Ejercicio 1: Un diálogo contigo

Instrucciones para realizar el ejercicio:

1) Recuerda un momento de tu vida en el que hayas descubierto algo sobre ti: acerca de tu cuerpo o tu personalidad.

2) Imagina una conversación entre tu yo de aquel tiempo y tu yo actual (como si una máquina del tiempo les hubiese juntado) en la que ambas “versiones” de ti discutieran ese descubrimiento.

3) Redacta ese diálogo entre tú y tú. La extensión total del ejercicio no debe pasar de las 300 palabras.

4) Deja tu texto en la sección de comentarios de esta misma convocatoria, en la parte inferior de la página. (Si no ves la sección de comentarios, haz clic en el título de la convocatoria.)


Consejos: puedes hacerte varias preguntas para comparar tu manera de pensar en el pasado con la que tienes en el presente. ¿Qué opinaste entonces del suceso? ¿Qué opinas tú ahora? ¿Te parece igual de significativo? ¿Justificarías ahora tu reacción de entonces, sea la que haya sido?

Un ejemplo clásico de este tipo de diálogo fantástico es el cuento “El otro” de Jorge Luis Borges, que puedes leer aquí.

Borges y Borges

Tienes hasta las 8:50 (hora del centro de México) de la mañana del día 18 de agosto de 2021 para entregar tu ejercicio. El jurado del Taller Fugaz comentará al menos tres de los ejercicios entregados y seleccionará un ganador durante las 24 horas siguientes a ese momento. El autor o autora del ejercicio ganador recibirá tres puntos, que contarán para determinar quién recibirá el premio que ofrece el Taller.

Cualquier persona que desee hacerlo puede comentar los textos e indicar sus favoritos. La persona que tenga más comentarios de apoyo recibirá un punto adicional.

58 respuestas a “Ejercicio 1: Un diálogo contigo”

  1. Viniste

    -Estarás bien.
    Entreabro los ojos y observo a mi interlocutor de barba canosa, lentes y los demás rasgos no me eran fácil de observar por traer cubrebocas.
    -Estas en la sala de cirugía. Están por llevarte a tu habitación.
    -¿Qué fue lo que pasó?
    -Estabas bajando la escalera cuando caíste y al caer te golpeaste la cabeza. Se descartó cualquier problema cerebral, pero tu rodilla quedó desecha, tuvieron que ponerte una rótula de titanio. En tres días estarás de regreso a casa y en dos semanas podrás iniciar la rehabilitación.
    -No recuerdo muy bien, iba por la escalera y no recuerdo haber resbalado, iba cargando unas cajas.
    -Si, eso impidió que pudieras meter las manos y amortiguar la caída.
    -¿en dónde está mi familia?
    -están afuera, ya están tranquilos.
    -Muchas gracias doctor.
    -No soy doctor, soy alguien mas cercano.
    -Perdón, no te reconozco, ¿eres…?
    -Se que será difícil de entender, pero voy a aprovechar que aún estás sedado por si reaccionas mal, diré que te hizo reacción la anestesia.
    Se quita el cubrebocas y los lentes.
    -Soy tu yo del futuro. He viajado por el tiempo.
    -Hey, seguro eres amigo de Carla.
    -No. y olvídate de Carla, no va a pasar nada con ella. Se va a mudar en tres meses y te va a romper el corazón que no venga al hospital y que no vaya a ver como sigues después de la operación.
    -¿Qué quieres? ¿A qué viniste entonces?
    -A decirte que con el tiempo te darás cuenta que solo te chingaste la rodilla una vez, y que ese fue el único pretexto que tuviste para no hacer de tu vida algo maravilloso. Y que yo al viajar por el tiempo buscando evitar la caída, cuando aparecí, fui el que te empujó por accidente por la escalera.

    1. Uno de los placeres de este Taller Fugaz es descubrir todos los diferentes mundos que pueden crear los participantes.
      Este texto me agrada por la forma de jugar con el cliché de “Me chingué una rodilla” usado como excusa, pero también con la profecía que hace que se cumpla a si misma. Es divertido, tal vez sugeriría que el yo futuro se sienta más apenado, o comprensivo, al darse cuenta de lo que ha hecho con su viaje.

  2. —¿Por qué lo hiciste? ¿por qué rompiste tantas cosas que aún servían? —Le pregunte a esa aparición del pasado, ella me miró curiosa, pero aceptó el milagro
    —Se siente bien ¿sabes?, romper todo, se siente tan bien que da miedo.
    Trate de sonreírle, aún siento el sabor de sus lágrimas en mi boca
    —Siento que lo que quisieras romper es otra cosa ¿no?
    —Si, el silencio.

  3. Sergio Noriega Vivanco

    La espera.

    El reloj de la estación de trenes en Badajoz marca las 12:05 del día, ahí adentro, en una de las bancas, se encuentra un hombre de apariencia relajada, espera el tren que partirá a Lisboa. La ciudad de las siete colinas le parece el lugar idóneo para vivir, lejos de su madre, quien se ha encargado de torturarlo psicológicamente desde que tiene memoria.
    La espera le proporciona ilusión, imagina una vida diferente a la que hasta ahora ha tenido, una vida donde él tiene el control de sus acciones y de sus decisiones, se promete a sí mismo no entregarse más a la imposición de otros, ni a sentirse presionado por nadie.
    No funcionará. Le dice un hombre viejo de apariencia cansada que se ha sentado a su lado derecho.
    ¿Qué es lo que no funcionará?
    La decisión que estás tomando, no podrás huir de lo que has hecho, el tormento te perseguirá, la voz de tu madre nunca ser irá de tu cabeza.
    ¿Cómo sabe de lo de mi madre?
    Somos hijos de la misma mujer que ha causado nuestro malestar, la sensación de soledad, la tristeza en días nublados, el enojo constante y la inseguridad serán nuestros compañeros de vida. Esa mujer, a la que has dejado recostada en la cama, con el semblante del eterno sosiego y la leve sonrisa que le has dibujado mientras te despedías de ella, ha sellado tu vida con sus palabras y sus actos, dejándote como legado la culpa eterna por su deceso.
    ¡Mientes! Sólo eres un impostor.
    ¿Escuchas eso? Son las sirenas de las patrullas que se acercan, yo les he llamado para entregarnos, no podemos seguir huyendo, no hay a donde huir cuando quien persigue es el pasado.

  4. -Eres…

    -Tú. De más adelante, sí.

    Dos mitades de un espejo, una resquebrajada con bordes afilados y la otra reconstruida con pedazos de papel. Una niña y una mujer.

    -Algo muy malo acaba de pasar.

    -Se va a poner peor.

    La expresión llorosa de la niña se tiñe con un temor blanquecino que se extiende de su rostro hasta sus manos temblorosas. Por su mente corren incontables posibilidades insufribles, una tras otra, rayos estruendosos de ansiedad acumulada.

    -¿Si estamos hablando de lo mismo?

    -Tu dime.

    -No tengo ganas de adivinar…

    La mujer parece compadecerse de su contraparte. Recuerda que apenas le lleva menos de diez años de diferencia de edad, pero aun así al hablarse a sí misma se siente como si estuviera presenciando a un fantasma ambulante entre pasillos, una capa de humo grávido del pasado.

    -Si estoy hablando de lo mismo. Recuerdo a la perfección lo que pasó aquí en esta fecha, no hace falta que me expliques.

    -Ah…

    Un silencio, la ausencia de dos voces, un disparo sin arma. La niña llora otra vez abrazando sus piernas, la mujer permanece de pie. Gotas de sal se acumulan como perlas en el corazón de las dos, quienes a la vez siguen siendo una.

    Entonces, la mujer se arrodilla. Abraza a la niña con cierta aprehensión y nostalgia en su voz, y comienza a murmurarle algo al oído.

    -El tiempo es algo curioso. Siempre dura lo mismo, pero en ocasiones se siente como si pasara volando entre las nubes y otras veces se estanca al fondo del agua. Sé que justo ahora sientes que te estás ahogando entre piedras y no sabes qué hacer, pero, confía en mí, no va a durar por siempre.

    Estas palabras acompañan el susurrar de las mareas del ayer, el cual se ha vuelto un poco menos tormentoso.

    -¿Por qué no evitaste que pasara, si es tan horrible como lo recordabas?

    La niña y la mujer sueltan el abrazo, mirándose entre el mismo par de ojos. Esta última solo toma su mano y se encoge de hombros, soltando una respuesta adecuadamente ambigua.

    -No me creerías si te lo contara.

    1. Es intrigante. No tenemos el contexto del acontecimiento anterior a todo lo descrito pero no por eso nos perdemos entre las palabras de la escritora, es más, nos da una oportunidad de ponernos en los zapatos de ella y crear una dura plática nosotros mismos con nuestras pequeñas versiones rotas por ‘x’ ó ‘y’ suceso.

      Me gusta que no solo se libera y conversa ella, sino que nos invita a nosotros a hacerlo con nuestra desaparada y jovén versión.
      Invita a abrazarnar nuestro pasado y seguir mirando donde estamos parados.

      Gracias por compartir tu escrito. Invito a todos a leerlo.

    2. Hola. Esta narración utiliza los recursos de muchas otras presentadas pero se distancia de ellas por por sugerir la posibilidad de que el suceso terrible del que habla su protagonista doble (la niña y la mujer) sea un ataque violento contra ella misma, lo cual conectaría la forma del argumento con un tema de gran actualidad. El problema del texto, me parece, es que no termina de hacer la conexión y deja en el aire qué pasó en realidad. ¿Por qué la mujer decide dar una respuesta ambigua respecto del asunto? Ésta se queda como nuestra única pista y tal vez no sea suficiente. Recomiendo reconsiderar esa parte.

  5. Total.
    Te viste en el espejo otra vez, tu cuerpo tan diferente a como lo recordabas, por eso los evitabas. Recordaste al joven, ágil y fuerte que solía pasarse las horas en las canchas jugando lo que hubiera: fútbol, basket, volley.
    —En ese tiempo aún no nos chingábamos la rodilla —dijo tu reflejo que proyectaba a tu otrora joven— si hubiéramos ido al médico, quién sabe…
    —Ya sé, no estaría tan gordo como ahora, y lo peor es que duele bien culero.
    —¿Y ya de ahí no volvimos a hacer nada?
    —No, me daba miedo que se volviera a joder, ¿No te acuerdas cuando bajé unos días después que ya no dolía tanto y tronó como ejote cuando me taponearon el tiro?
    —¡Ah sí, te tuvieron que ir por nosotros! Y papá que solo nos llevó con el huesero, creo la jodió más.
    —Sí, de ahí ya no volvió a ser igual.
    —Y ahora, ¿entonces por qué nos preocupa?
    —Pues porque tengo que hacer ejercicio y eso de las dietas no va conmigo. Ya el médico mando actividad física. Aún estoy a tiempo de que no halla problemas.
    —No, limitarnos a comida desabrida ¡guácala! Mejor unos taquitos.
    —Sí, ¿te acuerdas de los tacos de muerto…? Todavía siguen —dijiste a tu yo delgado quien se relamió los bigotes.
    —¿Vamos por unos, no? Total, gordos vamos a estar. Ya mañana empiezas con el ejercicio.
    —Sí, mañana.
    —Es más, nos los chingamos sin refresco, pa’irnos acostumbrando.

  6. A mis ojos abotagados por el sueño les costaba trabajo abrirse. Solo mis oídos escucharon con fuerza los gritos de un persistente chiquillo:
    -Vamos, levántate, mira a lo que has llegado, ¿no te da vergüenza?

    La luz me encegueció y solo percibí una esbelta figura frente a mí. Quise levantarme de prisa, pero mi abultado abdomen me detuvo, únicamente me moví de manera grotesca.

    – ¡Calla, maldito mocoso! ¿Quién eres tú y quién te permitió entrar a mi casa? ¡Lárgate!

    -Vaya, aún te queda un poco de carácter. De ese que nos sacó tantas veces del apuro y nos hizo salir adelante. Del mismo que te llevó a luchar enfrentando la vida, llegaste a ser el mejor y en verdad que me sentí orgulloso. Mírate ahora, estás a punto de convertirte en una piltrafa.

    -Por fin logré enderezarme. Era un jovenzuelo de unos dieciséis años, de atlética figura, sonrisa radiante y a la vez burlona. Lo reconocí de inmediato, con miedo y coraje escupí mis palabras en su rostro.

    -Pero mira quien habla, el mismo que constantemente se la pasaba disfrutando sin pensar en el mañana. Yo tuve que componer lo que dejaste mal construido, luché noche y día para superarme. Por ti, por mí, por los dos y nunca viajé al pasado para hacerte un reproche.

    – ¿En serio nunca lo hiciste? Cada paso que dabas, cada decisión que tomaste, cada éxito alcanzado, estuvieron sustentados en mis grandes esfuerzos que, a mi corta edad, realicé para darte un futuro mejor.

    Golpeé la pared con fuerza. Me gustara o no, tenía razón. No era su responsabilidad el desorden en mi existencia, fui yo quien se dejó vencer.

    Nos miramos fijamente, nos perdonamos en silencio y fundidos en un abrazo lo dijimos todo, mientras gruesas lagrimas rodaban por nuestras mejillas.

  7. Los pedazos que recuerdas, son como mirar escenas de una película quemada, borrosas, lentas, voces en off que no coinciden con los labios de los actores.
    Te preguntas si todo sucedió.
    Las historias tendrían que tener muchas perspectivas, lo sabes, pero esta en particular solo tiene uno.
    Es el mío, y el tuyo.
    Ahí, en un piso de azulejos que abrazan tu pecho, hubo una niña fea en los escalones de una casa que con el tiempo se volvió diminuta. Tus dedos viajan por páginas que en otro tiempo alguien manchó de jugo, agua o café, a la izquierda, un perro pequeño recibe el calor de tu piel con gusto para escapar una tarde medio nublada.
    Entonces, por un segundo, todo está claro.
    La película cambia de resolución, los vidrios mugrientos parecen aclararse.
    Ahora sabes que este es el único sentimiento que estará bien desde ahora.
    Ahora sabes que las páginas te envuelven, atrapan cada uno de tus infortunios y lo convierten en dragones, fantasmas y prados de nieve que jamás han existido cuando las sombras entre los árboles te arrojen piedras.
    Notas mi presencia.
    Tu respiración se acorta.
    Yo sonrío.
    – ¿Por qué estás aquí?
    Siento un orgullo florecer cuando en tu rostro no hay lugar ni para un ápice de miedo, solo curiosidad.
    Me encojo de hombros.
    – Solo quería volver aquí.
    Nos quedamos en silencio, uno esos los incómodos a los que te has acostumbrado.
    – Yo…
    Tomo aire, abro mis pulmones, como algún día te enseñarán a hacer en la silla de un terapeuta. – Quería decirte que a veces dolerá demasiado. Que a veces no parezca que todo va a estar bien.
    Me arrodillo, tu mirada cambia mientras sigues mis movimientos. Con el índice, señalo el libro que sostienes.
    – Pero, tuviste razón esta vez. Siempre tuviste razón, porque esto de aquí, se quedará para siempre contigo.

  8. Los pedazos que recuerdas, son como mirar escenas de una película quemada, borrosas, lentas, voces en off que no coinciden con los labios de los actores.

    Te preguntas si todo sucedió.

    Las historias tendrían que tener muchas perspectivas, lo sabes, pero esta en particular solo tiene uno.

    Es el mío, y el tuyo.

    Ahí, en un piso de azulejos que abrazan tu pecho, hubo una niña fea en los escalones de una casa que con el tiempo se volvió diminuta. Tus dedos viajan por páginas que en otro tiempo alguien manchó de jugo, agua o café, a la izquierda, un perro pequeño recibe el calor de tu piel con gusto para escapar una tarde medio nublada.

    Entonces, por un segundo, todo está claro.

    La película cambia de resolución, los vidrios mugrientos parecen aclararse.

    Ahora sabes que este es el único sentimiento que estará bien desde ahora.

    Ahora sabes que las páginas te envuelven, atrapan cada uno de tus infortunios y lo convierten en dragones, fantasmas y prados de nieve que jamás han existido cuando las sombras entre los árboles te arrojen piedras.

    Notas mi presencia.

    Tu respiración se acorta.

    Yo sonrío.

    – ¿Por qué estás aquí?

    Siento un orgullo florecer cuando en tu rostro no hay lugar ni para un ápice de miedo, solo curiosidad.

    Me encojo de hombros.

    – Solo quería volver aquí.

    Nos quedamos en silencio, uno esos los incómodos a los que te has acostumbrado.

    – Yo…

    Tomo aire, abro mis pulmones, como algún día te enseñarán a hacer en la silla de un terapeuta. – Quería decirte que a veces dolerá demasiado. Que a veces no parezca que todo va a estar bien.

    Me arrodillo, tu mirada cambia mientras sigues mis movimientos.

    Con el índice, señalo el libro que sostienes.

    – Pero, tuviste razón esta vez. Siempre tuviste razón, porque esto de aquí, se quedará para siempre contigo.

  9. Revelación
    —Todavía lo recuerdo. Estaba en medio del salón y comencé a percibir un temblor en todo mi cuerpo. No como si tuviera miedo o frío, era un temblor diferente, como si algo dentro de mí se estuviera acomodando.
    —Al final tuviste que esforzarte para terminar el escrito; no por falta de ideas, sino porque tus manos temblorosas no eran capaces de apoyar la pluma. No dejabas de mover la mandíbula y te levantaste para pedir permiso de ir al baño sin esperar a que la maestra lo autorizara.
    —Me miré al espejo. No me asusté, al contrario, estaba feliz por no lograr reconocerme. Como si aquel desprendimiento fuera el antecedente de la victoria.
    —Sí, descubriste lo que escribir implicaba para ti. Te maravilló la forma en que esa acción lograba escalar a todo tu cuerpo, cómo se transformaba el entorno y cómo lograba transformarte.
    —¡La pluma se había convertido en una extensión de mi brazo, la vida que corría en mi sangre continuaba fluyendo a través de la tinta!
    —Estabas absorta, fascinada. Era una alteración que al momento de pasarse a la hoja se traducía en euforia.
    —Mis compañeros me miraban raro, sólo debíamos crear una historia y yo había convertido esa simple tarea escolar en un reto de sombras y destellos.
    —Teníamos diecisiete años, entendimos cómo doblegar la realidad y entonces comenzó el descenso.
    —¿Descenso? No, desde ese día todo tuvo sentido. Encontré mi propósito, hoy soy una escritora talentosa, hago lo que amo y…
    —Es curioso que lo recuerdes así. Descubriste lo que significaba escribir, después tuviste una serie de ataques que, hasta el día de hoy, no podemos controlar. Teníamos diecisiete años; el doctor habló con mamá mientras ella lloraba. Ese día comenzó nuestra enfermedad.

  10. Sincretismo
    A mis ojos abotagados por el sueño les costaba trabajo abrirse. Mis oídos escucharon con fuerza los gritos de un persistente chiquillo:
    -Vamos, levántate, mira a lo que has llegado, ¿no te da vergüenza?
    La luz me encegueció y solo percibí una esbelta figura frente a mí. Quise levantarme de prisa, pero mi abultado abdomen me detuvo, únicamente me moví de manera grotesca.
    – ¡Calla, maldito mocoso! ¿Quién eres tú y quién te permitió entrar a mi casa? ¡Lárgate!
    -Vaya, aún te queda un poco de carácter. De ese que nos sacó tantas veces del apuro y nos hizo salir adelante. Del mismo que te llevó a luchar enfrentando la vida, llegaste a ser el mejor y en verdad que me sentí orgulloso. Mírate ahora, estás a punto de convertirte en una piltrafa.
    -Por fin logré enderezarme. Era un jovenzuelo de unos dieciséis años, de atlética figura, sonrisa radiante y a la vez burlona. Lo reconocí de inmediato, con miedo y coraje escupí mis palabras en su rostro.
    -Pero mira quien habla, el mismo que constantemente se la pasaba disfrutando sin pensar en el mañana. Yo tuve que componer lo que dejaste mal construido, luché noche y día para superarme. Por ti, por mí, por los dos y nunca viajé al pasado para hacerte un reproche.
    – ¿En serio nunca lo hiciste? Cada paso que dabas, cada decisión que tomaste, cada éxito alcanzado, estuvieron sustentados en mis grandes esfuerzos que, a mi corta edad, realicé para darte un futuro mejor.
    Golpeé la pared con fuerza. Me gustara o no, tenía razón. No era su responsabilidad el desorden en mi existencia, era yo quien se dejó vencer.
    Nos miramos fijamente, nos perdonamos en silencio y fundidos en un abrazo lo dijimos todo, mientras gruesas lagrimas rodaban por nuestras mejillas.

  11. Neurodivergencia

    Una vez sorteado el asombro inicial de tan insólito encuentro, surgieron miles de dudas. Dejamos en claro que ninguno de los dos sabía qué había pasado y más valía no ahondar en ello.

    —Somos iguales, pero tienes el cabello más largo —me dijo después de observarme detenidamente.
    —¿Cómo funciona esto? ¿Quién es más joven? Yo tengo treinta y dos —dije después de un rato.
    —Igual. ¿Qué hay con tu vida?
    —Normal. Sólo pasándola. ¿Y tú?
    —Hoy tuve cita con un psicólogo.
    —Lo viví —sonreí lo mejor que pude—. Todo estará bien.

    Lo vi golpear las manos contra las piernas y mirar a la distancia. Era como mirar un espejo, excepto que el espejo era yo.

    —Pregúntame.
    —¿Ha cambiado algo después del diagnóstico? ¿El mundo aún parece tan extraño y las personas tan distantes; aún es todo tan brillante, tan ruidoso, tan intenso; aún es tan difícil hablar con la gente? ¿Qué pasa con los olvidos, la ansiedad, los lapsos en los que tu mente abandona este mundo sin destino fijo?
    —Todo sigue igual.

    Su rostro era inmutable.

    —¿Aún sientes cómo si una burbuja te rodeara apartándote de la realidad?
    —Y a veces es aún más gruesa que antes.
    —Entonces de qué sirvió.
    —Ahora te veo y sé quien eres y quién he sido siempre.

    Lo vi reflexionar antes de sonreír. Pensé en decir algo pero en nuestro silencio había más que en nuestras palabras.

  12. Te viste en el espejo otra vez, tu cuerpo tan diferente a como lo recordabas, por eso los evitabas. Recordaste al joven, ágil y fuerte que solía pasarse las horas en las canchas jugando lo que hubiera: fútbol, basket, volley.
    —En ese tiempo aún no nos chingábamos la rodilla —dijo tu reflejo que proyectaba a tu otrora joven— si hubiéramos ido al médico, quién sabe…
    —Ya sé, no estaría tan gordo como ahora, y lo peor es que duele bien culero.
    —¿Y ya de ahí no volvimos a hacer nada?
    —No, me daba miedo que se volviera a joder, ¿No te acuerdas cuando bajé unos días después que ya no dolía tanto y tronó como ejote cuando me taponearon el tiro?
    —¡Ah sí, te tuvieron que ir por nosotros! Y papá que solo nos llevó con el huesero, creo la jodió más.
    —Sí, de ahí ya no volvió a ser igual.
    —Y ahora, ¿entonces por qué nos preocupa?
    —Pues porque tengo que hacer ejercicio y eso de las dietas no va conmigo. Ya el médico mando actividad física. Aún estoy a tiempo de que no halla problemas.
    —No, limitarnos a comida desabrida ¡guácala! Mejor unos taquitos.
    —Sí, ¿te acuerdas de los tacos de muerto…? Todavía siguen —dijiste a tu yo delgado quien se relamió los bigotes.
    —¿Vamos por unos, no? Total, gordos vamos a estar. Ya mañana empiezas con el ejercicio.
    —Sí, mañana.
    —Es más, nos los chingamos sin refresco, pa’irnos acostumbrando.

  13. Dios es a

    —De cierto en cierto te digo, viajero en el tiempo, que Ana ha muerto. De cierto en cierto te digo que hoy cargué su mortaja hasta el Museo de los palíndromas. De cierto en cierto te digo que en esto veo, trotatiempos, la grandeza de Ana y de la Urbe.
    —De donde provengo todos los hombres ya nos llamamos Ana. Incendié las enciclopedias de filosofía y censuré los evangelios amarillos y quemé las máquinas del tiempo para evitar que otros viajeros llenaran mi era de falsos nombres. Encerré entonces a los viajeros en un diccionario eterno. Al habitar mi era, ya no tendrás que viajar a la prehistoria para inventar la máquina del tiempo ni al infinito para crear a las diosas de la llama pentagonal. En el futuro cambiamos el nombre de todas las cosas por ese trisílabo infinito. Ahora la Urbe se llama Ana y los sueños y las enciclopedias interminables se llaman Ana y el autor del Quijote fue Ana y todas nuestras obras son Ana.
    —Que hoy cargué, junto a mil brazos, su mortaja hasta el Museo de los palíndromas y ahora yace acostada a la siniestra de la Madre y alrededor de su cuerpo una ballena novohispana vocifera un versículo y así yacerá, viajero en el tiempo, hasta que una nueva Ana nos albergué en su útero. Porque tú y yo, sabemos, que ese sustantivo sagrado es el de nuestra única Mamá.
    —Y tú te llamas Ana y yo me llamo Ana y el que leyere esto será Ana y cien calvarios caigan sobre nuestras córneas.
    —Porque de cierto en cierto te digo que, al decir su nombre, encegueceremos.

    1. El cuento de Dante Viniegra es un texto enigma. En un cuento de ciencia ficción alguien que escucha una llamada de auxilio del futuro se da cuenta de que no lo comprende, que la ayuda que pide ese otro en un diferente tiempo está más allá de su comprensión. Este texto me agrada por que nos brinda atisbos de un mundo radicalmente diferente al nuestro, y un presente igual de extraño. Tal vez todos los tiempos sean un misterio para quienes no conozcan sus contextos.

  14. En una de las charlas habituales con mi yo del futuro conversamos sobre ese momento revelador al que llegué en la sala de la psicóloga.

    – ¿A poco no fue lo más increíble llegar a tal conclusión ayudado de la psicóloga?
    – La verdad justo en ese segundo fue cómo si el peso del mundo se me hubiera quitado de los hombros y poco a poco flashazos del pasado invadieron mi cerebro, o nuestro.
    – No te preocupes por los pronombres. Yo recuerdo lo que sentí en el momento y debo decirte que sí, cambiará un poco nuestra forma de hacer y ver las cosas, algunas amistades se fortalecerán y otras se derrumbarán… todo llevará su cauce.
    – Yo sigo abrumado, y me sorprende cómo llegamos al punto. Era tan obvio y tan invisible para mí.
    – No te culpes, éramos o creíamos ser felices estando ahí para todos, solucionando problemas ajenos y anteponiendo a los demás que a nosotros mismos, y así nos sentíamos queridos. Y solo te diré, que estamos bien, muy bien.

    Como siempre la conversación termina con el futuro cerrando el hilo y el presente despertándome para comenzar un nuevo día.

  15. Sólo éramos mi perro y yo. De pronto se jaló tan fuerte que se me soltó la correa de las manos. Corrí tras él, pero no mucho porque se detuvo justo frente a ella, meneando la cola como si la conociera.
    —Disculpa… —, es todo lo que alcancé a decir. Quedé muda. Era yo frente a mí, adolescente, con la cara roja de furia.
    —¿Estás bien? —, balbuceé después de un silencio lleno de estupefacción.
    —No—, me dijo con una honestidad que no habría mostrado con cualquiera.
    —Estás en la secundaria, ¿cierto? —, deduje por su uniforme.
    —¿Recuerdas cuando Aminadaf y sus estúpidas amigas te detuvieron a la salida de la escuela con la intención de golpearte? —, me lo digo gritando, aceptando mejor que yo el extraño encuentro.
    —Sí—, dije con el recuerdo presionándome las sienes.
    Se soltó a llorar, no tuvo que decirme que aquella terrible experiencia acababa de sucederle. Mi perro le lamió la mano, tratando de consolarla. Yo la tomé del hombro y ella en seguida se acurrucó en mi pecho.
    —Tienes suerte de que llegó alguien antes de que la pelea empezara siquiera—, atiné a decir, recordando vagamente la cara de mi salvadora.
    —Pero me paralicé, ¿de qué me sirve entrenar patadas y golpes si no puedo usarlos cuando de verdad los necesito? —.
    —Está bien tener miedo a veces—.
    Me miró enojada. Entonces, entendí lo que necesitaba.
    —No volverá a pasarte. Pasarás mucho tiempo tratando de controlar tus emociones y tu cuerpo. No volverás a estar tan cerca de una pelea que sabes que puedes perder—.
    Sonrió débilmente, supe que no la había convencido lo suficiente.
    —Debo irme. Gracias—. Acarició a mi perro y siguió su camino. Volteé, pero no había nadie, sólo estábamos mi perro y yo.

    1. Maravilloso que el perro reconoce a su compañera sin importar la apariencia, como Argos, el perro de Ulises. También me gustó tu atmósfera.

    2. Wow!
      Muy profundo, creo que no todos han tenido la oportunidad de reconocer sus sentimientos y entenderlos y con este escrito se puede sentir y entender la importancia de lo que eso implica

    3. Muy interesante la manera de reflexionar la experiencia obtenida a lo largo de los años, me hizo recordar experiencias similares vividas en mi adolescencia. Excelente me gustó mucho.

  16. Revelación

    —Todavía lo recuerdo. Estaba en medio del salón y comencé a percibir un temblor en todo mi cuerpo. No como si tuviera miedo o frío, era un temblor diferente, como si algo dentro de mí se estuviera acomodando.

    —Al final tuviste que esforzarte para terminar el escrito; no por falta de ideas, sino porque tus manos temblorosas no eran capaces de apoyar la pluma. No dejabas de mover la mandíbula y te levantaste para pedir permiso de ir al baño sin esperar a que la maestra lo autorizara.

    —Me miré al espejo. No me asusté, al contrario, estaba feliz por no lograr reconocerme. Como si aquel desprendimiento fuera el antecedente de la victoria.

    —Sí, descubriste lo que escribir implicaba para ti. Te maravilló la forma en que esa acción lograba escalar a todo tu cuerpo, cómo se transformaba el entorno y cómo lograba transformarte.

    —¡La pluma se había convertido en una extensión de mi brazo, la vida que corría en mi sangre continuaba fluyendo a través de la tinta!

    —Estabas absorta, fascinada. Era una alteración que al momento de pasarse a la hoja se traducía en euforia.

    —Mis compañeros me miraban raro, sólo debíamos crear una historia y yo había convertido esa simple tarea escolar en un reto de sombras y destellos.

    —Teníamos diecisiete años, entendimos cómo doblegar la realidad y entonces comenzó el descenso.

    —¿Descenso? No, desde ese día todo tuvo sentido. Encontré mi propósito, hoy soy una escritora talentosa, hago lo que amo y…

    —Es curioso que lo recuerdes así. Descubriste lo que significaba escribir, después tuviste una serie de ataques que, hasta el día de hoy, no podemos controlar. Teníamos diecisiete años; el doctor habló con mamá mientras ella lloraba. Ese día comenzó nuestra enfermedad.

  17. Los susurros del viento acompañaron la llegada de la mayor. La niña frente a sus ojos luchaba contra los movimientos de la manta de forma torpe y al mismo tiempo cuidaba las páginas del libro que tenía en la otra mano.
    -Hola.
    El sobresalto de la más pequeña la hizo reír. La expresión de absoluta confusión adornó su rostro momentáneamente para pasar al interés.
    -¿Quién eres?
    -Tú. Pero más grande.
    Su silencio le hizo saber todo lo que con rapidez pasaba por su mente; duda y miedo acumulándose en sus entrañas.
    -¿Y a qué viniste?
    -Hum, quería venir a visitarte.
    Saboreo su respuesta con orgullo.
    -¿Pasó algo malo?
    -Uff, muchas cosas -sonrió para sí– pero no te preocupes.
    -¿Por qué? Si paso algo malo entonces debiste venir para decirme que hacer… ¿no?
    Negó con suavidad. Buscaba las palabras adecuadas para tranquilizarla pero se conocía. En ese tiempo era cuando más lloraba y peleaba por todo como la niña berrinchuda que siempre fue.
    -No, tienes que dejarlo que fluya. Dolerá y estarás muy sola. Pero con el tiempo serán solo cicatrices, cicatrices que quedarán grabadas con fuego.
    El libro había quedado olvidado ya. Estaban frente a frente; una comenzando a sollozar y la otra simplemente observando.
    -Una última cosa… Siempre ponte a ti primero.

  18. NEURODIVERGENCIA

    Una vez sorteado el asombro inicial de tan insólito encuentro, surgieron miles de dudas. Dejamos en claro que ninguno de los dos sabía qué había pasado y más valía no ahondar en ello.

    —Somos iguales, pero tienes el cabello más largo —me dijo después de observarme detenidamente.
    —¿Cómo funciona esto? ¿Quién es más joven? Yo tengo treinta y dos —dije después de un rato.
    —Igual. ¿Qué hay con tu vida?
    —Normal. Sólo pasándola. ¿Y tú?
    —Hoy tuve cita con un psicólogo.
    —Lo viví —sonreí lo mejor que pude—. Todo estará bien.

    Lo vi golpear las manos contra las piernas y mirar a la distancia. Era como mirar un espejo, excepto que el espejo era yo.

    —Pregúntame.
    —¿Ha cambiado algo después del diagnóstico? ¿El mundo aún parece tan extraño y las personas tan distantes; aún es todo tan brillante, tan ruidoso, tan intenso; aún es tan difícil hablar con la gente? ¿Qué pasa con los olvidos, la ansiedad, los lapsos en los que tu mente abandona este mundo sin destino fijo?
    —Todo sigue igual.

    Su rostro era inmutable.

    —¿Aún sientes cómo si una burbuja te rodeara apartándote de la realidad?
    —Y a veces es aún más gruesa que antes.
    —Entonces de qué sirvió.
    —Ahora te veo y sé quién eres y quién he sido siempre.

    Lo vi reflexionar antes de sonreír. Pensé en decir algo pero en nuestro silencio había más que en nuestras palabras.

  19. Los susurros del viento acompañaron la llegada de la mayor. La niña frente a sus
    ojos luchaba contra los movimientos de la manta de forma torpe y al mismo tiempo
    cuidaba las páginas del libro que tenía en la otra mano.

    -Hola.

    El sobresalto de la más pequeña la hizo reír. La expresión de absoluta confusión
    adornó su rostro momentáneamente para pasar al interés.

    -¿Quién eres?

    -Tú. Pero más grande.

    Su silencio le hizo saber todo lo que con rapidez pasaba por su mente; duda y
    miedo acumulándose en sus entrañas.

    -¿Y a qué viniste?

    -Hum, quería venir a visitarte.

    Saboreo su respuesta con orgullo.

    -¿Pasó algo malo?

    -Uff, muchas cosas –sonrió para sí– pero no te preocupes.

    -¿Por qué? Si paso algo malo entonces debiste venir para decirme que hacer…
    ¿no?

    Negó con suavidad. Buscaba las palabras adecuadas para tranquilizarla pero se
    conocía. En ese tiempo era cuando más lloraba y peleaba por todo como la niña
    berrinchuda que siempre fue.

    -No, tienes que dejarlo que fluya. Dolera y estarás muy sola. Pero con el tiempo
    serán solo cicatrices, cicatrices que quedarán grabadas con fuego.

    El libro había quedado olvidado ya. Estaban frente a frente; una comenzando a
    sollozar y la otra simplemente observando.

    -Una última cosa… Siempre ponte a ti primero.

  20. NEURODIVERGENCIA

    Una vez sorteado el asombro inicial de tan insólito encuentro, surgieron miles de dudas. Dejamos en claro que ninguno de los dos sabía qué había pasado y más valía no ahondar en ello.
    —Somos iguales, pero tienes el cabello más largo —me dijo después de observarme detenidamente.
    —¿Cómo funciona esto? ¿Quién es más joven? Yo tengo treinta y dos —dije después de un rato.
    —Igual. ¿Qué hay con tu vida?
    —Normal. Sólo pasándola. ¿Y tú?
    —Hoy tuve cita con un psicólogo.
    —Lo viví —sonreí lo mejor que pude—. Todo estará bien.
    Lo vi golpear las manos contra las piernas y mirar a la distancia. Era como mirar un espejo, excepto que el espejo era yo.
    —Pregúntame.
    —¿Ha cambiado algo después del diagnóstico? ¿El mundo aún parece tan extraño y las personas tan distantes; aún es todo tan brillante, tan ruidoso, tan intenso; aún es tan difícil hablar con la gente? ¿Qué pasa con los olvidos, la ansiedad, los lapsos en los que tu mente abandona este mundo sin destino fijo?
    —Todo sigue igual.
    Su rostro era inmutable.
    —¿Aún sientes cómo si una burbuja te rodeara apartándote de la realidad?
    —Y a veces es aún más gruesa que antes.
    —Entonces de qué sirvió.
    —Ahora te veo y sé quién eres y quién he sido siempre.
    Lo vi reflexionar y luego sonreír. Pensé en decir algo pero en nuestro silencio había más que en nuestras palabras.

  21. El reloj de la iglesia ha comenzado a sonar, pareciera que han sido años los que han pasado desde la última vez que lo escuché. El pueblo luce igual desde que me fui. Las hojas de los árboles empiezan a caer, el aire frío comienza a abrir aquella herida que por hace tiempo estaba cerrada.
    -¿Muy pronto lloverá verdad? Me dijo un hombre de chaqueta gris ya casi sin pelo y con el semblante triste.
    -Eso creo- le contesté mirando aquel lunar de su mejilla que se me hacía familiar.
    -¿Me puedo sentar con usted sino le molesta? me dijo-Claro, solo espero a alguien, le comenté, y en seguida comenzó a contar una historia de la que no me era indiferente.
    -Sabes quiero contarte que hace apenas unos días que he perdido a mi padre, no lo pude ver en su lecho de muerte desde que me casé y me fui de este lugar.
    -¿Por qué me cuenta esto a mí?
    -Porque las cosas en mi tiempo ya no son las mismas, la gente se comunica menos, la tecnología ha sobrepasado al ser humano y hemos olvidado lo más importante.
    – ¿Qué es lo que quiere?
    -Yo sé que no me reconoces pero quiero decirte qué sé que has peleado con tu padre, te has marchado de casa y no lo has querido ver desde que dejó a tu madre.
    -Decirte que ahora que tienes la oportunidad de ir a su casa y visitarlo no dudes en perdonarlo.
    El hombre sacó de su bolsa una fotografía ya pálida y rota y se fue. No pude dejar de mirarla, inmediatamente rodó una lágrima por mi mejilla, era realmente mi padre y yo jugando al futbol cuando era un niño.

  22. El reloj de la iglesia ha comenzado a sonar, pareciera que han sido años los que han pasado desde la última vez que lo escuché. El pueblo luce igual desde que me fui. Las hojas de los árboles empiezan a caer, el aire frío comienza a abrir aquella herida que por hace tiempo estaba cerrada.

    -¿Muy pronto lloverá verdad? Me dijo un hombre de chaqueta gris ya casi sin pelo y con el semblante triste.

    -Eso creo- le contesté mirando aquel lunar de su mejilla que se me hacía familiar.

    -¿Me puedo sentar con usted sino le molesta? me dijo-Claro, solo espero a alguien, le comenté, y en seguida comenzó a contar una historia de la que no me era indiferente.

    -Sabes quiero contarte que hace apenas unos días que he perdido a mi padre, no lo pude ver en su lecho de muerte desde que me casé y me fui de este lugar.

    -¿Por qué me cuenta esto a mí?

    -Porque las cosas en mi tiempo ya no son las mismas, la gente se comunica menos, la tecnología ha sobrepasado al ser humano y hemos olvidado lo más importante.

    – ¿Qué es lo que quiere?

    -Yo sé que no me reconoces pero quiero decirte qué sé que has peleado con tu padre, te has marchado de casa y no lo has querido ver desde que dejó a tu madre.

    -Decirte que ahora que tienes la oportunidad de ir a su casa y visitarlo no dudes en perdonarlo.

    El hombre sacó de su bolsa una fotografía ya pálida y rota y se fue. No pude dejar de mirarla, inmediatamente rodó una lágrima por mi mejilla, era realmente mi padre y yo jugando al futbol cuando era un niño.

  23. Por culpa de Azul

    一¿A poco si eres tú?一pregunta una niña adolescente con un increíble parecido a mí.
    一¿Qué, te refieres a mí?一respondo un tanto confundida.
    一Sí, la que siempre me daba coscorrones en la cabeza, ¿o conoces a alguien más? Mira a nuestro alrededor ¿Ves a alguien más aparte de ese espejo?
    一Sí, nos veo a nosotras 一respondo con un nerviosismo que perfuma mi habitación turquesa, de cafés verdosos.
    一A mira, ¿y has hecho algo nuevo?
    一¡Eso te preocupa! ¡Mira este lugar desde la invasión de Azul te ves como una anciana!
    一A mira, gracias Mini Me, pero déjame decirte que estoy mejor ahora.
    一¡Cómo dices eso! ¡Yo te mantenía con vida de los glotones espaciales, que te dejaban llorando!
    一No querida, eso me costó un psicólogo.

    El silencio se denota en la habitación; hasta que una alarma irrumpe el lugar, típico de Azul el creador de las dobles versiones, de la máquina del tiempo y del caos del universo.

    一¿Qué está pasando allá afuera?一pregunta Mini Me con cierta chispa en sus ojos.
    一Debería de preguntarte yo, ¿no crees?
    一¿Cómo crees que yo voy a saber si apenas vine?
    一A quién engañas, todo esto es un desastre. De seguro lo hiciste tú, porque yo era feliz antes que re-llegarás a recordarme mi pasado.
    一¿Yo soy la culpable? Uy perdón por conocerme de adulta.
    一Basta de excusas. Ahora dime exactamente, ¿por qué estás aquí?
    一Porque quiero saber cómo está él.
    一¿Cómo está quién?
    一El fantasma al que le rente el cuarto. Ya sabes la mascota de Azul.

  24. Por culpa de Azul

    一¿A poco si eres tú?一pregunta una niña adolescente con un increíble parecido a mí.

    一¿Qué, te refieres a mí?一respondo un tanto confundida.

    一Sí, la que siempre me daba coscorrones en la cabeza, ¿o conoces a alguien más? Mira a nuestro alrededor ¿Ves a alguien más aparte de ese espejo?

    一Sí, nos veo a nosotras 一respondo con un nerviosismo que perfuma mi habitación turquesa, de cafés verdosos.

    一A mira, ¿y has hecho algo nuevo?

    一¡Eso te preocupa! ¡Mira este lugar desde la invasión de Azul te ves como una anciana!

    一A mira, gracias Mini Me, pero déjame decirte que estoy mejor ahora.

    一¡Cómo dices eso! ¡Yo te mantenía con vida de los glotones espaciales, que te dejaban llorando!

    一No querida, eso me costó un psicólogo.

    El silencio se denota en la habitación; hasta que una alarma irrumpe el lugar, típico de Azul el creador de las dobles versiones, de la máquina del tiempo y del caos del universo.

    一¿Qué está pasando allá afuera?一pregunta Mini Me con cierta chispa en sus ojos.

    一Debería de preguntarte yo, ¿no crees?

    一¿Cómo crees que yo voy a saber si apenas vine?

    一A quién engañas, todo esto es un desastre. De seguro lo hiciste tú, porque yo era feliz antes que re-llegarás a recordarme mi pasado.

    一¿Yo soy la culpable? Uy perdón por conocerme de adulta.

    一Basta de excusas. Ahora dime exactamente, ¿por qué estás aquí?

    一Porque quiero saber cómo está él.

    一¿Cómo está quién?

    一El fantasma al que le rente el cuarto.
    Ya sabes la mascota de Azul.

  25. Circulaba por la avenida cuando un auto negro se incorporó intempestivamente delante de mí. Salió del hostal de paredes guindas, como si huyera.
    Logré ver su rostro con la luminosidad de los primeros treintas y una gran sonrisa, mientras él la veía con ternura. No fue mi intención seguirlos, pero llegamos al mismo estacionamiento del centro comercial. Él la dejó junto al vehículo de ella. Lo reconocí: era una camioneta blanca con forma de huevo. Si, era la misma que tuve a mediados de los noventas. Ella movió el vehículo de lugar y se adentró a la plaza comercial. Ahora si la seguí. Se detuvo afuera de una librería, mirando por el aparador. Ahora lo recuerdo, mi pasatiempo era leer los títulos de los libros después de esos encuentros clandestinos. Había pasado por un matrimonio fallido y ese hombre despertó a la mujer que creí muerta en mí.
    — ¿Qué tal te fue?
    — ¿Disculpe?
    — Con tu galán, ¿Qué tal te fue?
    — Lo siento, no sé de qué me hablas
    — No puedes huir de ti misma — le dije y volvió a verme con extrañeza —Sí, soy tú, veinte años más vieja, pero somos la misma persona.
    — No puede ser cierto. Es una broma y de muy mal gusto
    — No te avergüences. No es malo amar y dejarse amar después una equivocación. Eres guapa aún. Y eres mujer. Tienes todo el derecho de sentir, de explotar con el hombre que amas. No te hace falta un papel.
    — ¿En qué momento de nuestra vida te encuentras?
    — En la que puedes disfrutar de un buen orgasmo sin sentir culpa, en la que reconoces que nadie vivirá tu vida por ti. En el momento en que lo más importante es vivir.
    — ¿Fue fácil?
    — No. Hubo llanto, sufrimiento y hasta deseos de morir, pero lo logramos.

  26. Inolvidable.

    Recuerdo.
    Las letras en la pantalla de su computadora resplandecían con toda la carga del deseo en la oscuridad de su habitación “Tú quieres, yo sé que sí”.
    Ahí estaba el mensaje desde hacía minutos, no se había atrevido a contestar. El jovencito quedó pensativo. Hacía tiempo que sentía aquella extraña curiosidad pero no se había atrevido a contarlo, a nadie. ¿Cómo podría estar tan seguro su contacto nuevo?
    —No se lo has contado a nadie porque a tus diecinueve no te has atrevido a nada. Todavía. También lo sé.
    Se tomó su tiempo. Un par de veces estuvo a punto de salir del programa, el dedito sobre el ratón temblaba indeciso. Apagar la compu e irse a dormir, pensó, pero algo, algo le ganó.
    —No creo que haga nada, yo sólo… estoy… viendo.
    El novedoso, años ha, messenger dejaba conocer gente que, tal vez, no deberías conocer bajo ninguna circunstancia pero aquella foto de perfil le llamaba… esa mancha de nacimiento al lado izquierdo del ombligo era tan parecida a la suya, tal vez un poco más… grande.
    —Me vas a invitar a tu casa, tus padres no están, fueron a una boda y llegarán hasta el lunes. La boda de tu prima Dora. ¿Cierto?
    Todo era cierto, le sorprendía tanto como le excitaba el hecho que su contacto supiera tanto de sus favorables circunstancias para…
    —Sé que sientes miedo, es normal, te aseguro que yo también lo sentí.
    No hay respuesta.
    —Pero sé que sientes más curiosidad por tener tu primera vez.
    Lánguidos minutos pasan hasta que el recordado mensaje es enviado y recibido.
    —¿Te tardas mucho en llegar? ¿Sabes cómo llegar?
    —Claro que recuerdo cómo llegar. No tardo nada.
    —¿Me vas a tratar bien?
    —Te prometo que nadie sabe tratarte mejor que yo, Narciso. Será inolvidable.

    1. La insinuación tremenda del final de este cuento descansa en que se conozca la historia del personaje clásico (Narciso), pero fuera de ese detalle, me parece que funciona muy bien. Sugiero indicar de manera más consistente que los parlamentos se dan a través de Messenger, de modo que no parezcan dichos en voz alta.

    2. Naturalmente que nosotros sabemos lo que más deseamos. Es interesante este encuentro fantástico de Narciso enamorado de sí mismo. El narrador omnisciente no vende el final, pero, tal vez, siento que hace falta un par de pistas más del conocimiento total que tiene el yo del futuro de ese instante. Para que pareciera más un depredador que conoce cómo acercarse a sus víctimas, así la estupenda línea final daría con más fuerza la vuelta de tuerca.

  27. Llovía.

    —¿Tienes frío?
    —Sí.
    —¿Sabes?, recordarás eso que piensas ahora, al menos creerás que significó un cambio en tu vida.
    —¿De qué habla?
    —La ventana empañada, la niña, el coche. Llovía.
    —Eso pensaba, ¿cómo lo sabe?
    —Es curioso que no recuerde esta conversación, pero lo importante es que sí ese momento, ¿por qué?
    —¿Qué?
    —¿Por qué recordarás eso?
    —No sé.
    —Porque en ese momento te diste cuenta de que no eres el único en el mundo que siente, que merece, que piensa… En ese momento pensaste en los demás. Y ese momento definió tu futuro, lo que serás.
    —Eso es tonto.
    Al terminar sus palabras olvidé qué preguntaba.
    —¿Qué te decía?
    —De una niña, la ventana, el coche… Según porque quién sabe qué del mundo, del sentir y eso.

    ***

    —¿Tienes frío?
    —Sí.
    —¿Qué piensas?
    —Nada. Me gusta la lluvia.
    —¿No piensas en algo que viste hoy, una revelación?
    —No. ¿De qué habla?
    —Sobre una niña, ¿recuerdas una niña? Hacía algo en un coche. Llovía.
    —¿De qué habla? —Miraba al suelo. Parecía alejarse.
    —Mírame.
    —¿Para qué?
    —¡Mírame! —Tomé su brazo.
    —¡Déjeme en paz!
    Recordé un hombre que una vez intentó robarme. ¿Por qué serán así? Siempre piensan nada más en sí mismos. Roban, maltratan, violan, ¿no saben que también son personas? ¿Yo?, no soy así. ¿Mis sueños?, no recuerdo a ese hombre, pero se parece a mí ahora… Es un eterno recordatorio.
    —¿No recuerdas…?
    ¡A la niña!

    ***

    —¿Tienes frío?
    —Sí —Contestó la niña. No sé cómo llegué adentro del coche, pero ahí estaba. Llovía.
    —¡Ahora! Mira, está empañada la ventana, haz un dibujo con el dedo —Comenzó. Me vi en otro coche, también dibujaba en la ventana, entonces volteé a verla. Fue sorprendente, así lo recuerdo, ver a alguien que hiciera lo mismo; de repente, todos los demás existieron.

  28. Estaba en la librería, sentado tomando un café cuando me reconocí entre la multitud. Solo me veía un poco más viejo, es todo. Nunca entendí porque nos daban lugares tan aleatorios para encontrarnos. Supongo que era para hacer algo más normal la situación.

    –Bueno, supongo que con verme ya he respondido algunas preguntas.

    –¿Cómo cuáles? –Dije molesto.

    –No nos hemos saltado la tapa de los sesos. Sabes, no siempre las contrapartes llegan a la cita. Recuerdo estar sentado ahí, lleno de dudas y vaya que nuestro otro yo del futuro habló, de cualquier manera no sirvió de nada, por ejemplo, yo te podría dar los resultados de la lotería, pero no funcionaría, el futuro es impredecible, aunque ya lo hayas vivido.

    –Si no me vas a decir nada que sea de utilidad, ¿qué sentido tiene que te encuentres aquí?

    –Cierto, pues los que no están, es obvio ¿no? Eso es importante para mí, sigues vivo, aunque claro, si cruzando esa puerta decides matarte, tampoco diría algo para evitarlo. En fin, debes vivir tu vida, si matas a alguien, es tu responsabilidad.

    –Entonces estas reuniones nunca han funcionado, por eso las permiten.

    –Depende, si quieres ser millonario, no. Sí quieres algo que te sirva, no lo busques en mí, ya he vivido mi vida, la mayoría de nosotros estamos aquí de manera milagrosa, y las cosas que pasan en tu día a día también lo son, las probabilidades son infinitas.

    Estaba harto, me levante pensando que ya era suficiente, mi contraparte me observo de manera irónica y me dijo: –Oye, si quieres algo útil, haz un poco de ejercicio, tal vez nos ganes un par de años, bueno eso ya lo sabíamos.

    1. En este relato me parece muy interesante el desencanto del viajero del tiempo. Sabe que nada va a cambiar, y ese encuentro no le servirá de nada a su yo del pasado. Y lo sabe, al parecer, desde antes de hacer el viaje. Pero, tal vez, merecería preguntarse ¿entonces, para qué hace el viaje? ¿Para qué se ve? Creo que ahondar un poco en esa pregunta haría la premisa más interesante aún.

  29. Mi (des)encuentro conmigo

    — ¡Ey! ¿Quién eres?
    — No importa.
    — ¿Qué quieres?
    — Decirte que aquí sigo, que lo que ocurrió ayer volverá a pasar, que vendrán días mejores y peores…
    — ¿Q…qué?
    — …que esa mancha es apenas el comienzo, que buscarás sin encontrar, que la verdad no te hará libre y que nunca perderás la esperanza.
    — Eeeh… ¿Eres?
    — Lo que queda de ti.

  30. En el oráculo del dios Yaraíz pude conocer que yo moriría durante la última noche del séptimo mes. El dios misericordioso me concedió un deseo:
    — ¿Qué sueño quieres para esta noche, tu última noche? —Preguntó con voz de dios.
    — Quiero soñar, recordar, la primera carcajada que tuve. —Le respondí y me garantizó que así ocurriría.
    Por la noche sucedió.
    Ahí estaba mi figura de 14 años, en la butaquita metálica de la secundaria a la que iba de niño, regordete y mofletudo jugaba a picar las tetillas de mis amigos. Todos reían, yo el que más. El barullo se detuvo cuando entró el maestro de Literatura, que también era yo, el anciano que morirá esta noche. Yo estaba frente a mí, me miraba desde el escritorio sin que el otro pudiera reconocerme.
    Comencé a escribir en la pizarra la fecha, no había terminado, cuando escuché un barrito estridente; reconocí mi sonido. Era mi risa, el mofletudo de catorce se reía de mí.
    — ¿Qué te ocurre?
    — Perdón —Me respondió con vergüenza y se cubrió la boca.
    — Tu risa es abominable, incómoda, estúpida, boba, estrafalaria —Le dije al mofletudo de catorce y se espantó. — A nadie nunca le va a gustar, pero es tu risa, ese es tu sonido. Manda a todos a la mierda si les incomoda tu risa. No dejes de reírte. Ríete de tu cara, ríete de tu madre, ríete de mí, ríete de la bandera, ríete de la muerte, ríete de la fecha…
    El silencio se escuchó, nadie dijo nada. Todos miraron al mofletudo, todos me miraron a mí. Yo sonreí, no sabía qué hacer, y él comenzó a carcajearse.
    Se río fuerte, con ese pedazo de risa tan particular que siempre me distinguió. Todos rieron con él, conmigo.
    Así es el sonido de la muerte.

    1. Me gusta mucho el humor con el que se tomó la noticia de la muerte y el hecho de que el personaje joven no necesariamente reconozca a la versión más grande, pero que de todas formas acepte el consejo de buena gana.

    2. No pude evitar reír, me pareció escuchar las carcajadas alrededor mío. Muy ameno relato, lástima del tétrico final.

  31. De reojo la miro sentada en su mesabanco azul, sus pies bailotean de vez en vez y los dedos de sus manos se entrelazan como si tuviera un round de lucha de pulgares con ella misma. Ella no me reconoce, su mirada está atenta a mis zapatos y el balanceo de mis pies.

    Estoy segura que si le pregunto que mencione los personajes del cuento no podrá contestar, pero si le digo que invente un cuento será la primera en llenar la hoja de su cuaderno con historias sobre gigantes, detectives y piratas.

    Continúo mi lectura en voz alta tratando de cautivar a un pequeño grupo de niños de primaria cuya visita de una extraña los salvó de resolver unas sumas de fracciones anotadas en el pizarrón.

    Estoy adentro de un aula pequeña y todos me miran con curiosidad. Siguen el movimiento de mis manos, me rasco arriba de la nuca, acomodo mis lentes y continúo leyendo mi libro de cuentos. Atrás de mí está la maestra sentada en su escritorio tras torre de libretas rojas mientras su crayola traza con precisa ira algún tache o garabato.

    He escuchado que las personas que deciden tomar el hábito de alguna orden religiosa lo primero que le preguntan es cuándo y cómo recibió el llamado. Lo más cercano que tuve a eso fue en este salón. Hoy he decidido regresar al año 2006 para conocer a la niña que decidió mi presente. La niña que trazó el sendero para que una treintona regrese a visitarla para leerle sus propios cuentos, los que aún no imagina.

  32. “La sensibilidad desaparece y la razón comienza a embotarse cuando se pierde la noción del tiempo y del espacio” -Gabriel García Márquez.

    …Aquellas visitas que sin justificación tratas de evitar, Llegó a presentarse decentemente conmigo un hombre de elevada edad. No le importó que fuese yo grosero y no le contestase, tampoco que simplemente afirmara o negase con pocas palabras cuando me preguntaba algo. Desviando la mirada por todos lados buscando por algo en que distraerme. Hasta que de manera decisiva y directa se detiene y me pregunta.
    -¿Y porque no me preguntas algo?, Será interesante- dijo con firmeza. -¿Acaso es por la reciente cita con ella, y no quieres pensar?- me preguntó.
    -Porque no quiero saber nada- le dije encogiendo los hombros y metiendo mis manos en mis bolsillos.
    -¡Pero claro que no lo ves aún!- exclamó gesticulando con ambas manos -en ti y en tus juegos están todas tus agonías. Pero muy interesantes si logras reflexionar- dijo.
    Después de un breve e incómodo silencio logro hablarle sarcásticamente.
    -Es de verdad muy interesante lo que me dice pero…- me interrumpe de repente tomándome del hombro -¿intentas ser mas sensible no es así?, ¿fuiste mas sensible con ella?- me pregunto a la vez que reía levemente. Pero no en manera de burla, más bien de anhelo. Aunque más me sorprendió el que tuviera razón, y sin motivo alguno le contesté con total sinceridad.
    -Así es, leí que uno es mejor persona si se logra ser más sensible. Pensaba fuese la última oportunidad de poder ser alguien mejor, amar y ser amado como mucho-.
    Sin prevenirlo, la individualidad que había establecido entre la sensibilidad y la razón se había disuelto, se apoderaba de mí una enorme confusión. Sus palabras no me habían ayudado de nada en absoluto, todo lo contrario.

  33. Las consecuencias de la noche anterior por fin se hacían latentes en su organismo, no obstante, fueron las fuertes punzadas en su cabeza lo que lo obligaron a levantarse de la cama. Abrumado frente al espejo del baño intentó rememorar sus acciones.
    —No lo recordarás—irrumpió una voz proveniente del espejo.
    —¿Quién demonios eres?
    —Soy tú.
    —Cállate, me siento fatal. No molestes ahora.
    —Sé cómo termina esto y te aseguro que nada bueno conseguirás. Hazle caso a tu psicólogo. Deja de autosabotearte.
    —Pero…,¿qué mierda dices? Yo no hago eso. Lo de anoche sólo fue una fiesta y ya. Todos tropezamos en esta vida. No es para tanto.
    —Estás ciego. No cabe duda de que un cerebro hinchado no puede llegar a la iluminación, tendrás que conformarte con la oscuridad por ahora. Anda, levántate y ve por la primera del día.
    —Hasta que eres elocuente, vocecita. Pero primero debo terminar con este dolor que me mata.
    —Busca en tu bolsillo trasero.
    El hombre trastabillando en su propio eje rascó en los bolsos de su pantalón y encontró un par de ibuprofenos.
    —¿Cómo sabías esto?
    —Ya lo sabes, soy tú. Esto yo ya lo viví. Te hablo desde la lejanía del tiempo.
    —Joder, estoy enloqueciendo. Creo recordar lo ocurrido. Angélica probablemente estará decepcionada de mí.
    —Lo está y lo estará hasta el último día de tu vida. Después de todo, tener a un padre ausente te acostumbra a la podredumbre.
    —Chingada madre, quisiera morirme ahorita mismo.
    —Lo estás haciendo, créeme.
    —¡Cierra la puta boca! —el aturdido hombre dio un testerazo al espejo. De un momento a otro todo se obnubiló por la cortina de sangre que bajó por todo su rostro. Aquella tarde, el silencio inundó los pasillos hasta que llegó Martha y halló un cuerpo ensangrentado en la bañera.

  34. ¿Cuándo fue la última vez que estuve aquí…? Hará por lo menos unos veinte años. Tantas veces que estuve de chica por estos mismos jardines, jugando en los columpios, echando novio en las bancas. Y ahora bebo un café, mientras pierdo el tiempo hasta que empiece la presentación de mi nuevo libro. Me había prometido no volver jamás a esta ciudad o, en su defecto, lo menos posible, pero aquí estoy.

    Escucho a mi lado el llanto de una muchacha.

    –¿Está bien, señorita? –digo y le ofrezco la servilleta de mi café, aunque de inmediato me siento una metiche.
    –Gracias –responde ella, sorbiéndose los mocos–, no se preocupe.

    Me reconozco en ella, pero ella parece no reconocerme. Me pregunto por qué está llorando. ¿O debería decir por qué “estoy” llorando?

    –¿Cristina…?
    –¿Me conoce…?
    –Sí… te conozco desde chiquita; es que soy amiga de tu mamá –miento para no asustarla–. ¿Estás bien? ¿Necesitas ayuda?
    –No, muchísimas gracias. Estoy bien.

    Miro que lleva un periódico arrugado debajo del brazo y una edición de “El llano en llamas”. Entonces me acuerdo de todo.

    –No quedaste en medicina, ¿verdad?

    Me mira pasmada y nuevas lágrimas brotan de sus ojos cafés. Me acerco y la abrazo despacito, ella esconde su cara en mi pecho. ¿Debería decirle algo o dejarla llorar a gusto?

    –Ya me tengo que ir, disculpe… oiga, no le diga a mi mamá, por favor, quiero contarle yo misma.
    –No te preocupes… me saludas a tu mami.
    –¿De parte de quién?
    –De Cristina, así como tú.

    Antes de dormir, ya en otra ciudad, me asalta la duda. Voy al librero y tomo mi vieja edición de “El llano”… entre sus páginas hay una servilleta amarillenta y con manchas de café.

    1. Un detalle menor que podría mencionarse es que no hay necesidad de agrupar las diferentes porciones del texto como se ven agrupadas, pero es posible que eso haya ocurrido debido al editor de texto. En todo caso, lo importante es que esta versión del encuentro está muy bien ejecutada y resuelta empleando una lógica interna impecable. Muy bien.

  35. “La sensibilidad desaparece y la razón comienza a embotarse cuando se pierde la noción del tiempo y del espacio” -Gabriel García Márquez.

    …Aquellas visitas que sin justificación tratas de evitar, Llegó a presentarse decentemente conmigo un hombre de elevada edad. No le importó que fuese yo grosero y no le contestase, tampoco que simplemente afirmara o negase con pocas palabras cuando me preguntaba algo. Desviando la mirada por todos lados buscando por algo en que distraerme. Hasta que de manera decisiva y directa se detiene y me pregunta.

    -¿Y porque no me preguntas algo?, Será interesante- dijo con firmeza. -¿Acaso es por la reciente cita con ella, y no quieres pensar?- me preguntó.

    -Porque no quiero saber nada- le dije encogiendo los hombros y metiendo mis manos en mis bolsillos.

    -¡Pero claro que no lo ves aún!- exclamó gesticulando con ambas manos -en ti y en tus juegos están todas tus agonías. Pero muy interesantes si logras reflexionar- dijo.
    Después de un breve e incómodo silencio logro hablarle sarcásticamente.

    -Es de verdad muy interesante lo que me dice pero…- me interrumpe de repente tomándome del hombro -¿intentas ser mas sensible no es así?, ¿fuiste mas sensible con ella?- me pregunto a la vez que reía levemente. Pero no en manera de burla, más bien de anhelo. Aunque más me sorprendió el que tuviera razón, y sin motivo alguno le contesté con total sinceridad.

    -Así es, leí que uno es mejor persona si se logra ser más sensible. Pensaba fuese la última oportunidad de poder ser alguien mejor, amar y ser amado como mucho-.

    Sin prevenirlo, la individualidad que había establecido entre la sensibilidad y la razón se había disuelto, se apoderaba de mí una enorme confusión. Sus palabras no me habían ayudado de nada en absoluto, todo lo contrario.

  36. Estaba en la librería, sentado tomando un café cuando me reconocí entre la multitud. Solo me veía un poco mas viejo, es todo. Nunca entendí porque nos daban lugares tan aleatorios para encontrarnos. Supongo que era para hacer algo mas normal la situación.

    –Bueno, supongo que con verme ya he respondido algunas preguntas.

    –¿Cómo cuales? –Dije molesto.

    –No nos hemos saltado la tapa de los sesos. Sabes, no siempre las contrapartes llegan a la cita. Recuerdo estar sentado ahí lleno de dudas, y vaya que nuestro otro yo del futuro habló, de cualquier manera, no sirvió de nada, por ejemplo, yo te podría dar los resultados de la lotería, pero no funcionaria, el futuro es impredecible, aunque ya lo hayas vivido.

    –Si no me vas a decir nada que sea de utilidad, ¿qué sentido tiene que te encuentres aquí?

    –Cierto, pues los que no están, es obvio ¿no? Eso es importante para mi, sigues vivo, aunque claro, si cruzando esa puerta decides matarte, tampoco diría algo para evitarlo. En fin, debes vivir tu vida, si matas a alguien, es tu responsabilidad.

    –Entonces estas reuniones nunca han funcionado, por eso las permiten.

    –Depende, si quieres ser millonario, no. Si deseas encontrar algo que te sirva, no lo busques en mi, ya he vivido m vida, la mayoría de nosotros estamos aquí de manera milagrosa, y las cosas que pasan en tu día a día también lo son, las probabilidades son infinitas.

    Estaba harto, me levante pensando en que ya era suficiente, mi contraparte me observo de manera risueña y me dijo: –Oye, si quieres algo útil, haz un poco de ejercicio, tal vez nos ganes un par de años, bueno, eso ya lo sabíamos.

  37. El baño
    (En escena una niña sentada en la tina del baño llorando. Entra una mujer).

    Mujer: Shhh, no grites, tranquila. (Cubre con su mano la boca de la niña). Soy de confianza, yo sé por qué estás aquí. (Pausa). Eso, así, tranquila, sé lo que viste allá afuera. Puedes confiar en mí.

    Niña: Esos perritos estaban solos, acaban de nacer y no tienen a su mamá. (Vuelve a llorar).

    Mujer: Lo sé, sé exactamente lo que sientes y temo decirte que no serán los únicos perros abandonados que veas en la calle, verás muchos más y también verás niños y niñas y… cosas peores.

    Niña: ¿Quién eres tú?

    Mujer: Ahora eso no importa. Estoy aquí para decirte que no debes esconderte en el baño cada vez que lloras.

    Niña: Pero las personas dicen que exagero, que…

    Niña y Mujer: … llorar es de débiles y debo mostrarme fuerte…

    Mujer: …para que nadie se aproveche de mí.
    (Pausa).

    Niña: Siento feo.

    Mujer: Duele, pero aprenderás a manejar el dolor.

    Niña: ¿Tú ya sabes cómo?

    Mujer: No, por eso vine, para recordármelo. Eres muy valiente. Seguro que la vida dolerá mucho más, las lágrimas siempre te acompañarán, pero eso es de valientes, ¿sabes? (Coloca la palma de su mano en el pecho de la niña). Esto que tienes es muy valioso, no hay por qué esconderlo, sólo debes cuidarlo.
    (La mujer abraza a la niña y no puede evitar llorar, luego se levanta).

    Niña: ¿A dónde vas? ¿Cuándo te volveré a ver?

    Mujer: Cada mañana descubrirás otro pedacito de mí.

  38. Y allí estaba yo, platicando enfrente de un espejo con mi reflejo. Podía ver perfectamente al “yo” del pasado en aquel espejo, era tan parecido a mi y a la vez tan diferente. Tenía en sus ojos el color de la tristeza y el miedo a desaparecer que alguna vez hubo en los míos, podía percibir la soledad que lo acompañaba en todo momento. No sabía que hacer, no nos habíamos visto desde hacia mucho tiempo, comparándonos pareciera que hubiese cambiado en un parpadeo.
    Mi reflejo se acercó al espejo, me saludo y dijo—Hola—con la amabilidad que me caracteriza.
    Dudé un poco pero le devolví el saludo, nunca me había saludado a mi mismo. Mi reflejo me dijo que desde hace mucho tiempo veía que no tenía crisis de nervios, que ya no me lamentaba por el pasado, también me confesó que se ha sentido solo desde que me la paso fuera de casa todo el día.
    —¿Acaso ya olvidaste que de todas formas te vas a morir?—me preguntó—¿para que vivir una vida si de todas formas vas a desaparecer?, es mejor no hacer nada—añadió
    No me inmuté ante su comentario, mi reflejo pensaba que seguía conservando los miedos del pasado y peor aún creía que seguía siendo como el.
    —¿Tienes miedo?—le pregunté
    —¿A qué?
    —A desaparecer, tienes miedo de que yo te olvide. Algo que entendí es que queramos o no vamos a desaparecer, no debemos tener miedo de ello, la vida y la muerte no se oponen sino que forman parte de un mismo ciclo. Lo queramos o no somos seres efímeros y tarde o temprano desapareceré y tú conmigo—le dije
    —No quiero morir—contestó mientras se dibujaba en su rostro una cara de desesperación
    —Tranquilo, nadie quiere hacerlo

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