

    2. De que te fuiste, el PRI regresó y se volvió a ir. Ya sé, parece chiste pero es anécdota. Ahorita andan como zombies: medio muertos y arrastrándose por todos lados.

    3. Mamá te extraña mucho. Se acuerda de ti en todos tus cumpleaños. Fuiste de sus mejores amigos. Hace un par de semanas perdió a otro, a causa de un bicho de comportamiento errático que nadie esperaba. Ya son varios los que se han ido. Es como si la aparente inmortalidad que ofreciese la juventud se esfumara.
    Tus papás también te extrañan (en serio).

    4. El rock no ha muerto. 🙂

    5. Varios rockeros sí. 🙁

    P.D. Te encargo a mamá. Te quiero mucho.

    *ojalá sea un spa

  51. Me gustaría poder decirte que todo ha cambiado, que el mundo se ve totalmente diferente desde que te fuiste hace cinco años. Me gustaría decirte que el partido en el que siempre creíste ha ganado, por fin, las elecciones. Me gustaría decirte que voy al café al que nos gustaba ir juntos y que siempre pienso en ti. Me gustaría decirte que ya no puedo más, que me haces mucha falta, que cada día que pasa siento una espina que me atraviesa todo el cuerpo, que tengo muchas ganas de irme contigo.
    Pero la verdad es que no es así. Nada de lo que quise decirte entonces, cuando recién te habías ido, sigue siendo cierto. El mundo ha cambiado, sí, y no sé si te gustaría. Por ejemplo, hace un mes hubo unos incendios terribles por toda Australia y la montaña por donde alguna vez caminamos juntos fue totalmente devastada. Pero la vida ha seguido y, poco a poco, he ido pensando cada vez menos en ti. Es terrible, lo sé, y el hecho de no pensarte tanto me avergüenza. El mundo ha cambiado de formas que no creíamos posibles, pero nada de eso ha sido debido a tu ausencia. Alguna vez pensé que así sería, pero la vida me ha sorprendido de esa y otras maneras. Todavía te pienso, de vez en cuando, y me gustaría poder contarte algunas cosas más, pero me tengo que ir.

  52. No lo entenderías, aunque sabiendo lo mental que fuiste probablemente no te parecería tan descabellado que en estos días, ya nadie puede acercarse al otro. Seguro reirías de todas las incoherencias que se han hecho, de que apenas somos una sociedad que está aprendiendo a lavarse las manos. A veces pienso que no lo creerías, pero luego recuerdo tu exceso de sobriedad por la vida y me parece que a pesar de tu muerte, lo aceparías mejor que yo. Tratarías de convencerme de que no es tan malo, que el acceso inmediato a lo absurdo es prueba de una sociedad avanzada, que nuestro mejor logro es tener la posibilidad de ignorar al otro. Luego reiríamos y nos consolaríamos del sinsentido.

    El mundo no ha cambiado mucho desde que te fuiste, o quizá es el hecho de que yo no he dejado de mirar con los mismos ojos, ¡eso sí!, ahora estoy convencida de que tu ex vecino, el “del buen gusto”, sí es gay; Andrea y yo lo vimos sin querer cuando aún pasábamos por “tu casa”. ¡Ay, tu casa!, la pintaron de color verde bandera, estoy segura que la odiarías. Mango está más gordo, me parece que tu madre le dejó de dar esas croquetas “poco procesadas” que solías comprarle en Costco.

    Me sigo deprimiendo por cualquier cosita y las marcas de productos de uso personal que me encantan siguen despareciendo porque “nadie las usa”. Supongo que hay cosas que nunca cambian, como eso, y como nuestra tristeza infinita.

  53. No lo entenderías, aunque sabiendo lo mental que fuiste probablemente no te parecería tan descabellado que en estos días, ya nadie puede acercarse al otro. Seguro reirías de todas las incoherencias que se han hecho, de que apenas somos una sociedad que está aprendiendo a lavarse las manos. A veces pienso que no lo creerías, pero luego recuerdo tu exceso de sobriedad por la vida y me parece que a pesar de tu muerte, lo aceparías mejor que yo. Tratarías de convencerme de que no es tan malo, que el acceso inmediato a lo absurdo es prueba de una sociedad avanzada, que nuestro mejor logro es tener la posibilidad de ignorar al otro. Luego reiríamos y nos consolaríamos del sinsentido.

    El mundo no ha cambiado mucho desde que te fuiste, o quizá es el hecho de que yo no he dejado de mirar con los mismos ojos, ¡eso sí!, ahora estoy convencida de que tu ex vecino, el “del buen gusto”, sí es gay; Andrea y yo lo vimos sin querer cuando aún pasábamos por “tu casa”. ¡Ay, tu casa!, la pintaron de color verde bandera, estoy segura que la odiarías. Mango está más gordo, me parece que tu madre le dejó de dar esas croquetas “poco procesadas” que solías comprarle en Costco.

    Me sigo deprimiendo por cualquier cosita y las marcas de productos de uso personal que me encantan siguen despareciendo porque “nadie las usa”. Supongo que hay cosas que nunca cambian, como eso, y como nuestra tristeza infinita.

  54. De tres en tres

    Quiero pensar que de alguna forma tú sabías todo lo que estamos viviendo y preferiste no verlo. Querida Josefina tu partida hace casi dos años fue tan repentina; sabíamos que haber presenciado la muerte de tu madre de neumonía y a las dos semanas la de tu hermana de un infarto fulminante en pleno escenario no pudo ser mas que traumatizante. Pero nadie sabía que tu también tenías esa condición, el doctor estaba incrédulo que antes del episodio no hubieras mostrado síntomas y dado algún aviso mas que estar con mucho cansancio. Nosotros pensamos que mas que una condición, tu ánimo y tu corazón estaban débiles por las pérdidas y la nostalgia. Se dice que normalmente esos eventos no vienen solos. Se dice que siempre se van de tres en tres.
    Han cambiado mucho las cosas por aquí, tuvimos un huracán y murieron unas 30 personas; luego un fuerte terremoto en el que murieron unas 900 personas; ahora estamos en medio de la pandemia y todo lo que te gustaba hacer, como abrazar, salir al cine, al café a fumar, todo eso se ha esfumado. En fin, estamos por llegar a los 270,000 muertos en la ciudad. Se dice que siempre se van de tres en tres. Como han cambiado las cosas que ahora parece que se van de tres por tres.

  55. ¡Hola! Ayer en la ya noche publiqué mi ejercicio y me notificaron que había sido enviado pero faltaba aprobación y hoy por la mañana ya no vi mi ejercicio como comentario. Ni como para aprobación. 🙁

  56. Iván.

    A veces pienso en ti. Pienso en la distancia que nos separaba y nuestra amistad “peculiar”. En ti mirando al horizonte y contándome cómo querías conseguir empleo para comprar tu motocicleta. Me enteré de tu muerte por un mensaje en Facebook. No creí que de verdad fueras a suicidarte. No pude ir a tu funeral, tu familia no me conocía y no hubiera sabido explicar la naturaleza de nuestra relación. No sé dónde estás enterrado, supongo que por ello a veces sueño contigo, que te llevo muerto en el asiento trasero del coche. A veces.

    Supongo que nada de eso importa. El mundo no ha cambiado mucho desde que te fuiste. Si volvieras a la vida, excepto por la pandemia que nos tiene en confinamiento, no habría muchas sorpresas. Aunque ahora el trabajo se vuelve más difícil y es complicado dejarse llevar por la corriente sin que esta te ahogue. Hay brutalidad, violencia, más muerte. Tal vez eso fue lo que viste. Tal vez por eso te fuiste.

    Pienso en ti ahora; escribo este mensaje en el último lugar donde nos vimos, ¿lo recuerdas? Sé que sí. Intento no ponerme triste y medio olvidarte cuando escucho tu música favorita. Han sacado nuevo disco, pero creo que no te hubiera gustado. He conocido a más personas, unas buenas, otras hubiera preferido no conocerlas. Pero la vida no se detiene, sé que me lo hubieras dicho. No queda más opción que seguir caminando, a casa.
    Espero pienses en mí también.

    Luis.

  57. Ernesto

    El día que nos conocimos, fue en una de esas tertulias organizadas por los legionarios. ( De seguro haz de saber todo el desmadre del padre Marcial Maciel y ahora me acuerdo que tu venías del noviciado, de pura casualidad no lo habrás conocido de atrás tiempo o al revés?)

    Siempre fuiste muy reservado, entusiasta, emprendedor, siempre muy aventado.
    Sabía que algo oscuro ocurría en tu vida, pero nunca imaginé el resultado que ocasionaría este secreto.

    Estoy agradecido en el momento que necesite apoyo, lo hiciste abierto y sin reservas.

    Tu gustaba ser el centro de atención, pero también te gustaba tu soledad, siempre te vi cargando con ese halo íntimo. Nunca supe cuantos amigos realmente tenias o si no tenias ninguno. Nuestra amistad se basaba en nuestras aventuras y confiábamos en esa hermandad.
    Reconozco que no supe domar a la fiera y confieso a la fecha que hace mucho tiempo deseché esa idea.
    Cuando me enteré de tu perdida no me la creía, no le hallaba razón.
    Antes de este suceso vi un bocho negro y pensé en ti cabron; de hecho intenté llamarte pero con eso de que cambiabas de número a cada pinche rato, pues valió madre.

    Le llame a Memo y me contó la situación por la que pásate y como te llevo la calaca.
    Entendí algunas cosas y más comprendí cuando visite a tu abuela.
    Estaba desconsolada por su nieto y me dijo que siempre le decías que te gustaría morir joven.
    Pinche Ernesto pero a quien se le mete esas cosas en la cabeza ?y por que?

    Si vieras el desmadre acá abajo. Muchas personas están pensando como tú. Y seguro uno que otro te va acompañar, en una de esas nos vemos. De hecho, haz de ver un incremento de personas por allá. Que si hay un culpable?, no mames en este país y en este mundo esa palabra no existe. Aunque si te puedo decir que es un virus como esos de antes que mataban millares, como la peste y esas enfermedades.

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